Una movilización de fe en defensa de la comunidad extranjera
Un contingente compuesto por más de 100 católicos se congregó en la capital estadounidense para llevar a cabo una procesión pública y una manifestación pacífica en las inmediaciones del Capitolio. La iniciativa tuvo como propósito central abogar por la dignidad humana de la población migrante y visibilizar los desafíos que enfrentan cotidianamente en el país norteamericano.
La convocatoria estuvo a cargo del Proyecto Dorothea, una agrupación inspirada en el legado de las reconocidas figuras eclesiásticas Dorothy Day y la hermana Thea Bowman. La fecha elegida para la movilización fue el 15 de septiembre, coincidiendo deliberadamente con la festividad litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores, una de las advocaciones patronales del colectivo organizador.
Liturgia y recorrido espiritual junto al centro del poder legislativo
Las actividades comenzaron con una solemne Misa celebrada en la iglesia de San Pedro, situada en la zona de Capitol Hill. La ceremonia eucarística fue presidida por el obispo auxiliar de Washington, D.C., mons. Gary Studniewski. Una vez concluido el servicio religioso, los asistentes iniciaron una marcha a pie portando pancartas y rezando de manera continuada los misterios dolorosos del rosario hasta llegar al Upper Senate Park, un espacio verde contundente al complejo legislativo.
Durante su homilía, el jerarca eclesiástico estableció un paralelismo entre el sufrimiento de la Virgen María al pie de la cruz y el padecimiento actual de los extranjeros en situación de vulnerabilidad. Al respecto, mons. Studniewski expresó lo siguiente: «Queremos permanecer al pie de la cruz del sufrimiento, del Cristo sufriente, y queremos estar presentes junto a nuestros hermanos y hermanas que sufren, para ofrecer nuestras lágrimas, nuestras oraciones y nuestro consuelo».
El prelado también advirtió sobre las problemáticas estructurales que golpean a numerosas familias compuestas por hombres, mujeres y menores de edad. En esa línea, puntualizó: «Nos reunimos hoy conscientes de los muchos hombres, mujeres y niños —familias reales— que sufren la injusticia de ser maltratados como inmigrantes, migrantes y extranjeros». Asimismo, agregó que ante la aparente impotencia, la cercanía física y la solidaridad reconfortan a los afectados al recordarles que «ellos no están solos. Están acompañados en su sufrimiento. Son amados».
Voces expertas y el impacto de las políticas actuales
Por su parte, Anna Marie Gallagher, directora ejecutiva de la Red Católica de Inmigración Legal (CLINIC), institución vinculada a la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), advirtió que la protesta se produce en un «momento difícil y preocupante para las comunidades inmigrantes en Estados Unidos». La especialista recalcó que los procesos de expulsión golpean indiscriminadamente a personas arraigadas en la sociedad que llevan años trabajando, practicando su fe y criando a sus hijos.
Gallagher subrayó que la normativa migratoria contemporánea presenta grises complejos más allá de las categorías simplistas de legalidad o ilegalidad, puesto que muchos individuos quedan desprotegidos al vencer sus permisos temporales o modificarse repentinamente los marcos regulatorios. Ante esta coyuntura, enfatizó que las directrices gubernamentales deben resguardar «la seguridad de las familias y la vida humana». Dirigiéndose directamente a los afectados, manifestó: «Ustedes forman parte de nuestras comunidades. Su dignidad no depende de su situación migratoria. No son invisibles y la Iglesia continuará caminando junto a ustedes».
Testimonios de los participantes y acción legislativa
Entre los manifestantes se encontraban ciudadanos desplazados desde diversos estados. Kathy O’Leary, asistente procedente de Nueva Jersey, remarcó la urgencia de sumarse a las iniciativas activas para evidenciar el afecto hacia el prójimo. Paralelamente, activistas como Art Laffin, perteneciente al movimiento Catholic Worker, exhibieron consignas hechas a mano que rezaban: «Amar al prójimo significa acoger al inmigrante, no detenerlo ni deportarlo».
En la misma línea, Ken Cooper fundamentó su presencia apelando a preceptos bíblicos del Nuevo Testamento al señalar que «cuando acoges al extranjero, acoges a Cristo», reiterando que cualquier ser humano debe recibir un trato digno.
Como cierre de la jornada de incidencia política, los organizadores del Proyecto Dorothea coordinaron y condujeron a distintos grupos de manifestantes hacia las oficinas de varios legisladores en el Congreso federal. Katie Holler, fundadora de la plataforma promotora, valoró de forma muy positiva la amplia respuesta de la ciudadanía y destacó que el respaldo pastoral ofrecido por jerarcas de la Iglesia católica fomenta un escenario propicio para incrementar la participación activa de los fieles en la defensa de los derechos de los migrantes.








