19 junio, 2026

En medio de un ambiente de creciente temor y silencio, la parroquia San Francisco de Asís, ubicada en la diócesis de Estelí, Nicaragua, ha sido blanco de una serie de robos sacrílegos en los últimos días. El párroco, P. Sixto Muñoz, hizo pública su denuncia, esperando que las autoridades investiguen los hechos y logren identificar a los responsables de estos ataques que, según expertos, reflejan la profunda persecución que enfrenta la Iglesia católica en el país.

Los incidentes, ocurridos el pasado 13 de junio y en la madrugada del 16 de junio, incluyeron la sustracción de una imagen del Divino Niño, que posteriormente fue hallada destrozada cerca del templo, conocido también como la Ermita del Rosario. Los perpetradores ingresaron por la sacristía y se llevaron también mobiliario, como mesas, y diversos instrumentos musicales y otros enseres de la bodega parroquial. El P. Muñoz ha interpuesto la denuncia formal ante las autoridades, expresando su confianza en obtener “un resultado positivo” de las pesquisas.

La valentía del sacerdote al denunciar estos actos contrasta con la tendencia generalizada en Nicaragua. Martha Patricia Molina, investigadora y autora del estudio “Nicaragua: Una Iglesia perseguida”, destacó el pasado 19 de junio el “ambiente de silencio y miedo” que prevalece en la nación centroamericana. Según Molina, obispos, sacerdotes y laicos frecuentemente optan por no denunciar las arbitrariedades por temor a las represalias que suelen provenir directamente del régimen.

El estudio de Molina ha documentado un descenso notable en el registro público de agresiones denunciadas en los medios durante el primer semestre del año, pero subraya que esto no indica una disminución de la persecución, sino más bien una consecuencia del miedo y la prudencia de la comunidad eclesiástica. Esta situación es un reflejo de la brutal y sistemática persecución emprendida por la dictadura de Daniel Ortega y su esposa y copresidenta Rosario Murillo contra la Iglesia católica, una escalada que se ha agudizado desde las protestas sociales de 2018.

**El contexto de la Diócesis de Estelí y el impacto en sus líderes**

La Diócesis de Estelí, una de las afectadas por esta represión, se encuentra en una situación particularmente vulnerable desde julio de 2021, cuando quedó en sede vacante tras la renuncia de su entonces obispo, Mons. Juan Abelardo Mata Guevara, al cumplir la edad canónica de 75 años. Fue el Papa Francisco quien, al aceptar la renuncia de Mata, nombró como Administrador Apostólico de Estelí a Mons. Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa.

Mons. Álvarez rápidamente se convirtió en una figura emblemática de la resistencia de la Iglesia católica nicaragüense frente a la dictadura. Sus críticas frontales al régimen de Ortega y Murillo le valieron un prolongado asedio y persecución. En febrero de 2023, en un proceso judicial cargado de irregularidades, fue injustamente condenado a 26 años y 4 meses de prisión, acusado de ser “traidor a la patria”.

La represión contra el clero nicaragüense alcanzó otro punto crítico en enero de 2024, cuando Mons. Álvarez fue deportado a Roma, junto a Mons. Isidoro Mora, obispo de Siuna, y un grupo significativo de sacerdotes y seminaristas. A pesar de la adversidad, el prelado concedió una entrevista a EWTN Noticias en febrero de este año desde Roma, donde afirmó que la oración fue su principal sustento y que siempre mantuvo la fe en su liberación. Unos meses antes, en noviembre de 2025, Mons. Álvarez tuvo un significativo encuentro con el Papa León XIV en el Vaticano, un gesto que subraya la preocupación de la Santa Sede por la situación en Nicaragua.

Entre las numerosas acciones represivas del régimen contra la Iglesia se cuenta la prohibición de ordenación de nuevos sacerdotes en las diócesis que actualmente no tienen obispo titular. Esta medida afecta directamente a las diócesis de Estelí, Matagalpa, Siuna y Jinotega, exacerbando la ya difícil situación pastoral y debilitando aún más la estructura eclesiástica en el país.

Los robos en la parroquia San Francisco de Asís de Estelí no son incidentes aislados, sino que se inscriben en un patrón más amplio de persecución que busca amedrentar a la Iglesia católica y silenciar su voz profética en Nicaragua. La comunidad espera que la denuncia del P. Sixto Muñoz no solo sirva para encontrar a los responsables de estos actos sacrílegos, sino también para llamar la atención internacional sobre la constante violación de la libertad religiosa y los derechos humanos en el país centroamericano.

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