En una jornada dominical marcada por la tradicional oración del Ángelus, el Papa León XIV alzó su voz desde la emblemática Plaza de San Pedro para expresar su profunda preocupación por la crítica situación migratoria y humanitaria que ha convulsionado Ceuta en los últimos días. Ante cientos de fieles, el Pontífice hizo un llamado urgente a la comunidad internacional para encontrar vías de diálogo y soluciones duraderas que garanticen la paz, la estabilidad y la justicia en la región afectada.
“Queridos hermanos y hermanas. Sigo con preocupación la alarmante situación en Ceuta. Pidiendo a Dios por medio de la intercesión de nuestro Señor de África que se puedan encontrar soluciones de paz, estabilidad y de justicia”, afirmó el Papa León en español, con un tono que reflejaba la seriedad de la crisis. Sus palabras, pronunciadas al concluir el rezo, resonaron en el corazón de la Iglesia y del mundo, poniendo de relieve una de las tragedias humanas más acuciantes de nuestro tiempo.
La emergencia en Ceuta, una ciudad autónoma española en el norte de África, se desencadenó días antes de la alocución del Santo Padre, cuando un flujo masivo de personas intentó cruzar la frontera desde Marruecos. Las autoridades españolas estimaron que entre 50.000 y 60.000 individuos, muchos de ellos niños y adolescentes, irrumpieron en territorio español en cuestión de horas. La mayoría lo hizo a nado, bordeando los peligrosos espigones fronterizos, en una desesperada búsqueda de un futuro mejor que, para muchos, terminó en tragedia.
La llegada sin precedentes de migrantes desbordó por completo la capacidad de respuesta de Ceuta, una urbe de apenas 85.000 habitantes, y generó una emergencia humanitaria que puso al límite sus servicios y recursos. El balance humano ha sido particularmente devastador, con informes oficiales que confirman al menos 67 fallecidos, la mayoría por ahogamiento, mientras luchaban contra las corrientes marinas y la dureza de la travesía. Imágenes desgarradoras de niños siendo rescatados o migrantes exhaustos alcanzando la orilla inundaron los medios de comunicación globales, evidenciando la magnitud de la catástrofe.
En las horas y días posteriores a la entrada masiva, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado español trabajaron intensamente para gestionar la situación. Decenas de miles de personas fueron devueltas a Marruecos, mientras que las autoridades españolas iniciaron la instalación de nuevas barreras de contención en el espigón fronterizo de El Tarajal, buscando evitar futuros cruces irregulares y salvaguardar la seguridad de la frontera, así como la vida de quienes se arriesgan en estas travesías. La comunidad internacional observa con atención, esperando que se articulen respuestas integrales que aborden las causas profundas de la migración y no solo sus síntomas.
**Un llamamiento a la paz en un mundo convulso**
Más allá de la crisis específica de Ceuta, el Papa León XIV extendió su mensaje de esperanza y consuelo, lanzando un nuevo y ferviente llamamiento en favor de la paz. El Sumo Pontífice expresó su cercanía a todas aquellas personas que sufren las brutales consecuencias de los conflictos armados que asolan diversas partes del mundo.
“Recordemos a todas las víctimas de las hostilidades, sobre todo a los más débiles e indefensos: niños, ancianos y enfermos”, manifestó León XIV, si bien optó por no nombrar en esta ocasión ningún conflicto en concreto, subrayando la universalidad de su preocupación por el sufrimiento humano. “Que el Señor conforte a quienes sufren y bendiga la labor de quienes llevan ayuda y consuelo”, añadió, encomendando a la divina providencia a quienes trabajan incansablemente por aliviar el dolor en zonas de guerra y conflicto.
**Evocación del Perdón de Asís y el legado de San Francisco**
Durante su homilía dominical, el Papa también dedicó un espacio para evocar el histórico Perdón de Asís, una indulgencia plenaria vinculada a la figura de san Francisco de Asís. El Pontífice recordó a los fieles que este significativo don espiritual fue obtenido por san Francisco de manos del Papa Honorio III en el año 1216. La tradición narra que el santo de Asís recibió esta gracia tras una profunda visión de Jesús y la Virgen María, mientras rezaba humildemente en la pequeña ermita de la Porciúncula.
En este contexto, el Papa León XIV invitó a los fieles a redescubrir y valorar la riqueza de este don espiritual, especialmente en un momento tan relevante como el octavo centenario de la muerte del santo patrón de Italia. “Demos gracias al Señor por este gran don. Y hagamos de él un tesoro, especialmente en el octavo centenario del tránsito del Pobrecillo de Asís”, expresó León, alentando a la comunidad católica a renovar su fe y a vivir el espíritu de reconciliación y misericordia que encarna el Perdón de Asís y el legado imperecedero de san Francisco. La celebración de este jubileo es una oportunidad para que los creyentes profundicen en su relación con Dios y en el mensaje de fraternidad universal que caracterizó la vida del ‘Pobrecillo’.








