Perú se enfrenta a una encrucijada crítica, inmerso en un proceso electoral que ha revelado profundas fracturas y una polarización palpable. En este escenario, monseñor Javier del Río Alba, arzobispo metropolitano de Arequipa, ha lanzado un vehemente llamado a la oración y a la unidad nacional. El prelado ha exhortado a los fieles y a la sociedad peruana en general a volcar su fe en el Sagrado Corazón de Jesús, buscando en esta devoción una fuente de misericordia y orientación para superar el delicado momento que atraviesa el país.
La exhortación del arzobispo Del Río Alba se produce en un contexto de aguda incertidumbre política. La segunda vuelta presidencial, celebrada recientemente el 7 de junio, ha dejado al país en vilo con un resultado extremadamente ajustado que ha exacerbado las tensiones. Los datos del conteo oficial, con más del 98% de las actas procesadas, mostraban a Keiko Fujimori ligeramente por encima con el 50.012% de los votos, frente al 49.988% de Roberto Sánchez. Esta ínfima diferencia, de apenas 4,519 votos sobre más de 18 millones de sufragios, no solo subraya la división entre dos visiones de país, sino que también ha prolongado una espera angustiante por la proclamación oficial del ganador, alimentando un clima de desconfianza y confrontación. La nación, ya marcada por años de inestabilidad política y social, se ve confrontada ahora con la necesidad urgente de hallar caminos hacia la reconciliación y el consenso.
En un artículo fechado el 13 de junio y titulado “El Corazón de Jesús y el Perú de hoy”, monseñor Del Río Alba ha resaltado la relevancia de esta devoción milenaria como un faro de esperanza. Recordó que, a lo largo de la historia de la Iglesia, innumerables personas han recurrido al Sagrado Corazón en momentos de gran calamidad o profunda tribulación, buscando la intercesión divina y la gracia necesaria para afrontar tiempos difíciles. “Nuestro querido Perú”, afirmó el prelado, “está atravesando desde hace ya demasiados años uno de los tiempos más difíciles de su vida republicana”. Esta observación no solo se refiere al actual escenario electoral, sino que abarca las sucesivas crisis políticas, económicas y sociales que han afectado a la nación sudamericana en las últimas décadas, erosionando la confianza en sus instituciones y fragmentando el tejido social.
El arzobispo Del Río Alba fue enfático al describir la gravedad de la situación, agudizada por el proceso electoral. “Como lo viene demostrando el actual proceso electoral, nuestro querido Perú está fracturado y polarizado. Seguir así sería condenar a nuestra patria a un terrible fracaso”, advirtió. Su llamado trasciende la mera oración, instando a una transformación activa del espíritu individual y colectivo. Exhortó a los peruanos a dejarse “colmar por el amor de Dios” y, bajo su guía, a trabajar unidos por el bien común de la nación. Esta visión implica superar las divisiones partidistas y personales en aras de un objetivo superior: la prosperidad y la paz de todo el pueblo peruano, fomentando un genuino espíritu de comunidad.
Monseñor Del Río no concibe la devoción al Sagrado Corazón como un mero acto ritualista o superficial. Por el contrario, la concibe como un acto de fe profundo y transformador. Animó a los fieles a “contemplar el Corazón de Jesús, abierto por la lanza de nuestros pecados”, no como un ejercicio vacío, sino como una profunda meditación sobre el amor divino. En esta contemplación, se invita a cada persona a reconocer su propia capacidad de amar con un “amor divino”, es decir, un amor incondicional, sacrificado y universal, que trascienda las limitaciones y egoísmos humanos. Esta dimensión de la fe sugiere que la superación de la polarización requiere no solo de mecanismos políticos, sino de una profunda renovación espiritual que fomente la compasión y la solidaridad.
Para reforzar su mensaje, el arzobispo de Arequipa hizo referencia a la encíclica *Caritas in veritate* de Benedicto XVI, publicada en 2009. Este documento crucial de la doctrina social de la Iglesia enfatiza la intrínseca conexión entre la caridad (el amor cristiano) y la verdad, aplicándolas a los retos del desarrollo humano integral en la era global. Al citar al Pontífice emérito Benedicto XVI, monseñor Del Río subraya que el amor cristiano no debe confinarse al ámbito privado o devocional, sino que debe “expresarse también en las relaciones sociales, económicas y políticas”. Esto significa que la ética del amor y la fraternidad es indispensable para construir una sociedad justa, equitativa y pacífica, incluso en los ámbitos más complejos de la gobernanza y la economía. La encíclica del Pontífice emérito, por tanto, ofrece un marco teológico robusto para la propuesta del arzobispo: la imperante necesidad de que el amor actúe como motor transformador en la esfera pública peruana, promoviendo la colaboración sobre la confrontación.
Finalizando su emotivo llamado, monseñor Del Río Alba invitó a todos a elevar “la mirada al Corazón abierto de Jesús en la Cruz”. En este gesto de fe, propuso una oración sencilla pero profunda, que resume la esencia de su mensaje: “Sagrado Corazón de Jesús, dame un corazón semejante al tuyo”. Esta plegaria encapsula el deseo de que la nación peruana, y cada uno de sus ciudadanos, puedan adoptar una actitud de amor incondicional, compasión y unidad, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. Es un ruego por la sanación de las heridas nacionales y por la guía divina para forjar un futuro de reconciliación y bien común para el Perú.








