17 agosto, 2026

Conmemoración mariana en el departamento del Norte de Santander

La Diócesis de Ocaña, situada en la región colombiana del Norte de Santander, conmemoró 315 años de la aparición de la Virgen de las Gracias de Torcoroma. Los actos religiosos comenzaron el 7 de agosto con el tradicional rezo de la novena y culminaron con el traslado de la venerada imagen desde su santuario natural en la montaña de Torcoroma hasta la Catedral de Santa Ana.

Las festividades centrales incluyeron una eucaristía multitudinaria y una procesión que congregó a cientos de fieles devotos. Durante la ceremonia litúrgica, el obispo local reflexionó sobre el significado histórico y espiritual de esta advocación mariana para la comunidad.

Desafíos de seguridad y respuesta de la comunidad

Durante su homilía, el obispo diocesano, monseñor Orlando Olave Villanoba, animó a la feligresía a buscar el amparo de la Virgen como mediadora ante los momentos de adversidad y zozobra provocados por la criminalidad de los grupos armados ilegales que operan en esa zona del país.

El jerarca eclesiástico relató un episodio reciente de tensión ocurrido en las inmediaciones del santuario, donde actores armados instalaron pancartas intimidatorias. Ante esta situación, el prelado calificó el hecho como un acto de insensatez, señalando que afectaba un espacio profundamente sagrado para los habitantes de la región.

Pese a las intimidaciones registradas, la respuesta ciudadana se tradujo en una masiva asistencia de peregrinos al templo. El obispo enfatizó que, a lo largo de más de tres siglos, la presencia de la advocación mariana ha permanecido inalterable, ofreciendo un reflejo constante de la cercanía divina hacia los creyentes.

Orígenes históricos de la veneración en el siglo XVIII

Los antecedentes de esta devoción se remontan a principios del siglo XVIII, cuando los parajes montañosos de Torcoroma eran habitados por comunidades dedicadas a labores agrícolas. Según los registros históricos de la Iglesia católica, la familia Melo Rodríguez poseía tierras en el sector.

El acontecimiento central ocurrió el 15 de agosto de 1711, fecha en la que dos jóvenes hermanos fueron encomendados para talar madera destinada a la elaboración de una canoa. En medio de la espesura, descubrieron un árbol que exhalaba un intenso aroma floral a pesar de encontrarse en temporada de sequía.

Tras un intento inicial de corte que provocó el deslizamiento parcial del tronco, los familiares regresaron al día siguiente para aprovechar la madera. Al retomar las labores de tallado, los testigos presenciaron un resplandor luminoso del cual emergió la representación en relieve de la Inmaculada Concepción.

El hallazgo fue comunicado con rapidez a las autoridades eclesiásticas de la época. Tras las investigaciones canónicas pertinentes y la constatación de diversos favores atribuidos a la intercesión de la imagen, las autoridades eclesiásticas autorizaron oficialmente su culto público y veneración regional en el año 1716.

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