27 junio, 2026

Madrid, España – La aprobación de una reforma legal en el Congreso de los Diputados de España, destinada a incorporar al Código Penal las denominadas “terapias de conversión”, ha generado una fuerte reacción en la Iglesia Católica. Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante, ha calificado esta medida como una “persecución” contra los católicos con inclinaciones homosexuales que buscan ayuda para vivir en castidad conforme a su fe.

El prelado expresó su profunda preocupación en su programa “Sexto Continente” de Radio María España, donde abordó la reciente modificación legislativa. Según el obispo Munilla, las actividades que la ley busca penalizar bajo el término de “terapias de conversión” son, en realidad, un “constructo ideológico” ideado por un “lobby anticristiano”. Su objetivo, argumenta, sería impedir el acompañamiento espiritual de aquellas personas con inclinaciones homosexuales que, en ejercicio de su libertad de conciencia, desean vivir la castidad y solicitan el apoyo de la Iglesia.

La propuesta legislativa, que aún debe ser remitida al Senado para su aprobación definitiva, contempla incluir estos programas de acompañamiento dentro del Título VII del Código Penal, que aborda “las torturas y otros delitos contra la integridad moral”. Esta clasificación es precisamente lo que el obispo Munilla considera una distorsión grave de la realidad y una amenaza directa a la libertad religiosa y de conciencia.

El nuevo artículo que se propone añadir al Código Penal establece penas de prisión de seis meses a dos años y multas de hasta 24 meses para quien “aplique o practique sobre una persona, aun con su consentimiento o el de su representante legal, actos, métodos, programas, técnicas o procedimientos de aversión o conversión, ya sean psicológicos, físicos, farmacológicos o de cualquier otra naturaleza, destinados a modificar, reprimir, eliminar o negar su orientación sexual, su identidad sexual o su expresión de género, con afectación de su integridad corporal o su salud física o mental o con menoscabo grave de su integridad moral”. Además, la normativa prevé penas accesorias de inhabilitación profesional, lo que podría tener un impacto directo en el trabajo de sacerdotes, consejeros o líderes espirituales que ofrezcan esta guía.

Para monseñor Munilla, esta norma va más allá de la protección de derechos y se adentra en el terreno de la imposición ideológica. “Es una persecución religiosa”, afirmó categóricamente, explicando que el trasfondo de la legislación es forzar a los homosexuales católicos a “ser católicos disidentes del magisterio de la Iglesia”. En su visión, se persigue a quienes buscan vivir fielmente su fe, impidiéndoles acceder al acompañamiento necesario para mantener la castidad, una virtud central en la enseñanza católica sobre la sexualidad. “Si quiere vivir en castidad y pide ayuda para vivir en castidad, se le persigue. Estamos locos”, enfatizó el obispo de Orihuela-Alicante, subrayando la paradoja que, a su juicio, representa la ley en una sociedad que se proclama defensora de la libertad.

El prelado insistió en que esta medida constituye una “demostración palmaria de que no creen en la libertad de la que tanto alardean”. Ante la inminente aplicación de la ley, Monseñor Munilla reafirmó la postura de la Iglesia: “Nosotros tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres. No vamos a dejar de acompañar a las personas homosexuales que piden el acompañamiento de la Iglesia para poder vivir en castidad”. Esta declaración subraya la determinación de mantener la misión pastoral, incluso frente a posibles sanciones legales, invocando el principio de objeción de conciencia religiosa.

Más allá de la presión externa ejercida por el poder legislativo, Monseñor Munilla manifestó una preocupación adicional: la situación interna de la propia Iglesia. Señaló que su mayor inquietud reside en asegurar la “unidad y comunión en torno a la fe y a la moral” dentro de las estructuras eclesiales. “Lo peor es que en el seno de la Iglesia existen muchos ámbitos en los que tenemos miedo, nos ponemos de perfil o incluso negamos explícitamente la fe católica con respecto a la vivencia de la sexualidad”, lamentó.

El obispo alertó sobre una “infiltración del lobby LGTB” en diversos sectores de la Iglesia, una situación que, según él, debería generar una preocupación considerable entre los fieles y el clero. Esta supuesta influencia interna, sumada a las presiones externas como la nueva legislación en España, configura un escenario complejo para la Iglesia Católica en su misión de ofrecer acompañamiento pastoral y defender sus enseñanzas sobre la sexualidad y la vida en castidad para todos sus miembros. La polémica legal en España pone de manifiesto una vez más la tensión entre las legislaciones seculares progresistas y las doctrinas morales de las instituciones religiosas.

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