El Papa León XIV reanudó este miércoles 5 de agosto sus audiencias generales, marcando el fin de su habitual pausa estival de julio. Desde la imponente Basílica de San Pedro, en Roma, el Santo Padre presidió la catequesis semanal, donde abordó un tema central para la vida espiritual contemporánea: la progresiva pérdida de la oración en el seno de las familias cristianas y la percepción de esta como una práctica “inútil” por parte de muchos.
Ante los fieles congregados, el Pontífice hizo un enfático llamado a redescubrir la oración “en su verdad más profunda”. El Papa León XIV observó con inquietud cómo, incluso en numerosos hogares que se identifican como cristianos, la transmisión de la oración como un legado cultural y espiritual se ha debilitado. Asimismo, destacó la tendencia de una parte de la sociedad a confundir la oración con una mera técnica de bienestar personal, con un enfoque psicológico o autoayuda, despojándola de su dimensión trascendente.
La audiencia, que habitualmente se realiza al aire libre, tuvo lugar en el interior de la Basílica de San Pedro debido a las elevadas temperaturas que caracterizan el verano romano. En esta ocasión, el Papa León XIV centró su reflexión en la Constitución conciliar *Sacrosanctum Concilium*, uno de los documentos fundamentales del Concilio Vaticano II. La catequesis se enmarcó en el programa de preparación espiritual que el Santo Padre ha estado desarrollando antes de sus vacaciones, explorando específicamente la dimensión eclesial de la oración litúrgica.
El Papa León lamentó que, en el contexto de una sociedad “dominada por una mentalidad centrada en la eficiencia y el consumismo”, la oración pueda ser fácilmente percibida como algo “inútil e irrisorio”. Subrayó la paradoja de un mundo donde el avance científico y tecnológico parece ofrecer respuestas a todas las interrogantes, lo que puede llevar a considerar la oración como una forma de evasión o una práctica obsoleta. “En un mundo donde la ciencia y la técnica pretenden dar todas las respuestas, rezar puede parecer una forma de evasión”, manifestó el Pontífice.
Sin embargo, el Santo Padre insistió en que la oración, lejos de ser una distracción, constituye una dimensión fundamental de la experiencia humana, merecedora de ser redescubierta en su auténtica esencia. León XIV resaltó cómo la Constitución *Sacrosanctum Concilium* del Concilio Vaticano II abordó con seriedad esta imperante necesidad de revalorizar la oración.
En este sentido, el Papa recordó unas palabras de gran relevancia pronunciadas por San Pablo VI en la misma Basílica de San Pedro, el 4 de diciembre de 1963, al promulgar el primer documento aprobado por el Concilio Vaticano II. En aquella ocasión, San Pablo VI afirmó: “Dios en el primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual”. Esta cita, recuperada por el Papa León XIV, subraya la centralidad de la oración y la liturgia en la vida del creyente.
Según la explicación del Pontífice, en la *Sacrosanctum Concilium*, el término “oración” engloba la totalidad de la liturgia. Esta perspectiva es “decisiva” porque fue la que orientó la reforma litúrgica, al colocar la participación activa de los fieles en el centro de las celebraciones. La liturgia, explicó el Santo Padre, se presenta como el lugar privilegiado del “encuentro” y de la iniciativa divina, donde Dios se acerca a la humanidad a través de su Hijo, Jesucristo, “el Verbo hecho carne, ungido por el Espíritu Santo”.
Ante esta iniciativa divina, los fieles están llamados a responder “por Cristo, con Cristo y en Cristo, en la unidad del Espíritu Santo”, lo que se traduce en “la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre”, citando el documento conciliar. Esta profunda interconexión resalta la naturaleza comunitaria y cristocéntrica de la oración litúrgica.
El Papa León XIV destacó también la importancia de la Liturgia de las Horas, recordando el ardiente deseo de San Pablo VI de que esta oración pública cotidiana de la Iglesia, inseparable de la Eucaristía, impregnara, reavivara, guiara y expresara toda la oración cristiana, nutriendo eficazmente la vida espiritual del Pueblo de Dios.
Para que este deseo se materialice, el Pontífice añadió que la Liturgia de las Horas debe ser acogida y vivida de manera creciente en la cotidianidad de los bautizados y de las comunidades. “La Liturgia de las Horas santifica el tiempo de nuestra vida cotidiana: por la mañana, empezamos el día con alegría y gratitud; a mediodía, pedimos la fuerza de la fidelidad en medio de la fatiga; por la tarde, una vez terminado el trabajo, las Vísperas acompañan el momento del atardecer; por la noche, nos dormimos encomendándonos a la paz de Dios”, detalló León XIV, ilustrando cómo esta práctica estructura y eleva la jornada del creyente.
Finalmente, el Santo Padre subrayó que la Liturgia de las Horas puede convertirse en una auténtica escuela de oración para todos aquellos que anhelan aprender a rezar, especialmente los catecúmenos. “A tantas personas que quieren aprender a rezar, en particular a los catecúmenos, les puede ofrecer el camino y la escuela de la oración cristiana”, concluyó el Papa León, invitando a la comunidad a redescubrir la riqueza de esta práctica milenaria.








