Las autoridades eclesiásticas de la diócesis francesa de Tarbes y Lourdes han tomado la determinación de suspender de forma definitiva cualquier tipo de celebración litúrgica o sacramental a cargo de los sacerdotes vinculados a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) dentro de los límites del afamado santuario mariano.
Una medida fundamentada en la normativa vaticana
El responsable de la diócesis, Monseñor Jean-Marc Micas, hizo oficial esta disposición a través de una declaración pública emitida el pasado 13 de agosto. En el documento oficial, el jerarca eclesiástico argumenta que la medida responde directamente al estatus canónico de la congregación tradicionalista, recordando el decreto de cisma y excomunión dictado por la Santa Sede tras las ordenaciones episcopales realizadas sin la anuencia papal.
Ante esta situación jurídica, el prelado señaló con claridad que «a raíz del decreto de cisma y de excomunión publicado por la Santa Sede, no puedo autorizar la celebración de la Misa ni la de los demás sacramentos, ni siquiera las oraciones públicas de la Fraternidad San Pío X en el interior del Santuario».
Implicaciones para los fieles y acceso al recinto
Como consecuencia directa de esta disposición, se revoca formalmente el permiso del que gozaban tradicionalmente los miembros de este instituto para llevar a cabo actos de culto público en el complejo religioso. No obstante, las autoridades diocesanas puntualizaron que la restricción se limita exclusivamente a las celebraciones comunitarias y sacramentales.
En este sentido, el comunicado subraya que «es evidentemente posible que quien lo desee se dirija libremente a la Gruta o a cualquiera de los lugares del Santuario para rezar de manera privada». De este modo, el acceso individual de los peregrinos simpatizantes de la congregación permanece garantizado siempre que se mantenga en el ámbito de la devoción personal.
Reconocimiento del impacto emocional en la comunidad
Al abordar las repercusiones de esta directriz, el obispo francés manifestó comprender la sensibilidad de los devotos afectados por la medida restrictiva. «Soy muy consciente del dolor y quizá de la incomprensión que esta decisión causará», expresó el prelado al tiempo que encomendaba la resolución a la providencia divina.
Finalmente, el obispo reflexionó sobre el trasfondo eclesial de la controversia, señalando que «nuestro dolor es grande ante la situación de desgarramiento de la túnica que vivimos interiormente», y advirtió que estas fracturas institucionales «escandalizan a los pequeños y obstaculizan nuestro testimonio evangélico».








