24 septiembre, 2026

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Para José Chang, seminarista chino, habría sido imposible ver al Papa León XIV en persona de no haber sido porque, tras completar su formación en el Seminario Mayor de Pekín, su obispo le propuso trasladarse a Navarra (España). Así pudo realizar un sueño: participar en la vigilia del sábado en la Plaza de Lima y en la misa solemne de Cibeles. Tiene 25 años y una sonrisa que refleja la fortaleza silenciosa de miles de católicos chinos.

Actualmente cursa estudios de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y reside en el Seminario Internacional Bidasoa, donde continúa preparándose para convertirse en sacerdote de la Archidiócesis de Taiyuan. Como él, un total de 30 seminaristas y sacerdotes chinos estudiaron el año pasado en Europa gracias a las becas de la Fundación CARF, una entidad que no recibe ningún tipo de subvención pública.

José Chang es un seminarista chino que reside en el Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Crédito: Fundación CARF.
José Chang es un seminarista chino que reside en el Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Crédito: Fundación CARF.

De ellos, 17 cursaron sus estudios en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en Roma (Italia), mientras que otros 13 lo hicieron en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona (España).

Desde 1989, esta institución impulsa la formación de seminaristas, sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas de todo el mundo para que puedan servir mejor a las Iglesias de las que proceden. En casi cuatro décadas de actividad, la Fundación CARF ha ayudado, gracias a las aportaciones de socios, benefactores y amigos, a cerca de 30.000 alumnos de 130 países.

129 obispos y cuatro cardenales fueron becados gracias a CARF

Los beneficiarios proceden, en muchos casos, de diócesis y territorios donde difícilmente habrían podido acceder a una formación sólida, cuyos frutos revierten posteriormente en las comunidades a las que regresan. Entre quienes han recibido estas ayudas figuran 129 obispos y cuatro cardenales.

Uno de esos 129 obispos procede precisamente de China y fue designado en el marco del acuerdo firmado entre la Santa Sede y el Gobierno de Pekín en 2018. Es el obispo número 18 nombrado desde entonces.

Se trata de Mons. Andrea Ding Yang, que recibió la ordenación episcopal el pasado 8 de septiembre como obispo de la diócesis de Chongqing, en el suroeste de China. La sede permanecía vacante desde el 26 de marzo de 2001.

Ding Yang nació el 16 de septiembre de 1981 en el distrito de Hechuan, perteneciente al municipio de Chongqing. Ingresó en el Seminario de Pekín en el año 2000 y completó allí su formación sacerdotal en 2006. Fue ordenado sacerdote el 24 de mayo de 2007, después de un año de servicio pastoral en la parroquia de San José de Yuzhong, en Chongqing, de la que más tarde sería vicario parroquial.

Entre 2009 y 2011 amplió sus estudios de Teología en la Universidad San José de Macao. Posteriormente, entre 2012 y 2014, desempeñó labores como formador en el Seminario Teológico Nacional de Pekín.

Según precisó el comunicado del Vaticano, en marzo de 2014 se trasladó a Roma para continuar su formación en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

Sin embargo, como aparece en su currículum, solo hizo un curso y no pudo seguir con sus estudios porque fue reclamado de vuelta a China para trabajar en una parroquia, en servicio a su comunidad.

La formación que reciben los alumnos becados busca proporcionar, según explica Álvaro Sánchez Carpintero, director de Promoción y Desarrollo de la Universidad, “una preparación integral en los ámbitos intelectual, humano, espiritual y pastoral”.

El objetivo es, en este sentido, que cada sacerdote pueda responder mejor a las necesidades de la Iglesia y de las personas que le serán confiadas a lo largo de su ministerio.

En el caso de China, esta misión adquiere un significado especial. “Formar a un sacerdote chino significa contribuir, modestamente, a que la Iglesia en China pueda contar con sacerdotes bien preparados, capaces de anunciar el Evangelio, acompañar a sus comunidades y servir a los fieles con profundidad y con una sólida formación en la fe”, explica Sánchez Carpintero.

“Al mismo tiempo, para nosotros es también una oportunidad de enriquecimiento. Un sacerdote que viene de China no recibe solamente algo de Santa Croce: aporta a la Universidad su experiencia, su cultura y su conocimiento de una realidad eclesial que tiene mucho que enseñar a la Iglesia universal”, detalla a continuación.

Por eso, resume, “cuando ayudamos a la formación de un sacerdote, no estamos pensando únicamente en una persona. Estamos pensando en todas las personas a las que ese sacerdote podrá servir a lo largo de su vida. Es una inversión en el futuro de la Iglesia y, en definitiva, una forma concreta de colaborar con la misión evangelizadora de la Iglesia en China”.

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