En un vibrante mensaje dominical desde la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV hizo un llamado enérgico a los fieles para que asuman con valentía la tarea de evangelizar, extendiendo el mensaje de Jesús incluso a aquellos entornos donde su valor intrínseco “no es comprendido ni es aceptado”. Durante el tradicional rezo del Ángelus este domingo 31 de mayo, el Pontífice articuló una visión de la fe como una fuerza transformadora, capaz de iluminar los rincones más desafiantes de la sociedad contemporánea.
El Santo Padre instó a la comunidad cristiana a cultivar una “fe sólida y consciente”, fundamental para convertirse en “apóstoles creíbles y libres”. Estas figuras, según León, deben ser hombres y mujeres cuya vida refleje auténticamente la luz del Evangelio en todos los ámbitos, sin importar las resistencias o la incomprensión que puedan encontrar. Subrayó la imperiosa necesidad de ofrecer testimonio, persistiendo allí donde los principios evangélicos son recibidos con escepticismo o rechazo. Este testimonio, afirmó el Papa León XIV, no es una mera transmisión de ideas, sino la manifestación viva de un encuentro personal con Cristo.
El Papa reflexionó sobre el pasaje del Evangelio de la liturgia dominical, en el que Jesús envía a sus discípulos a la misión con una directriz clara: “Lo que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde la azotea”. Al desglosar estas palabras, el Pontífice enfatizó la profunda conexión entre la experiencia espiritual íntima y la proclamación pública del Evangelio. La voz que resuena “al oído”, en el secreto del corazón, es la misma que los creyentes están llamados a compartir con todos. Esta dinámica, explicó el Papa León, recuerda que el anuncio de la Buena Nueva es, ante todo, compartir un encuentro personal e irrepetible con Jesús.
Continuando con su alocución, el Santo Padre explicó que el evangelista San Mateo, autor de este inspirador pasaje, escribía para comunidades que enfrentaban circunstancias difíciles. Eran tiempos de hostilidad y persecución, un eco de lo que, lamentablemente, muchos cristianos viven hoy en día en diversas partes del mundo. La tentación de ceder al desánimo o al miedo era entonces, como ahora, una amenaza constante. “Tanto hoy como ayer”, afirmó el Papa León, “es difícil permanecer fieles a las enseñanzas de Jesús y anunciar su Palabra: responder al odio con el amor, a la prepotencia con la mansedumbre, al desánimo con la perseverancia”. Estas palabras resonaron con especial fuerza, invitando a una profunda introspección sobre los desafíos de la fe en un mundo a menudo fragmentado y conflictivo.
Para superar estas adversidades, León XIV destacó la importancia vital de “profundizar en las raíces de nuestra fe y de nuestra misión en una relación intensa con Él”. En este punto, el Pontífice hizo referencia a una de las exhortaciones apostólicas más influyentes de la última década, *Evangelii gaudium*, del Papa Francisco, documento que también enfatiza la alegría de la evangelización y la centralidad de un encuentro vivo con Cristo. Esta cita subrayó la continuidad en el magisterio de la Iglesia sobre la esencialidad de la vida espiritual personal como motor de la misión. “La fuerza del apostolado, más allá de las técnicas y los instrumentos, se basa en la obra del Espíritu Santo en nosotros y en la autenticidad de nuestra respuesta”, sostuvo el Papa, reforzando la idea de que la verdadera eficacia de la evangelización emana de una fe genuina y de la acción divina.
Abordando la dimensión contemplativa, el Papa León evocó la figura de Santo Tomás de Aquino, quien en su monumental obra *Summa Theologiae* describía la predicación como la transmisión a otros de aquello que se ha contemplado. No obstante, el Pontífice se apresuró a advertir contra una interpretación restrictiva del término “contemplar”. No debe entenderse, explicó, como una experiencia exclusiva, reservada únicamente a algunos santos, a monjes o a ermitaños. Al contrario, la contemplación es una posibilidad y una vocación para todos los fieles.
“Todos podemos hacerlo”, afirmó el Papa León XIV con énfasis, “esforzándonos por dedicar, entre los compromisos de cada día, momentos de quietud para permanecer en silencio ante Dios, escuchar su voz, encomendarle nuestras alegrías y nuestras preocupaciones, y revisar con Él nuestra vida”. Este llamado a la interioridad y al diálogo con lo trascendente es un pilar fundamental para nutrir la fe y fortalecer la capacidad de los cristianos para ser luz y testimonio en el mundo. La quietud y el silencio, lejos de ser un escape, se presentan como fuentes de fortaleza y claridad para afrontar el desafío de llevar el Evangelio a todos los rincones, incluso aquellos que aún no lo comprenden o aceptan.
El mensaje del Papa León, pronunciado con la autoridad de la Cátedra de Pedro, resonó como una invitación a la acción y a la reflexión profunda. Subrayó la necesidad de una fe activa y consciente, enraizada en la relación personal con Cristo, y una misión evangelizadora que, lejos de amedrentarse ante la adversidad, encuentra en ella una razón más para proclamar la perenne luz del Evangelio.








