

Ciclista de la Virgen de Guadalupe recorriendo México. Crédito: Cortesía de Tirando Photos / Jorge Alberto Mercado Padilla.
Tras pedalear por distintas regiones del territorio nacional con una efigie religiosa a sus espaldas, un devoto concluyó una travesía monumental motivada por la gratitud familiar. Santiago Caamal Beh, un hombre de 34 años procedente de la comunidad maya de Tixcacal Guardia, en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, transformó su devoción en una exigente prueba física que duró meses.
En declaraciones ofrecidas a ACI Prensa, el ciclista detalló que su conexión con la fe católica proviene de sus raíces familiares y se fusionó desde su juventud con su afición por el ciclismo. “Desde los 11 años empecé a peregrinar con un grupo”, recordó sobre sus primeros acercamientos a estas prácticas devocionales.
La promesa motivada por la salud materna
El origen de este desplazamiento se remonta a una etapa crítica cuando su madre sufrió una severa lesión que afectó su pie y tobillo. En el centro médico le notificaron que la intervención quirúrgica requerida costaría aproximadamente 130.000 pesos (equivalentes a cerca de 7.660 dólares), una cifra inaccesible para su economía doméstica.
Ante la imposibilidad de reunir dicha cantidad por medios propios, el devoto depositó su esperanza en el ámbito espiritual. Tras la mejoría de su progenitora, decidió adquirir una representación guadalupana de 20 kilogramos y 1.80 metros de altura para cumplir su palabra.
“Le prometí [a la Virgen] que un día lo iba a cargar y llevarla de punta a punta”, puntualizó sobre el compromiso que asumió antes de iniciar la ruta.
Una travesía monumental de seis meses
El punto de partida tuvo lugar el 12 de junio de 2025 en su localidad natal en la península de Yucatán. Tras avanzar por diversas vías terrestres, arribó al santuario ubicado en Cabo San Lucas, Baja California, el 28 de agosto de 2025, coincidiendo con su cumpleaños número 33 y tras haber transcurrido 77 días desde su salida.
No obstante, el trayecto continuó hasta el norte del país antes de emprender el retorno hacia el sureste mexicano. Sus estimaciones apuntan a que completó más de 16.000 kilómetros de ida y vuelta a lo largo de un periodo de seis meses.
A pesar del agotamiento físico y la dureza del terreno, especialmente en zonas complejas como La Rumorosa en Baja California, el peregrino mantuvo su determinación bajo la premisa de honrar su palabra. En el transcurso recibió el respaldo de ciudadanos locales que le brindaron víveres, alojamiento y asistencia en carretera.
Uno de los aspectos más significativos para el viajero fue presenciar la devoción de los lugareños al encontrarse con la imagen religiosa. “Muchas, pero en verdad muchas personas que conocí en el camino nomás llegaban [a donde estaba] y se arrodillaban ante ella [la Virgen] y le pedían”, expresó al relatar cómo diversos ciudadanos colocaron listones con intenciones particulares.








