8 julio, 2026

Santiago de Compostela, España – Monseñor Francisco José Prieto, Arzobispo de Santiago de Compostela, ha enfatizado con contundencia la importancia de preservar el significado espiritual intrínseco del Camino de Santiago y la centralidad de la hospitalidad y la acogida al peregrino. Sus reflexiones se produjeron durante su participación en los cursos de verano organizados por la Universidad CEU San Pablo, en el marco del seminario “Habitar los caminos: la hospitalidad en las vías de peregrinación a Santiago de Compostela”.

Durante su intervención, el prelado compostelano recordó que la tradición jacobea, nacida de una profunda raíz cristiana, ha sostenido durante siglos una visión de la hospitalidad que trasciende la mera atención material. Para monseñor Prieto, esta práctica es una expresión concreta de la caridad, un valor fundamental que acompaña a la ruta desde sus orígenes. Subrayó que la acogida no es un simple servicio logístico, sino una manifestación de fe y humanidad que enriquece tanto al que la ofrece como al que la recibe.

El arzobispo profundizó en la figura del peregrino, distinguiéndolo claramente de un simple turista o viajero ocasional. “El peregrino no es meramente alguien que transita un espacio físico, sino un individuo inmerso en un profundo proceso de búsqueda interior”, afirmó. Para él, el Camino de Santiago representa una vivencia que combina lo exterior con una dimensión espiritual, un viaje hacia Dios que se materializa en el encuentro con uno mismo, con los demás y, en última instancia, con Cristo. Es una experiencia de fe y de humanismo en su sentido más pleno, donde cada interacción, cada paso, se convierte en una oportunidad para el autoconocimiento y la trascendencia.

**Advertencia contra la mercantilización del Camino**

Monseñor Prieto lanzó una seria advertencia contra la creciente tendencia a reducir el Camino de Santiago a una experiencia puramente turística o comercial. “El peregrino no debe ser considerado un cliente”, sentenció. Insistió en que el alma del Camino, su esencia más pura, corre el riesgo de ser absorbida y desvirtuada por una lógica puramente comercial. Si la ruta jacobea se concibe únicamente como un producto de consumo, la hospitalidad, uno de sus pilares fundamentales, perderá su valor intrínseco y su carácter sagrado.

En este sentido, el arzobispo resaltó que la supervivencia del Camino a lo largo de los siglos no se debe a su infraestructura física, sino a su “lógica del don”, un concepto que subraya la gratuidad con la que el peregrino es recibido. “El Camino ha perdurado porque no es reducible a un sistema de servicios; su vitalidad emana directamente de su carácter cristiano y de una lógica que difiere de la transacción económica”, explicó. El peregrino, al recibir sin poder ofrecer nada material a cambio, experimenta una gratuidad que, según Monseñor Prieto, remite al corazón mismo de Dios y a la generosidad divina.

**La Iglesia y el encuentro con Dios en el Camino**

Desde la perspectiva de la Iglesia, el Camino de Santiago se presenta como un espacio privilegiado donde la acogida se transforma en un auténtico “lugar de encuentro con Dios”. El prelado lo describió como una vivencia concreta del Evangelio, una oportunidad palpable para experimentar sus principios en la práctica cotidiana. Esta visión eleva la peregrinación más allá de una actividad cultural o deportiva, anclándola firmemente en el ámbito de la espiritualidad y la fe.

Con la mirada puesta en el próximo Año Santo Jacobeo 2027, el arzobispo destacó el reto que supone para la comunidad eclesial y para la sociedad en general. “El desafío reside en discernir cómo deseamos acoger y qué rostro de Iglesia queremos mostrar al mundo”, afirmó. La acogida genuina, en este contexto, se convierte en una expresión palpable de la esperanza jubilar, ofreciendo al peregrino la certeza de que nunca está solo y que siempre existe una puerta abierta a la gracia divina.

**El sentido espiritual, fortaleza esencial**

La fortaleza inquebrantable del Camino de Santiago a lo largo de la historia, según Monseñor Prieto, reside en su arraigado sentido espiritual. Es este el que le confiere propósito y dirección. “Si el Camino pierde su alma cristiana, inexorablemente se transformará en una mera ruta, un itinerario fragmentado que habrá perdido su sentido de inicio y fin”, advirtió. La existencia misma del Camino está ligada a una meta trascendente, una finalidad que va más allá de la llegada física a Santiago de Compostela. Sin esta dimensión espiritual, la experiencia perdería su riqueza y profundidad.

El arzobispo recordó que la hospitalidad ocupa un lugar preeminente en la tradición bíblica y es una de las expresiones más fidedignas de la autenticidad de la fe cristiana. “La hospitalidad no es simplemente una cortesía mejorada; es inherente al corazón mismo de la tradición cristiana”, expuso. Toda la historia de la salvación está entretejida con la experiencia del camino y la acogida al forastero. Además, subrayó que esta hospitalidad se concreta siempre en gestos sencillos y cotidianos: ofrecer agua, techo, una escucha atenta y el cuidado de las heridas, tanto las visibles como las invisibles. Es, en esencia, una forma de caridad que emana directamente del Evangelio, remitiéndonos constantemente a la figura de Cristo como el anfitrión y el huésped supremo.

La visión de Monseñor Prieto es un llamado a salvaguardar la singularidad del Camino de Santiago, preservando su profunda dimensión espiritual y la valiosa tradición de hospitalidad que lo ha definido a lo largo de los siglos.

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