La Diócesis de Palm Beach, Florida, ha manifestado su profunda solidaridad con el pueblo venezolano, duramente golpeado por los terremotos de junio. Monseñor Manuel de Jesús Rodríguez, obispo de Palm Beach, presidió una emotiva misa el pasado 4 de agosto en la Catedral de San Ignacio de Loyola, dedicando sus oraciones a todas las víctimas y a los miles de afectados por la catástrofe. Durante la celebración, el prelado de origen dominicano enfatizó la fe como “nuestro único refugio seguro” y agradeció a sus fieles por su inquebrantable espíritu de colaboración.
La ceremonia, un bálsamo espiritual para la comunidad, se llevó a cabo ante las veneradas imágenes de la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela, y una reliquia de San Gregorio Hernández, el médico venezolano conocido por su profunda fe y servicio a los enfermos. Monseñor Rodríguez hizo un llamado a la perseverancia en la oración “por la sanación y por la recuperación” de aquellos que sufren, recordando que la situación en las zonas más afectadas, como La Guaira y Los Teques, sigue siendo de extrema necesidad.
Los sismos de junio dejaron una huella devastadora en Venezuela. Según las últimas cifras oficiales del gobierno, el número de fallecidos asciende a 6.125, y miles de personas continúan desaparecidas, especialmente en La Guaira. En esta región costera, numerosas edificaciones colapsaron por completo o quedaron inhabitables, sumiendo a sus habitantes en una crisis humanitaria sin precedentes. La crudeza de esta realidad, como destacó el obispo de Palm Beach, pone de manifiesto la precariedad inherente a la existencia humana y la vital importancia de buscar consuelo y fortaleza en la fe.
Monseñor Rodríguez compartió durante su homilía un conmovedor relato del obispo de La Guaira, Monseñor Pablo Modesto González, quien le confió que en algunas parroquias de su diócesis hasta el 80% de los feligreses perdieron la vida. El obispo de Palm Beach describió la tragedia como “una verdadera maldición, una cosa fea que llegó en el momento menos esperado”. Sin embargo, frente a la desesperación, el prelado enfatizó el poder redentor de la fe: “La bendición de la fe revoca esa maldición”. Invitó a la comunidad a mantenerse firmes en los caminos de Dios y a acogerse a la protección maternal de la Virgen de Coromoto, cuya figura es un símbolo de esperanza y unidad para todos los venezolanos.
La devastación no solo ha dejado un saldo de vidas humanas y pérdidas materiales, sino que también ha generado una profunda reflexión sobre la responsabilidad social y la caridad cristiana. Monseñor Rodríguez instó a los padres a enseñar a sus hijos sobre el sufrimiento global, subrayando la importancia de no malgastar recursos básicos como el agua y la comida. Reafirmó el compromiso de su diócesis y el suyo propio de continuar brindando apoyo y colaboración constante a Venezuela en estos momentos críticos.
En un gesto palpable de solidaridad, Ellen Wayne, directora ejecutiva de Caridades Católicas de la Diócesis de Palm Beach, informó al término de la misa sobre los esfuerzos concretos de ayuda. Agradeció a todos los que han contribuido generosamente a la campaña de asistencia a La Guaira, destacando la eficiencia con la que se ha logrado proporcionar “el alivio esencial que tanto necesitaban quienes fueron más afectados por este desastre”. Hasta la fecha, la organización ha logrado enviar nueve toneladas de alimentos y suministros básicos, además de fondos económicos destinados a responder “directamente a las necesidades más urgentes de su pueblo”.
Desde Venezuela, Monseñor Pablo Modesto González, obispo de La Guaira, expresó su profundo agradecimiento por la ola de solidaridad recibida. En un video difundido por la Diócesis de Palm Beach, Monseñor González señaló que, a pesar del inmenso dolor, esta experiencia ha despertado una notable generosidad y altruismo en muchas personas. Describió a su pueblo como “adolorido, maltratado pero esperanzado” y manifestó su deseo de que esta semilla de solidaridad germine y dé abundantes frutos. Concluyó con una poderosa imagen: “Ojalá que esta semilla que ha derramado mucha sangre aquí en La Guaira pueda cultivarse en el corazón de mucha gente, en la generosidad, en la entrega, en la donación no solo de lo que sobra sino también de lo que falta”.
La ayuda y el apoyo espiritual desde la Diócesis de Palm Beach representan un faro de esperanza para los venezolanos, demostrando cómo la fe y la caridad pueden trascender fronteras ante la adversidad. Este puente de hermandad católica subraya la fuerza de la comunidad global en tiempos de necesidad.








