22 julio, 2026

Durante sus vacaciones de verano en Castel Gandolfo, el Papa León XIV realizó el pasado 22 de julio de 2026 una significativa jornada de peregrinación, visitando dos emblemáticos sitios religiosos en Italia: el Santuario de la Santísima Trinidad en Vallepietra y el Monasterio de San Benito en Subiaco. Estas visitas, enmarcadas en su periodo de descanso, subrayan la conexión profunda del Pontífice con las raíces espirituales de la fe católica y la rica tradición monástica del país.

La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que la primera parada del Santo Padre tuvo lugar en el Santuario de la Santísima Trinidad, un venerable espacio de devoción ubicado a unos 60 kilómetros al este de Roma, en la pintoresca región del Lacio. Este santuario es uno de los destinos de peregrinación más venerados y populares de la zona, atrayendo a miles de fieles anualmente. Al llegar, el Papa León XIV se detuvo para un momento de profunda oración ante el célebre fresco de la Santísima Trinidad, una imagen de gran valor iconográfico y espiritual. Posteriormente, el Pontífice, visiblemente cercano, saludó a los fieles allí reunidos, quienes le recibieron con notable entusiasmo y devoción.

La historia del Santuario de la Santísima Trinidad en Vallepietra está envuelta en el misterio y la leyenda, sin que se conozcan con precisión las fechas exactas de su construcción original. Dos relatos principales, transmitidos de generación en generación, dan cuenta de su origen. La primera leyenda narra la historia de un campesino que, en la búsqueda de sus bueyes extraviados, los encontró arrodillados en adoración frente a una imagen de la Trinidad, un suceso que habría inspirado la edificación del santuario en ese mismo lugar sagrado. La segunda leyenda, más vinculada a los albores del cristianismo, relata que dos hombres que huían de la persecución del emperador Nerón se encontraron con los santos Pedro y Juan. Tras este encuentro, fueron visitados por un ángel y experimentaron una visión celestial de la Santísima Trinidad, sellando así la santidad del emplazamiento. Ambos relatos, aunque de origen incierto, han nutrido la piedad popular y la mística asociada al santuario a lo largo de los siglos.

Tras su emotiva visita a Vallepietra, el Papa León XIV se dirigió hacia Subiaco, una localidad de profunda significación para la historia del monacato occidental. Allí, el Santo Padre visitó el Monasterio de San Benito, un lugar que es cuna de la orden benedictina. Dentro de la abadía, el Papa se detuvo ante un fresco del siglo XIII que representa a San Francisco de Asís. Esta obra de arte es considerada por muchos expertos como la representación pictórica más antigua conocida del santo italiano, lo que añade un valor histórico y artístico incalculable a la visita papal. La contemplación de esta imagen permitió a León XIV conectar con la rica tradición franciscana, que ha sido pilar de la espiritualidad cristiana.

La peregrinación del Pontífice en Subiaco incluyó también la visita a la Santa Cueva, o Sacro Speco, el lugar donde San Benito de Nursia fundó su primera ermita en el siglo VI, marcando el inicio del monacato benedictino en Occidente. En este espacio de austera y profunda espiritualidad, el Papa León XIV rezó el Padrenuestro y, en un gesto de humilde veneración, besó la rodilla de una estatua de San Benito. Este acto simboliza el profundo respeto y la continuidad de la Iglesia con su legado monástico, un pilar fundamental para la civilización europea y la vida contemplativa.

La jornada concluyó con una visita al Monasterio de Santa Escolástica, hermana gemela de San Benito y cofundadora de la rama femenina de la orden benedictina. Allí, el Papa León XIV compartió un almuerzo con la comunidad benedictina local, estrechando lazos y compartiendo un momento de fraternidad. Durante su estancia, también tuvo la oportunidad de recorrer las instalaciones del convento, conociendo de cerca la vida de sus moradores.

Estas peregrinaciones del 22 de julio de 2026 se suman a otras actividades espirituales del Pontífice durante sus vacaciones. Apenas dos días antes, el 20 de julio, León XIV había visitado la histórica Abadía Benedictina de Montecassino, donde oró ante las tumbas de San Benito y Santa Escolástica, reforzando así su itinerario temático benedictino. La serie de visitas es notable, ya que representa la cuarta aparición pública del Papa León XIV —excluyendo el Ángelus dominical— desde el inicio de sus vacaciones estivales en Castel Gandolfo, que se extienden del 5 al 27 de julio. Previamente, el Pontífice había compartido un almuerzo con personas necesitadas el 11 de julio y asistió a un concierto de verano el 18 de julio, demostrando un equilibrio entre el recogimiento personal y la interacción con la comunidad.

Es tradición que, durante el periodo de vacaciones papales en Castel Gandolfo, todas las audiencias privadas y públicas sean suspendidas, lo que confiere un carácter especial y significativo a estas selectas apariciones y peregrinaciones del Santo Padre. Las jornadas del Papa León XIV en Vallepietra y Subiaco no solo le permitieron renovar su propia fe y conectar con milenarias tradiciones, sino que también ofrecieron un ejemplo de devoción y cercanía a los fieles, reafirmando el valor de la peregrinación en el camino espiritual.

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