

Basílica Nuestra Señora de Luján | Crédito: Santuario de Luján
La emblemática localidad bonaerense se alista para albergar el próximo 11 de noviembre al Sumo Pontífice en el marco de su gira por el país. Las estimaciones oficiales calculan una concurrencia superior a los 2 millones de personas en el histórico santuario mariano, que en 2030 conmemorará cuatro siglos de resguardo espiritual para la comunidad nacional.
Esta será la segunda oportunidad en la historia contemporánea que el máximo jerarca de la Iglesia católica convoca a semejante multitud en este punto geográfico, repitiendo el hito histórico protagonizado por San Juan Pablo II en 1982. El recorrido por territorio argentino concluirá precisamente en este enclave antes de que el jerarca continúe su agenda pastoral hacia Perú.
Un espacio de recogimiento y fortaleza comunitaria
Para el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, el templo funciona como un termómetro social. “Luján es una caja de resonancia de la vida de nuestro pueblo, nuestro pueblo pobre”, aseguró a ACI Prensa, al tiempo que reconoció que en el lugar “resuena mucho el sufrimiento”.
No obstante, el prelado enfatizó que las dificultades cotidianas se transforman en una vivencia de superación: “La gente no va a Luján a bajar los brazos; va a entregar, va a ofrecer, va cansada, va dolida, pero va a la Madre con esa fuerza, esa capacidad de resiliencia, de ponerse de pie”.
De cara al arribo papal, las autoridades de las distintas jurisdicciones gubernamentales y los cuerpos de seguridad diagraman un operativo logístico complejo. Dado que la capacidad vial de la ciudad es acotada, se implementarán esquemas específicos para garantizar un flujo vehicular ordenado y una recepción segura para los asistentes, complementados con una vigilia nocturna previa.
Una comunidad en movimiento y diálogo constante
Al describir la realidad eclesial del país, el arzobispo prefirió eludir posturas rígidas y calificó a la comunidad como dinámica y misionera. En esa línea, remarcó la importancia de la encíclica Magnifica humanitas y su llamado a superar las divisiones sociales mediante la construcción de un entorno fraterno.
Respecto a la figura del Santo Padre, el prelado destacó que su arribo representará un mensaje de unidad universal. “Todos en él nos sentimos unidos. Católicos de distintas culturas, de distintas lenguas, es un signo de comunión muy fuerte que Jesús ha dejado. Entonces no viene Francisco, viene Pedro, que hoy se llama León”, puntualizó.
Asimismo, reconoció el lazo indeleble que mantiene el pueblo argentino con el Papa Francisco, adelantando que durante la estadía se realizarán homenajes y encuentros específicos con obispos y laicos en Buenos Aires.
Un llamado a la concordia social
Lejos de depositar expectativas mágicas en el acontecimiento, monseñor Scheinig instó a reflexionar sobre la necesidad genuina de entendimiento colectivo. “El Papa puede provocar otro tipo de encuentro, ¿no? Un encuentro que ya no es por haber ganado o haber salido primero, sino un encuentro porque somos hermanos, nos necesitamos, porque de este laberinto en el que estamos metidos no salimos si no somos capaces de caminar juntos”, expresó.
Finalmente, el arzobispo formuló una convocatoria abierta a toda la ciudadanía: “Yo desearía que los argentinos tengamos un corazón abierto para escuchar su mensaje, ver sus gestos”, concluyó, invitando a valorar las enseñanzas que dejará esta histórica travesía pastoral.








