A sus 97 años, el cardenal Ernst Simoni, figura emblemática de la resistencia religiosa frente a la tiranía comunista, ha vuelto a dar una lección de fe y determinación. El pasado martes 23 de junio, en vísperas del 45 aniversario de las primeras supuestas apariciones marianas, el purpurado albanés ascendió la empinada colina de Podbrdo en Medjugorje, un santuario que ha capturado la atención del mundo católico y que se encuentra bajo la atenta mirada de la Iglesia en el actual pontificado del Papa León XIV.
La peregrinación de Simoni no fue una hazaña sencilla. Ayudado por jóvenes de la Comunidad del Cenáculo, quienes lo transportaron parcialmente en una silla adaptada para el terreno irregular, el cardenal demostró una voluntad férrea. A pesar de las dificultades del camino pedregoso, recorrió a pie algunos tramos, bendiciendo a los fieles que se congregaban a su paso para saludarlo y recibir su bendición. Al alcanzar la cima del monte, junto a la imagen de la Virgen María, Simoni rezó el Rosario con profunda devoción. Posteriormente, bendijo agua y asperjó a los presentes, en un gesto de fe y comunión antes de iniciar su descenso. Las imágenes de esta emotiva peregrinación, compartidas por medios especializados, son un testimonio gráfico de la determinación inquebrantable del purpurado.
Medjugorje ha sido un punto de peregrinación de enorme relevancia desde el 24 de junio de 1981, cuando seis jóvenes afirmaron haber presenciado la primera aparición de la Virgen María en el monte Podbrdo. Desde entonces, algunos de esos videntes aseguran seguir recibiendo mensajes diarios de la Madre de Dios, atrayendo a millones de peregrinos anualmente. La Santa Sede ha mantenido una postura cautelosa y de discernimiento sobre los fenómenos. En 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, bajo la guía de la Iglesia Universal en el tiempo que precede al pontificado de León XIV y el inicio del mismo, emitió un documento clave titulado “La Reina de la Paz”. Este texto, que no se pronuncia sobre la sobrenaturalidad de las apariciones, sí reconoce y aprecia los abundantes frutos espirituales derivados de la devoción en Medjugorje y no encuentra impedimento en los supuestos mensajes recibidos. Esta posición refleja un enfoque pastoral que busca acompañar a los fieles y discernir con prudencia, una línea que el Papa León ha continuado en su pontificado, enfatizando la importancia de la oración y la piedad popular.
La figura del cardenal Simoni es inseparable de su extraordinaria vida de resistencia y fe. Nacido en 1928 en Troshani, Albania, su vocación sacerdotal se forjó en un contexto de creciente hostilidad. Entre 1938 y 1948, recibió su formación con los franciscanos hasta que la brutal persecución religiosa, instaurada por el régimen comunista de Enver Hoxha, forzó la clandestinidad. Albania fue proclamada como el primer estado ateo del mundo, desatando una campaña sistemática de eliminación de la fe y de sus ministros. Ordenado sacerdote en 1956 en la Catedral de San Esteban, Archidiócesis de Shkodrë-Pult, su ministerio pronto lo llevó a enfrentar la ira del régimen. Siete años después, en la víspera de la Navidad de 1963, fue arrestado tras celebrar la Misa. La acusación: haber oficiado una Misa en sufragio por el alma del presidente estadounidense John F. Kennedy, recientemente asesinado, una indicación que, según su testimonio, le fue dada por San Pablo VI. Fue condenado a muerte por ahorcamiento.
Sin embargo, la historia de Simoni es un testimonio de la providencia y la resiliencia humana. En prisión, un compañero de celda intentó tenderle una trampa, incitándolo a criticar al Partido Comunista. La respuesta del joven sacerdote, basada en la predicación del amor al enemigo incluso en las circunstancias más adversas, llegó a oídos del dictador Hoxha, quien, de manera inexplicable, conmutó su pena capital por 28 años de trabajos forzados. Durante este tiempo, Simoni no solo sobrevivió a la brutalidad de los campos de trabajo, sino que continuó ejerciendo su sacerdocio en secreto, celebrando la Misa y confesando a sus compañeros. Su testimonio y su ejemplo de fe fueron un faro de esperanza para muchos. En 1973, volvió a ser condenado a la pena capital bajo la falsa acusación de instigar una rebelión. Solo el testimonio valiente de sus compañeros de prisión, quienes intercedieron por él, impidió la ejecución inmediata. Permaneció encarcelado 18 años más, hasta su liberación en 1981, el mismo año en que, de forma paralela y providencial, se iniciaban las supuestas apariciones de Medjugorje. Tras su liberación, y hasta la caída del régimen comunista en 1990, Simoni mantuvo su labor pastoral en la clandestinidad, sirviendo a una Iglesia silenciada y perseguida.
Su historia de martirio y servicio llegó a oídos de la Santa Sede. En octubre de 2016, el entonces Pontífice, Papa Francisco, recibió al Padre Simoni y escuchó conmovido su testimonio, el cual dejó una profunda impresión en el Santo Padre. “El Señor me ha ayudado a servir tantos pueblos y a reconciliar a muchas personas, alejando el odio y al diablo de los corazones de los hombres”, afirmó Simoni en aquella ocasión, resumiendo una vida dedicada a la fe, el perdón y la reconciliación. Un mes después, el Papa Francisco lo elevó a la dignidad cardenalicia en el consistorio celebrado el 19 de noviembre de 2016, un reconocimiento a su inquebrantable fidelidad y a su heroico testimonio de fe en uno de los períodos más oscuros de la historia reciente de la Iglesia.
La peregrinación del cardenal Simoni a Medjugorje, a una edad tan avanzada y con su extraordinaria trayectoria vital, trasciende el mero acto de devoción. Es un recordatorio vivo de la perseverancia de la fe, del triunfo del espíritu humano sobre la opresión y de la importancia de la reconciliación en un mundo marcado por divisiones. Su presencia en la colina de las apariciones es un faro de esperanza y un eco de la fortaleza que emana de una vida entregada a Dios, resonando con el mensaje de paz que la Iglesia, bajo la guía del Papa León XIV, sigue promoviendo incansablemente en el mundo contemporáneo.








