9 septiembre, 2026

El Coro de Niños Acólitos graba la nueva canción en el Santuario de Nuestra Señora de Cocharcas, provincia de Chincheros, en la región Apurímac (Perú). Crédito: P. Carlos Lopez

En las alturas de la región de Apurímac, un enclave donde los fieles han ascendido durante generaciones para depositar sus plegarias ante la Madre de Jesús, las jóvenes voces de una agrupación musical han dado nueva vida a la memoria espiritual de los Andes con la interpretación de “Ccollanan María”, un tradicional himno mariano entonado en lengua quechua que busca exaltar el fervor religioso mediante el patrimonio cultural autóctono.

Esta producción audiovisual, cuyo título se traduce al español como “Santa María”, ha sido estrenada recientemente por el Coro de Niños Acólitos de Huancavelica como parte fundamental de una iniciativa pastoral que fusiona el arte sonoro, la memoria histórica y la identidad de los pueblos originarios.

El rodaje tuvo como escenario principal el emblemático Santuario de Nuestra Señora de Cocharcas, situado en la provincia de Chincheros dentro de territorio apurimeño, consolidado como uno de los centros de peregrinación mariana más destacados y antiguos del país sudamericano.

Según detalló el presbítero Carlos López Bonifacio, quien ejerce como director de la agrupación vocal, el proyecto surgió con la firme intención de evidenciar que la espiritualidad arraigada en las comunidades cordilleranas posee una trayectoria centenaria que merece trascender fronteras.

“Queremos mostrar con este nuevo lenguaje musical y el lenguaje de la imagen la historia de la Virgen de Cocharcas, la fe que existe en este santuario y cómo la evangelización nació con una fe profundamente mariana”, explicó a ACI Prensa.

El Coro de Niños Acólitos presentó “Ccollanan María”, un canto mariano en quechua grabado en el Santuario de Cocharcas (Apurímac). Crédito: Cortesía
El Coro de Niños Acólitos presentó “Ccollanan María”, un canto mariano en quechua grabado en el Santuario de Cocharcas (Apurímac). Crédito: Cortesía

Una vivencia espiritual que germinó el proyecto musical

La chispa que dio origen a esta producción surgió de manera imprevista durante una visita pastoral realizada por el sacerdote a la Diócesis de Abancay, momento en el cual recorría el histórico templo devocional.

El guía espiritual relató que previo a presidir una liturgia eucarística en el recinto sagrado, sopesó la posibilidad de incluir la pieza coral en el repertorio litúrgico inicial. La confirmación definitiva llegó cuando, de forma completamente espontánea, una pobladora de la zona comenzó a tararear exactamente la misma melodía momentos antes de iniciar la ceremonia.

Aquel episodio fue interpretado por el sacerdote como una señal inequívoca de que la composición musical debía quedar indisolublemente vinculada al templo andino.

La materialización de la obra requirió meses de planificación y el traslado de los menores integrantes de la agrupación hasta la provincia apurimeña. Para financiar los traslados y la logística, las familias colaboraron activamente organizando diversas actividades solidarias, contando además con el respaldo económico de la Cooperativa Los Andes.

El desplazamiento hacia el santuario demandó una travesía terrestre superior a las 12 horas de trayecto. A su llegada, los menores fueron recibidos por el párroco local, el padre Alfredo Prado, cumpliendo además con el encargo de depositar a los pies de la imagen las peticiones que decenas de creyentes enviaron a través de una plataforma digital denominada buzón mariano.

El Coro de Niños Acólitos presentó “Ccollanan María”, un canto mariano en quechua grabado en el Santuario de Cocharcas (Apurímac). Crédito: Cortesía
El Coro de Niños Acólitos presentó “Ccollanan María”, un canto mariano en quechua grabado en el Santuario de Cocharcas (Apurímac). Crédito: Cortesía

Más de cuatro siglos de historia y fervor religioso

El trasfondo de esta composición musical entronca directamente con acontecimientos ocurridos en el siglo XVI, específicamente con la figura de Sebastián Martín Astowaraka, reconocido popularmente como Sebastián Quimichi, término que en el idioma de los incas alude a la condición de portador.

Los anales de la tradición señalan que este devoto nació en tierras cocharquinas en 1574 y que, tras sufrir una severa afectación física en una de sus extremidades superiores, emprendió una larguísima caminata hacia el santuario boliviano de Nuestra Señora de Copacabana en busca de alivio físico.

Tras adjudicar su milagrosa recuperación a la intercesión de la Virgen, el peregrino emprendió el retorno a su terruño natal cargando sobre sus hombros una réplica de la advocación mariana, arribando a su destino en el año 1598 y dando inicio a una corriente de devoción que se expandió por toda la cordillera peruana.

“Sebastián fue un peregrino de la fe. Gracias a él la fe mariana se arraigó en los Andes del Perú y hasta hoy muchas personas continúan peregrinando al santuario”, puntualizó el padre López al recordar las tradicionales marchas multitudinarias que cada año congregan a miles de feligreses.

Nuestra Señor de Cocharcas. Crédito: Dominio Público.
Nuestra Señor de Cocharcas. Crédito: Dominio Público.

Expansión territorial de una devoción centenaria

El culto a la Virgen de Cocharcas trascendió largamente los límites geográficos del departamento de Apurímac con el transcurso de las décadas, arraigándose con fuerza en diversas jurisdicciones del territorio peruano y extendiéndose hacia otras naciones sudamericanas y europeas.

El director del coro infantil indicó que existen manifestaciones concretas de esta veneración en regiones como Huancavelica, Junín, el Cusco, además de ciudades internacionales como Cochabamba en Bolivia, Lima e incluso comunidades en España.

“Hay imágenes, hermandades, colegios e instituciones que llevan el nombre de la Virgen de Cocharcas. Es una devoción que sigue viva”, enfatizó el sacerdote al reiterar que el propósito del material audiovisual es visibilizar un valioso patrimonio eclesiástico frecuentemente desconocido por las nuevas generaciones.

El P. Carlos López y el Coro de Niños Acólitos. Crédito: Cortesía
El P. Carlos López y el Coro de Niños Acólitos. Crédito: Cortesía

La labor formativa a través del arte sacro

Para los impulsores de esta iniciativa cultural, el ejercicio musical posee un potencial transformador indispensable para la comunicación de los valores espirituales dentro de las comunidades contemporáneas.

Asimismo, los organizadores recalcaron que uno de los saldos más significativos del proyecto recae sobre el desarrollo integral y la maduración personal de los niños participantes, quienes encuentran en el apostolado artístico una vía de crecimiento interior y un posible discernimiento vocacional hacia el ministerio sacerdotal.

Los versos centrales del himno retratan con sencillez la figura protectora de la advocación andina:

“Santa María, estrella que ilumina la noche, cuando perdemos el camino, te miramos una y otra vez”.

Las personas interesadas en respaldar de forma económica la labor pastoral y formativa desarrollada por el Coro de Niños Acólitos de Huancavelica pueden acceder al sitio web oficial habilitado en el enlace https://corodeacolitos.com/ayudanos/.

El Coro de Niños Acólitos de Huancavelica. Crédito: Cortesía
El Coro de Niños Acólitos de Huancavelica. Crédito: Cortesía

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