25 agosto, 2026

El obispo español José Ignacio Munilla celebra su primera eucaristía en la Basílica de Guadalupe


Mons. José Ignacio Munilla visitó la Basílica de Guadalupe, en Ciudad de México, el sábado 22 de agosto y celebró allí la Misa. Crédito: Basílica de Guadalupe.

Durante su primer viaje al emblemático santuario mariano en tierras mexicanas, el jerarca católico presidió una solemne celebración eucarística coincidiendo con la festividad litúrgica de María Reina. El prelado europeo, de 64 años de edad, reconoció que este acontecimiento representaba una ilusión largamente acariciada a lo largo de su trayectoria ministerial.

Un encuentro largamente anhelado en el santuario mexicano

El pasado sábado 22 de agosto, el máximo representante de la diócesis de Orihuela-Alicante experimentó por primera vez la atmósfera espiritual del recinto ubicado en la capital mexicana. Al iniciar su predicación ante los fieles congregados, el pastor compartió su profunda emoción por estar presente en el lugar sagrado.

“Para mí es un regalo de Dios, un regalo de nuestra Madre, el hacer esta visita por primera vez en mi vida a este santuario, y largamente he soñado con este momento”, expresó al comienzo de su homilía.

Asimismo, el dignatario eclesiástico calificó la jornada como un hito trascendental en su recorrido personal y sacerdotal, destacando la vigencia y el impacto espiritual que el mensaje de la Virgen de Guadalupe sigue provocando en múltiples comunidades alrededor del planeta frente a diversas adversidades.

“Para mí es un momento importantísimo en mi vida”, continuó. Luego aseguró que “en muchos lugares del mundo, en situaciones diversas”, ha resonado en la vida de muchos cristianos el mensaje guadalupano: “¿Acaso no estoy yo aquí contigo, que soy tu madre?”.

El conferencista destacó que las palabras pronunciadas históricamente por la advocación mariana funcionan como un báculo de fortaleza espiritual para los creyentes que enfrentan momentos de vulnerabilidad y zozobra.

“Esa frase, pronunciada por los labios de la Guadalupana, ha sido frase de consuelo, frase de fortaleza, por la que hemos experimentado el consuelo, el consuelo de Dios a través de la maternidad de María”, aseguró.

Reflexión sobre la confianza y la providencia divina

Para ilustrar la dimensión del amparo maternal, el clérigo evocó pasajes cinematográficos vinculados a producciones sobre la Pasión y enfatizó la importancia de cultivar un abandono absoluto en los planes del Creador como demostración genuina de convicción religiosa.

“¿Acaso no estoy yo aquí contigo, que soy tu madre?’ Sí, María es para nosotros el don de Dios para vencer nuestros miedos, para practicar lo más importante que podemos practicar en nuestra vida, como una consecuencia bien concreta de nuestra fe, que es la confianza, el acto de confianza”, subrayó.

En esa misma línea argumentativa, añadió que “el abandono en la Divina Providencia” representa “el signo más realista de la autenticidad de la fe” en el contexto contemporáneo.

“México se caracteriza por ser la nación ungida por Dios en su historia para reconocer la realeza de Jesucristo”, aseguró Mons. Munilla durante su homilía, el 22 de agosto de 2026. Crédito: Basílica de Guadalupe.
“México se caracteriza por ser la nación ungida por Dios en su historia para reconocer la realeza de Jesucristo”, aseguró Mons. Munilla durante su homilía, el 22 de agosto de 2026. Crédito: Basílica de Guadalupe.

La nación mexicana y el reinado de Cristo

Durante la ceremonia litúrgica celebrada en la Basílica, el obispo español hizo mención especial a la identidad histórica del pueblo mexicano en relación con la fe cristiana y la figura de Jesucristo como soberano del universo y de la historia humana.

“Nada es casual, en la Providencia de Dios todo está entrelazado, y México se caracteriza por ser la nación ungida por Dios en su historia para reconocer la realeza de Jesucristo, en ese ‘¡Viva Cristo Rey!’, en esa consagración que hizo México en el año 1914 al Corazón de Jesús, pero reconociendo en él a Cristo Rey, poniéndole la corona, entregándole el cetro”, indicó.

Finalmente, al profundizar en la festividad de María Reina, el responsable eclesiástico exhortó a los asistentes a permitir que la figura de la Madre de Jesús interceda en la transformación interior y en la superación de los defectos personales.

“Sí, Él es Rey del Universo, es Rey de la Historia, y ahora en María Reina nos quiere decir que no basta con que le reconozcamos como Rey del Universo, tenemos que reconocerle y descubrirle como Rey de nuestro corazón”, señaló, agregando que la Virgen “quiere que Cristo reine en nuestros corazones”.

“Para eso queremos purificarnos, y decirle: ‘Madre, aquí tengo mis rencores, aquí tengo mis envidias, mis celos, mis impurezas. Tú sabes, Madre, qué es lo que impide que Cristo reine en mí. Puríficalo, Madre, sé instrumento de Dios para que Cristo reine en mí’. Esto es lo que le pedimos a nuestra Madre en el día de su coronación”, concluyó.

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