4 agosto, 2026

Con la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el horizonte, Argentina se ha visto envuelta en una controversia que ha trascendido fronteras, generando un debate sobre la percepción de su identidad nacional. En diversos medios de comunicación y plataformas digitales, han proliferado acusaciones que describen al país sudamericano como un territorio de marcadas tendencias racistas. Estas caracterizaciones han resonado con fuerza en el ámbito internacional, amplificadas por figuras públicas como el actor Samuel L. Jackson y el comediante Eric André, quienes contribuyeron a difundir estos mensajes de odio y descalificación.

Frente a este escenario, el Instituto de Diálogo Interreligioso (IDI) de Argentina, una organización dedicada a fomentar la convivencia pacífica, la “cultura del encuentro” y el entendimiento entre distintas religiones, ha alzado su voz. El IDI, impulsado en su momento por el entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio —quien posteriormente se convertiría en el Papa Francisco—, emitió un comunicado contundente bajo el título “No somos racistas”, buscando desmentir y refutar las generalizaciones perjudiciales.

El documento del IDI surge como una respuesta directa a las “expresiones y caracterizaciones que presentan a la Argentina como un país racista, xenófobo, intolerante o discriminatorio”. Si bien el comunicado no ignora la existencia de “episodios de discriminación, prejuicio o discursos de odio” en cualquier comunidad humana, fenómenos que deben ser “prevenidos y condenados con firmeza”, enfatiza que tales incidentes no son representativos de la realidad cotidiana. La institución, que lleva más de 25 años trabajando en la construcción del diálogo entre diversas comunidades de fe, sostiene que las acusaciones no reflejan el espíritu de convivencia que ha caracterizado al país.

Desde su vasta experiencia, marcada por el “encuentro, la cooperación y la amistad”, el Instituto de Diálogo Interreligioso ha constatado que Argentina posee una “profunda tradición de convivencia interreligiosa”. Esta tradición, según el IDI, se sustenta en comunidades que, a pesar de sus diferencias, han logrado construir sólidos “vínculos de confianza y solidaridad”, transformando las diversidades en una “oportunidad para el enriquecimiento mutuo y la construcción del bien común”.

El comunicado resalta la historia de Argentina como una “tierra de acogida para personas provenientes de múltiples orígenes, culturas y credos”. Esta diversidad, lejos de ser un obstáculo, ha “enriquecido” la identidad colectiva de la nación, constituyéndose en “uno de los patrimonios más valiosos de nuestra vida colectiva”. En este sentido, el IDI argumenta con firmeza que “sostener que la Argentina es un país racista es desconocer absolutamente nuestra historia e idiosincrasia”. Millones de personas han llegado al país, se han asentado, han formado familias, accedido a educación gratuita, recibido atención médica en hospitales públicos y han transitado el territorio nacional con el único requisito de respetar la Constitución.

Al rechazar vehementemente cualquier manifestación de intolerancia, discriminación o violencia, el Instituto aclara que estas “no representan el espíritu mayoritario de nuestro pueblo ni la cultura de convivencia que se ha ido construyendo a lo largo de generaciones”. Su experiencia demuestra que el diálogo “es una realidad concreta que se expresa en el trabajo conjunto entre comunidades de fe, en la cooperación frente a las necesidades sociales, en la defensa compartida de los Derechos Humanos y en la construcción cotidiana de una cultura del encuentro”. En línea con esta visión, el IDI condena “toda forma de judeofobia, islamofobia, cristianofobia, racismo, xenofobia o cualquier otra expresión de discriminación”.

El Instituto de Diálogo Interreligioso concluye su mensaje afirmando que “en tiempos en que las simplificaciones y los prejuicios parecen imponerse sobre el conocimiento mutuo, reafirmamos que el camino para comprender un país nunca es la estigmatización, sino el encuentro”. La institución subraya valores “profundamente arraigados” en la sociedad argentina, como la fraternidad, el respeto por la diversidad, la solidaridad y la voluntad de convivir en paz. “Nuestra voz nace del diálogo”, reiteran, y sobre esa base, proclaman que “la fraternidad constituye uno de los rasgos más genuinos y esperanzadores de nuestro país”.

En una entrevista con Cadena 3 Rosario, el sacerdote católico P. Guillermo Marcó, copresidente del IDI, reiteró la particularidad de Argentina, destacando la “convivencia fraterna y cooperativa de las tradiciones religiosas”, un fenómeno que, según él, “no existe en ningún otro país del mundo”. Respecto a las descalificaciones y las acusaciones de racismo contra Argentina, el presbítero aseguró que la imagen construida no se corresponde con la realidad. “No creo sinceramente, cuando uno mira las políticas migratorias de Europa y compara, que el argentino en general sea una persona racista”, afirmó.

El P. Marcó insistió en que “Argentina es un país de puertas abiertas”, una visión arraigada en su historia y plasmada en su Constitución. Recordó que el preámbulo de la Carta Magna establece el propósito de “asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”, un testimonio inequívoco de su espíritu integrador. Finalmente, el sacerdote copresidente del IDI señaló que los desafíos en la integración social no siempre están ligados al color de piel o al origen, sino a cuestiones sociales y de convivencia. En este contexto, valoró la labor del organismo que preside junto al dirigente islámico Omar Abboud y el Rabino Daniel Goldman, en la promoción constante del diálogo y el respeto mutuo.

Nuevos