22 septiembre, 2026

Mons. Tulio Ramírez, obispo de Guarenas, durante una entrevista con EWTN en junio de 2026. | Crédito: Andrés Henríquez-EWTN Noticias.

La Iglesia católica en Venezuela se encuentra de luto tras confirmarse el fallecimiento de monseñor Tulio Ramírez Padilla, obispo de Guarenas, ocurrido este miércoles 12 de agosto. La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) manifestó públicamente su “profundo pesar” y expresó su gratitud al Todopoderoso por el trayecto sacerdotal y episcopal del religioso, destacando su “entrega generosa al servicio de la Iglesia y su incansable labor pastoral y comunicacional”.

De acuerdo con información proporcionada por fuentes cercanas a la diócesis guareña, el jerarca católico padecía de “una infección respiratoria recurrente”, cuadro clínico por el cual había permanecido internado en un centro de salud de Caracas durante las últimas semanas.

Trayectoria eclesiástica y formación académica

Nacido en la capital venezolana el 28 de febrero de 1960, el prelado inició su camino formativo en el Seminario Mayor Santa Rosa de Lima, ubicado en Caracas. Posteriormente continuó sus estudios en el continente europeo, ingresando al Seminario Conciliar San Ildefonso de Toledo, en España, donde culminó el bachillerato en Sagrada Teología en 1984.

Su ordenación sacerdotal se llevó a cabo el 5 de agosto de 1984, cuando contaba con 24 años de edad. Años más tarde, en 1996, amplió sus conocimientos académicos al obtener la licenciatura en Derecho Canónico en la prestigiosa Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

Su servicio a la grey católica dio un paso significativo el 4 de abril de 2012, fecha en la que el Papa Benedicto XVI lo designó obispo auxiliar de Caracas, recibiendo la consagración episcopal el 8 de julio de ese mismo año. A lo largo de su trayectoria eclesiástica, asumió responsabilidades clave como la presidencia de la Comisión Episcopal de Comunicación de la CEV, la dirección de programación en Radio María Venezuela y la vicepostulación de la Causa de Beatificación de San José Gregorio Hernández.

Reconocimientos y muestras de pesar del episcopado

A través de un pronunciamiento oficial difundido en un comunicado, los obispos del país subrayaron el “fecundo ministerio pastoral” que desempeñó al frente de la Diócesis de Guarenas, resaltando su cercanía con las comunidades.

El Episcopado describió el caminar del obispo señalando que “su caminar se caracterizó por un carisma luminoso, una profunda empatía y una cercanía paternal hacia los más necesitados. Con entrega abnegada e incansable celo apostólico, hizo de su vida un reflejo constante del amor de Cristo en cada comunidad que guio”.

Asimismo, los prelados valoraron su dedicación a la evangelización a través de los medios de comunicación social y recordaron su fructífero paso pastoral por las jurisdicciones eclesiásticas de Valencia, Caracas y Guarenas.

El recuerdo del Cardenal Baltazar Porras

Por su parte, el arzobispo emérito de Caracas, Cardenal Baltazar Porras, se sumó al dolor que embarga a la institución religiosa y a los fieles católicos, manifestando tener “el corazón conmovido, pero iluminado por la esperanza firme en la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo”.

El purpurado dedicó unas palabras al legado del difunto obispo al afirmar que “Mons. Tulio parte dejando tras de sí una estela luminosa de entrega generosa y servicio abnegado. Imposible no recordar con profunda gratitud su incansable labor y entusiasmo contagioso como vicepostulador de la causa de beatificación del Dr. José Gregorio Hernández, dedicando alma y corazón para acercar la figura de nuestro ‘médico de los pobres’ a los altares”.

Reflexión final sobre la misión sacerdotal

Semanas antes de su deceso, monseñor Ramírez concedió una entrevista a ACI Prensa en la que reflexionó sobre el rol fundamental de los presbíteros ante la partida terrenal, rememorando el testimonio de su tío, el padre Luis María Padilla, reconocido como héroe de El Porteñazo.

En aquella oportunidad, el obispo enfatizó que “especialmente en esa hora de la enfermedad, en esa hora de la tribulación y en esa hora final del encuentro con Dios, tener un sacerdote a la mano será un signo del amor misericordioso de Dios”, añadiendo que es el Creador quien “envía a los mensajeros de su misericordia que son los sacerdotes, quienes nos ayudan en ese paso tan trascendente de esta vida a la Casa del Padre”.

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