24 julio, 2026

Emmitsburg, Maryland – Ann Teresa O’Neill, la mujer cuyo milagro de curación sentó las bases para la canonización de Santa Isabel Ana Seton, ha fallecido a los 78 años de edad el pasado 17 de julio. Su partida cierra un capítulo notable de fe y providencia que conectó su vida con uno de los hitos más significativos de la Iglesia católica en Estados Unidos: la proclamación de la primera santa nacida en suelo americano.

O’Neill, residente de Easton, Maryland, fue la protagonista de una curación inexplicable que la salvó de una leucemia aguda durante su infancia en 1952. Este evento extraordinario fue formalmente reconocido en 1975 como el milagro necesario para que la entonces Madre Seton fuera elevada a los altares, un proceso avalado por el Pontífice de la época, el Papa Pablo VI.

El Arzobispo de Baltimore, Monseñor William E. Lori, presidirá la Misa funeral de O’Neill, que se celebrará el 25 de julio en la Basílica del Santuario Nacional de Santa Isabel Ana Seton, en Emmitsburg, Maryland. Tras la ceremonia, sus restos recibirán sepultura en los históricos terrenos de este santuario, un lugar de profunda significación para la historia católica estadounidense y para la propia vida de Ann.

Rob Judge, director ejecutivo del Santuario Nacional de Santa Isabel Ana Seton, expresó en un comunicado la profunda huella que dejó O’Neill: “Ann O’Neill dedicó más de setenta años a responder preguntas sobre un milagro”. Sin embargo, destacó que su esencia radicaba en su humildad y en su enfoque genuino en lo trascendente. “Si uno conversaba con ella durante un rato, descubría que en realidad no le interesaba hablar de milagros. Quería hablar de la fe de su madre. Quería hablar de la Madre Seton. Pero, sobre todo, quería hablar de Jesús”, afirmó Judge, subrayando la profunda espiritualidad de O’Neill.

Esta perspectiva, añadió Judge, “quizá sea la prueba más clara de por qué Dios eligió su vida para que formara parte de una de las historias más importantes del catolicismo en Estados Unidos”. Su testimonio no se centró en el asombro de lo sobrenatural, sino en la fuente de esa intervención divina.

En una entrevista concedida en 2025 a Catholic Review, la publicación de la Arquidiócesis de Baltimore, O’Neill compartió su visión sobre la comunión de los santos: “Los santos son como nuestros amigos. La Madre Seton era amiga de mi madre. Es amiga mía. Y, como somos católicos, tenemos muchos amigos en el cielo”. Estas palabras reflejan una relación personal y cercana con la fe y con aquellos que, como Santa Isabel Ana Seton, han alcanzado la santidad.

Ann Teresa O’Neill nació el 7 de octubre de 1947, hija de los ya fallecidos Felixena O’Neill y William Richard O’Neill. Le sobreviven sus hijos Joseph Hooe, Gerard Hooe y Mary Alice Zawodny, además de varios nietos y bisnietos, según el aviso funerario. Su hijo Robert Eugene Hooe Jr. falleció antes que ella.

**El milagro que iluminó el camino de Santa Isabel Ana Seton**

La historia del milagro de Ann O’Neill comenzó en Baltimore, cuando a la edad de cuatro años, en 1952, le diagnosticaron una leucemia avanzada. A pesar de los esfuerzos de los médicos y los tratamientos disponibles en la época, su condición se deterioró rápidamente, siendo catalogada como incurable.

Durante la Semana Santa de ese año, los profesionales médicos daban a la pequeña O’Neill pocas semanas de vida. Mientras su familia se preparaba para lo peor, un rayo de esperanza llegó a través de la hermana Mary Alice Fowler, supervisora de la sala infantil del Hospital St. Agnes. La hermana Fowler entregó a la madre de Ann unas oraciones para pedir la intercesión de Elizabeth Ann Seton y la animó a distribuirlas entre sus seres queridos y amistades. Además, colocó en la bata hospitalaria de la niña un trozo de tela que había estado en contacto con los restos de Seton. Inmediatamente, familiares, amigos y líderes religiosos iniciaron una novena de oración por Ann.

El Viernes Santo de 1952, ante el agravamiento del estado de su hija, la madre de O’Neill tomó una decisión desesperada pero llena de fe. Ignorando las recomendaciones médicas, llevó a Ann en automóvil hasta Emmitsburg, el lugar de descanso de la Madre Seton. Fue allí donde Seton había fundado las Hermanas de la Caridad de San José, la primera comunidad de religiosas establecida en Estados Unidos, y la primera escuela católica para niñas.

Madre e hija se dirigieron primero al cementerio, donde recostaron a la pequeña Ann sobre la tumba de Seton. Posteriormente, la llevaron al interior de la casa de la Madre Seton, el lugar donde la venerable religiosa había fallecido de tuberculosis en 1821.

Al regresar al hospital, los médicos realizaron análisis de sangre y otras pruebas a Ann. Para el Lunes de Pascua, el recuento sanguíneo de la niña era completamente normal. Las pruebas de seguimiento realizadas durante los años posteriores confirmaron su excelente estado de salud, sin rastro de la enfermedad.

La curación de Ann O’Neill fue un elemento central en la causa de canonización de Elizabeth Ann Seton. Finalmente, el Papa Pablo VI canonizó oficialmente a la Madre Seton el 14 de septiembre de 1975 en una histórica ceremonia en Roma, a la cual Ann O’Neill, ya una joven, tuvo el privilegio de asistir. Este evento no solo celebró la vida de una santa, sino que también validó la experiencia de fe y el milagro vivido por una niña que se convirtió en testimonio vivo de la intercesión divina. La historia de Ann O’Neill perdurará como un recordatorio de la poderosa conexión entre la fe, la oración y los designios de lo sobrenatural.

Nuevos