Ciudad del Vaticano – El Santo Padre, León XIV, ha manifestado su más sentido pésame y profunda cercanía espiritual al pueblo colombiano, golpeado por un devastador terremoto que ha causado la pérdida de más de un centenar de vidas y ha dejado un rastro de destrucción en diversas regiones del país. A través de un telegrama enviado por el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, el Pontífice hizo llegar su voz de consuelo y esperanza en estos momentos de grave adversidad.
El mensaje, dirigido a monseñor Francisco Javier Múnera Correa, Arzobispo de Cartagena de Indias y presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, subraya el “vívido pesar” del Papa León al recibir la “dolorosa noticia” del sismo. Esta comunicación oficial, difundida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, es una expresión clara de la constante solicitud del obispo de Roma por las poblaciones que sufren a causa de desastres naturales o conflictos.
En el texto, León XIV lamenta profundamente que el movimiento telúrico haya provocado no solo “víctimas y numerosos heridos”, sino también “graves daños materiales”, extendiéndose esta afectación incluso a “muchas iglesias”, estructuras que a menudo son puntos de referencia comunitarios y de refugio en tiempos de crisis. La mención específica de los daños a templos subraya la dimensión espiritual y comunitaria de la tragedia, afectando no solo la vida material sino también los espacios de fe de la población.
El Papa León XIV ha asegurado sus “sufragios por el eterno descanso de los fallecidos”, elevando oraciones para que encuentren la paz y el consuelo divinos. Asimismo, el Pontífice invoca al Señor por la “pronta recuperación de los afectados por esta tragedia”, abarcando tanto a los heridos físicos como a aquellos que sufren el trauma y el desapego de sus hogares y comunidades. Este gesto de oración es un pilar fundamental de la respuesta pastoral de la Iglesia ante el sufrimiento humano.
El telegrama también instruye al Arzobispo Múnera Correa para que “transmita el sentido pésame de su Santidad León XIV a los familiares que, en esta hora de profundo dolor, lloran la pérdida de sus seres queridos”. Esta petición resalta el deseo del Papa de que su mensaje no sea solo una formalidad institucional, sino un auténtico abrazo a quienes enfrentan la aflicción más íntima y personal. La cercanía del Pontífice busca ser un bálsamo en la desolación que acompaña la partida de un ser amado.
Más allá del luto y la solidaridad con las víctimas, el mensaje papal extiende una “gratitud” especial a “cuantos, con generosa entrega, trabajan en las labores de búsqueda, socorro y asistencia a los damnificados”. Este reconocimiento es crucial para visibilizar el esfuerzo incansable de equipos de rescate, voluntarios, personal médico y organizaciones humanitarias, cuyo trabajo es indispensable para mitigar el impacto inmediato de la catástrofe y salvar vidas en condiciones a menudo extremas. La Iglesia, a través de sus propias redes como Cáritas y otras organizaciones locales, suele ser una de las primeras en movilizarse en estas situaciones.
Finalmente, el Santo Padre invoca la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, patrona de Colombia y figura de profunda devoción en la fe católica, para que derrame sobre el “querido pueblo colombiano los dones de la fortaleza espiritual y la esperanza cristiana”. Concluye el mensaje impartiendo “de corazón la bendición apostólica”, un signo de su cercanía y un aliento divino para superar la adversidad.
La respuesta del Vaticano ante el terremoto en Colombia se enmarca en una tradición milenaria de solidaridad papal frente a las calamidades. En un mundo cada vez más interconectado, pero también propenso a sufrir catástrofes de gran magnitud, la voz del Papa León XIV resuena como un llamado a la unidad, la fe y la acción humanitaria. La Iglesia Católica en Colombia, por su parte, se prepara para ser un pilar fundamental en la reconstrucción material y espiritual de las comunidades afectadas, acogiendo el mensaje de su pastor universal y traduciéndolo en gestos concretos de amor y servicio a los más vulnerables. La oración y el compromiso son, para el Pontífice, las herramientas esenciales para afrontar y reconstruir tras una tragedia de esta escala.








