El Papa León XIV presidió la solemne Misa de exequias por el cardenal italiano Camillo Ruini el pasado 18 de junio de 2026, en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano. Durante una emotiva homilía, el Pontífice rindió homenaje al purpurado, recordándolo como un incansable servidor de la Iglesia que “supo cómo guiar al pueblo de Dios” con sabiduría y dedicación.
Las exequias se celebraron dos días después del fallecimiento del cardenal Ruini, ocurrido en la noche del martes 16 de junio. La liturgia congregó a numerosos cardenales, arzobispos y obispos, quienes se unieron para despedir a una de las figuras más influyentes del catolicismo en Italia de las últimas décadas, un testimonio de su extenso y respetado ministerio.
En su sermón, el Papa León XIV subrayó la vida de servicio del cardenal, quien “durante muchos años sirvió a la Iglesia, desempeñando con la misma dedicación tanto las tareas más humildes como las de mayor responsabilidad que el Señor quiso encomendarle”. León enfatizó que la trayectoria eclesial de Ruini estuvo marcada por iniciativas que “dejaron una profunda huella en el camino de la comunidad eclesial y también en la sociedad civil”, consolidando su papel como un líder visionario y pragmático.
Entre los logros y contribuciones más destacados del cardenal, el Santo Padre mencionó específicamente el “Proyecto Cultural” de Ruini. Esta iniciativa fue clave para promover la participación activa de los católicos no solo en la vida religiosa, sino también en los ámbitos civil y político de Italia, buscando una presencia significativa y dialogante de la fe en el espacio público. Asimismo, el Papa destacó su rol fundamental en el sínodo diocesano de Roma y en su posterior implementación, un proceso que revitalizó la vida de la diócesis y fortaleció el tejido eclesial de la capital italiana. El Pontífice también valoró su “presencia activa y dialogante en los diversos ámbitos de la vida de la Iglesia, así como del mundo secular y la sociedad”, mostrando una capacidad única para tender puentes y fomentar el entendimiento.
Reflexionando sobre las lecturas proclamadas durante la liturgia, León XIV se detuvo en las palabras de San Pablo, que proclaman la inseparabilidad del amor de Dios: “Ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni el presente, ni el futuro, ni las potestades, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios”. Según el Papa, esta profunda verdad fue la que “también animó al cardenal Ruini en su ministerio”, siendo el fundamento inquebrantable de su fe y servicio.
El Papa afirmó con convicción que “el amor de Dios es fiel”. Explicó que “nada puede vencerlo ni separarnos de Él, porque es su don, proviene de Él y se derrama sobre nosotros más allá de todo mérito nuestro”, una expresión de la gracia divina que el cardenal encarnó a lo largo de su vida.
El Santo Padre también compartió un pasaje del testamento espiritual del cardenal Ruini, en el que el purpurado, con humildad y gratitud, se refirió a las numerosas personas de quienes recibió el bien, escribiendo: “De ellos no recibí menos de lo que intenté dar”. León XIV invitó a los presentes a emular esta actitud, señalando: “Creo que estas son palabras que también pueden ayudarnos a vivir nuestras responsabilidades y nuestras diversas formas de servicio con la misma humildad y la misma confianza en Dios”.
Posteriormente, el Papa se refirió a otro fragmento litúrgico del día, tomado del Evangelio de San Juan: “Padre, deseo que aquellos que me has dado estén conmigo donde yo estoy”. En estas palabras, el Papa León XIV percibió el resumen de un verdadero programa de vida: “La dirección y el propósito último de una vida dedicada al bien de los hermanos y hermanas, vivida en la búsqueda constante de los designios de Dios para la propia salvación y la de ellos”.
Citando nuevamente el testamento espiritual del cardenal Ruini, el Papa recordó las palabras del purpurado que manifestaban su compromiso y rectitud: “Espero, Señor, haber actuado no por intereses personales, sino por los objetivos que me fueron confiados y que compartí de corazón”. Este pasaje resaltó la integridad con la que Ruini desempeñó sus funciones, siempre priorizando el bien de la Iglesia y la comunidad.
La homilía de León XIV estuvo igualmente marcada por referencias a los pontífices a quienes el cardenal Ruini sirvió, incluyendo a San Pablo VI y, de manera especial, a San Juan Pablo II. En ellos, como el propio purpurado escribió en su testamento espiritual, el cardenal “experimentó” la presencia del Señor, evidenciando una profunda conexión y lealtad con el magisterio y la guía de sus predecesores.
Al concluir su intervención, el Papa reflexionó sobre el lema episcopal que el cardenal Ruini eligió al ser nombrado obispo: “La verdad nos hará libres”. Según León XIV, estas palabras “resumen la profunda comprensión de la persona y de la libertad que Cristo nos ha revelado y que la Iglesia enseña: fuimos creados para la verdad y para el bien, y solo en esto encontramos la unidad, la paz y la plena realización, tanto en la vida terrenal como en la eterna”.
La vida del cardenal Ruini, tal como la presentó el Papa León XIV, emerge como un faro de fe y servicio. “En su forma de vivir y de dejar este mundo”, concluyó el Pontífice, “podemos percibir un signo de la fortaleza y la solidez con que una persona crece y madura cuando encuentra en la verdad que proviene de Dios el centro y el fundamento de su existencia”. Su legado perdurará como inspiración para la Iglesia en Italia y en el mundo.








