10 septiembre, 2026

Memoria y homenaje a un cuarto de siglo de la tragedia

Al cumplirse 25 años de los atentados terroristas perpetrados el 11 de septiembre de 2001, miembros destacados de la jerarquía eclesiástica en Estados Unidos emitieron mensajes de reflexión, convocaron a servicios litúrgicos solemnes y elevaron oraciones en memoria de las víctimas mortales y de los socorristas.

“Veinticinco años después, su recuerdo sigue vivo: en un nuevo perfil urbano, en sencillas placas y grandes monumentos conmemorativos, y en las fotografías de los miembros de los servicios de emergencia que perdieron la vida, que aún se exhiben fuera de las estaciones de bomberos y las comisarías”, afirmó el Arzobispo de Nueva York, Mons. Ronald Hicks, mediante un pronunciamiento oficial.

El arzobispo neoyorquino subrayó que se conmemora tanto a quienes fallecieron como el extraordinario valor, servicio, sacrificio y compasión que emanaron de la sociedad tras el suceso. Como parte de las conmemoraciones, el prelado presidirá una Misa de vigilia exclusiva por invitación en la Catedral de San Patricio.

En la capital del país, la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción albergará una eucaristía especial oficiada por Mons. Timothy Broglio. Dicho acto litúrgico buscará encomendar a la misericordia divina a los afectados y rendir tributo al personal de emergencias y de las Fuerzas Armadas que acudió al llamado nacional.

Llamado a la reconciliación y rechazo a la violencia

Desde la presidencia de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), el Arzobispo de Oklahoma City, Mons. Paul Coakley, instó a los fieles a unirse en sufragio por las personas abatidas en el World Trade Center, el Pentágono y en los campos de Pensilvania, extendiendo su abrazo solidario a las familias que continúan lamentando ausencias irreparables.

El dirigente episcopal recalcó que, ante un escenario global marcado por la intensificación de los conflictos, resulta imperativo asumir un papel activo en la construcción de la paz. “Mientras se intensifican los conflictos en todo el mundo, renovemos nuestro compromiso de ser instrumentos de la paz de Cristo en un mundo cada vez más fracturado y dividido”, aseveró.

Testimonios pastorales y cicatrices imborrables

Diversos líderes religiosos recuperaron vivencias personales de aquella jornada fatídica. El Arzobispo de Baltimore, Mons. William Lori, quien en 2001 pastoreaba la diócesis de Bridgeport, rememoró cómo recorrió estaciones de trenes para recibir a pasajeros traumatizados y acudió a centros médicos en busca de sobrevivientes con quemaduras, constatando posteriormente el dolor en los funerales de los caídos.

Por su parte, el Obispo de Bridgeport, Mons. Frank Caggiano, reflexionó sobre el significado del tiempo transcurrido para las comunidades afectadas. Recordó que, aunque el calendario avance, las heridas familiares siguen presentes y exigen un ejercicio constante de resiliencia y misericordia.

“La justicia sin misericordia se convierte en venganza, y la misericordia sin justicia se convierte en indulgencia. El perdón comienza con el pleno reconocimiento de la herida y luego se niega a permitir que esa herida determine el resto de una vida”, puntualizó Caggiano al evaluar el impacto a largo plazo de los ataques.

El legado espiritual según la comunidad católica ucraniana

En una carta pastoral conjunta, los obispos católicos ucranianos radicados en el país examinaron las enseñanzas que dejó la catástrofe. En el documento señalaron que el evento expuso tanto la capacidad de la humanidad caída para infligir daño extremo cuando el odio se apodera del corazón, como una capacidad aún mayor para la bondad, el valor, la compasión y el sacrificio.

Los prelados enfatizaron que el dolor compartido debe traducirse en una respuesta cimentada en la solidaridad y el amor al prójimo, concluyendo con el mandato apostólico de no dejarse vencer por el mal, sino superarlo mediante la práctica constante del bien.

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