28 agosto, 2026

Imagen de Santa Rosa de Lima en la Basílica del Santísimo Rosario del Convento de Santo Domingo, en la capital del Perú. Crédito: EWTN Noticias.

Frente a las críticas y lecturas superficiales sobre su vida de rigor y sacrificio, las autoridades eclesiásticas han salido al paso para reivindicar la figura de la primera santa de América. Monseñor Javier del Río, arzobispo de Arequipa, afirmó categóricamente que la célebre limeña no presentaba trastornos mentales, sino que reflejaba la alegría profunda de quien decidió consagrar su existencia al fervor espiritual.

Una perspectiva anacrónica frente a la fe colonial

En vísperas de la festividad litúrgica que congrega a miles de fieles en territorio peruano y diversas naciones de la región, el prelado analizó las opiniones que cuestionan las prácticas de mortificación que caracterizaron el paso terrenal de Isabel Flores de Oliva, quien falleció a los 31 años en 1617.

A través de un pronunciamiento oficial difundido recientemente, el jerarca eclesiástico advirtió que ciertos sectores interpretan los ayunos y penitencias bajo parámetros estrictamente modernos, omitiendo el contexto religioso de la época virreinal y el propósito trascendental que motivaba cada una de sus acciones.

“La verdad, en cambio, es que ella fue una elegida de Dios desde su más tierna infancia y, por tanto, sólo se la puede comprender desde esa gratuita elección divina y desde las gracias que el mismo Dios le brindó y ella supo acoger”, expresó el arzobispo en su misiva.

El motor de su existencia: el amor místico

Lejos de una inclinación patológica hacia el dolor corporal, el origen de su entrega se encuentra en una experiencia íntima de devoción hacia Jesucristo crucificado. Según el análisis del líder eclesial, el fervor provino de una respuesta directa al afecto misericordioso de la divinidad.

Este vínculo alcanzó su punto culminante con el episodio del desposorio místico, fecha en la cual la tradición señala que experimentó una unión tan profunda con lo sagrado que deseó emular los padecimientos de la pasión. Diversos estudios académicos sobre el tema coinciden en que estas expresiones de austeridad correspondían a una “penitencia sana” impulsada por la centralidad de la fe y no a conductas autodestructivas.

Compromiso social y labor evangelizadora

El mensaje episcopal también hizo hincapié en la faceta solidaria y activa de la religiosa, destacando que su alegría espiritual se traducía en un servicio constante hacia los sectores más vulnerables de la sociedad colonial.

La joven destinaba recursos materiales a los necesitados y recorría los barrios limeños para auxiliar a enfermos desamparados, a quienes asistía en su propio hogar con el apoyo espiritual que denominaba cariñosamente como el “Doctorcito”, en referencia a Jesús.

Asimismo, su celo apostólico trascendió el ámbito asistencial. Recordando las palabras pronunciadas por San Juan Pablo II durante su pontificado, el arzobispo subrayó que la santa funcionó como una “intrépida evangelizadora” que incentivaba tanto a los ciudadanos comunes como al clero a difundir el mensaje cristiano.

Para la máxima autoridad de la Iglesia en Arequipa, el legado de la patrona de América encapsula los pilares fundamentales de la vivencia cristiana: la comunión con el Creador, la atención prioritaria a los pobres y el impulso misionero dirigido hacia toda la humanidad.

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