3 julio, 2026

Manila, Filipinas – Una réplica de la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe ha emprendido un significativo peregrinaje por Filipinas, marcando el inicio de un período de profunda devoción y preparación espiritual que culminará en la celebración del quinto centenario de sus apariciones en diciembre de 2031. Esta iniciativa busca estrechar los lazos históricos y religiosos entre México y la nación asiática, llevando el mensaje guadalupano a millones de fieles.

El itinerario de la “Madre Peregrina Virgen de Guadalupe” se inició formalmente el pasado 13 de junio con una solemne Misa en la Catedral de la Inmaculada Concepción, en el corazón de Manila. La ceremonia fue presidida por el Cardenal José Fuerte Advíncula, Arzobispo Metropolitano de Manila, quien destacó la importancia de este evento para la comunidad católica filipina. Al finalizar la celebración eucarística, un momento de gran relevancia nacional tuvo lugar cuando Ferdinand Marcos Jr., presidente de Filipinas, realizó una oración de consagración del país a la Virgen de Guadalupe, un gesto que subraya la profunda raigambre de la fe católica en la identidad nacional filipina. Esta ceremonia fue ampliamente cubierta por el medio oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas (CBCP).

La escultura peregrina, elaborada meticulosamente a mano por el artista mexicano Jorge Ismael Rodríguez, es una obra de arte y fe. La acompaña una reproducción fidedigna de la imagen de la Virgen de Guadalupe tal como apareció milagrosamente en la tilma de San Juan Diego, así como una representación del santo vidente. Este conjunto no solo transporta la devoción mariana, sino también un pedazo de la historia y el arte sacro de México.

La historia de la Virgen de Guadalupe se remonta a diciembre de 1531, cuando, según la tradición católica, Santa María se apareció en varias ocasiones al indígena San Juan Diego en el cerro del Tepeyac, al norte de lo que hoy es la Ciudad de México. En estos encuentros, la Virgen le encomendó una misión trascendental: solicitar al primer Obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, la construcción de una “casita sagrada” o templo al pie de la montaña. Como prueba de sus apariciones, la imagen de Santa María quedó estampada de forma inexplicable en la tilma de San Juan Diego, un tejido de fibras de maguey que, asombrosamente, ha perdurado hasta nuestros días y es custodiada en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, siendo uno de los símbolos religiosos más importantes del continente americano.

El envío de esta imagen a Filipinas no es casualidad, sino un símbolo tangible de los “profundos lazos históricos y espirituales entre ambas naciones”, como enfatizó el Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México y sucesor de Fray Juan de Zumárraga. La imagen peregrina fue un obsequio de la Arquidiócesis Primada de México y de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe. En una carta compartida con ACI Prensa, el Cardenal Aguiar Retes extendió un saludo cordial a los obispos de la nación filipina, remarcando la unión histórica que ha existido incluso desde los tiempos en que la diócesis de Manila fue sufragánea de México, un legado que se remonta a la época del Galeón de Manila, cuando las rutas comerciales unieron no solo bienes, sino también fe y cultura entre Asia y América.

El Purpurado mexicano expresó su ferviente deseo de que “esta peregrinación fortalezca la fe, la esperanza y la reconciliación entre los pueblos, especialmente en un tiempo marcado por divisiones y conflictos”. Este mensaje resuena con particular fuerza en un mundo que busca la unidad y la paz, convirtiendo a la peregrinación en un faro de esperanza.

Una característica única de esta travesía espiritual es la recolección de las peticiones, agradecimientos y oraciones que los fieles realicen en cada lugar que la imagen visite. Estas plegarias, testimonio de la fe y las esperanzas de miles de filipinos, serán llevadas y depositadas solemnemente a los pies de la imagen original de la Virgen de Guadalupe en la Ciudad de México. Este acto simbólico no solo conecta físicamente a los fieles de ambos países, sino que también crea un puente espiritual de comunión y devoción.

La iniciativa forma parte integral de los preparativos globales que se están llevando a cabo para conmemorar el quinto centenario de las apariciones guadalupanas en 2031. Su objetivo trasciende las fronteras geográficas, buscando “acercar el mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe a millones de personas en distintos países del mundo”, reafirmando la relevancia universal de su mensaje de amor, consuelo y esperanza. La peregrinación en Filipinas, extendiéndose por casi una década, promete ser un catalizador espiritual de gran magnitud para la Iglesia en Asia y un recordatorio vibrante de los lazos de fe que unen a la humanidad.

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