27 septiembre, 2026

Una niña migrante juega con la cruz pectoral del Papa en el Centro Las Raíces de Canarias en su viaje apostólico a España en junio del 2026. Crédito: Vatican Media.

Dentro del complejo panorama de los desplazamientos globales, los menores de edad constituyen el sector más frágil y desprotegido de la población en movilidad. Así lo advierte Amaya Valcárcel, especialista en incidencia del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) y asesora del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede, quien subraya la urgencia de atender esta problemática con un enfoque profundamente humano.

Con motivo de la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado convocada para este domingo 27 de septiembre, el pontífice ha querido situar a la niñez en el centro del debate internacional. La magnitud de la crisis queda reflejada en las estadísticas recientes de organismos especializados: al cierre de 2025, el volumen global de personas desplazadas por la fuerza alcanzó la cifra de 117,8 millones, de los cuales 68,7 millones corresponden a desplazados internos que huyen fundamentalmente de contextos bélicos, persecuciones y violencia generalizada.

Rostros e historias frente a las estadísticas

Para la consultora vaticana, el error más común radica en reducir una crisis humanitaria a una simple cuestión numérica. En sus propias palabras: “El Papa nos invita a entender que los migrantes no son números, sino rostros concretos con historias únicas. En especial los menores. Cada año millones de niños y adolescentes se ven obligados a abandonar su tierra por distintas causas. Pueden ser las guerras, pero también la violencia, los conflictos armados, la pobreza o los desastres medioambientales”.

Ante esta realidad, la especialista recalca que es imperativo un cambio radical en la perspectiva política e institucional, desplazando el enfoque tradicional centrado exclusivamente en el control y la gestión de fronteras hacia una garantía absoluta e inmediata de los derechos fundamentales de cada individuo.

El impacto invisible de la falta de oportunidades

Entre los múltiples factores que propician el éxodo, existe uno que habitualmente pasa desapercibido para la opinión pública: la ausencia de sistemas educativos estables y accesibles. Muchas familias deciden emprender el peligroso camino de la migración al comprobar que sus lugares de origen no ofrecen ninguna perspectiva de formación para sus hijos. Al fin y al cabo, cualquier padre haría lo mismo por el bien de sus hijos, reflexiona la experta al analizar los motivos profundos que impulsan a los núcleos familiares a dejarlo todo.

Las cifras de la infancia en tránsito continúan siendo alarmantes. Solamente en el transcurso de 2025, los registros de organizaciones internacionales indican que más de 35.300 menores llegaron a territorio europeo dentro de un flujo migratorio total que superó los 155.000 individuos. Pese a la visibilidad de estas rutas, Valcárcel recuerda que el mayor peso de la acogida recae sobre regiones en desarrollo. Países como Chad, Sudán del Sur o Líbano soportan una presión humanitaria inmensa, confirmando que el 86 % de los refugiados permanece en naciones vecinas que ya afrontan graves limitaciones socioeconómicas.

El Papa saluda a un grupo de migrantes subsaharianos atendidos en el Centro Las Raíces en Canarias durante su viaje apostólico a España. Crédito: Vatican Media.
El Papa saluda a un grupo de migrantes subsaharianos atendidos en el Centro Las Raíces en Canarias durante su viaje apostólico a España. Crédito: Vatican Media.

Múltiples formas de vulneración de derechos

El sufrimiento de los niños y adolescentes migrantes no se limita al hecho físico del desplazamiento. Con frecuencia, estos menores arrastran traumas severos tras presenciar hechos violentos extremos o perder a sus padres, hermanos y amigos en el camino. A la angustia de la separación se suman peligros tan graves como la trata de personas, la explotación laboral, el reclutamiento forzoso por parte de grupos armados, la violencia de género y los matrimonios infantiles. Todo ello evidencia cómo la dignidad de la infancia más desfavorecida es pisoteada de múltiples maneras a lo largo de las rutas de tránsito.

Una perspectiva inspirada en el Evangelio

El lema escogido por la Iglesia para esta edición, Incluso uno solo de estos pequeños, tomado del texto bíblico de Mateo 18, 10, posee una profunda resonancia espiritual que invita a la reflexión comunitaria y personal.

Sobre este pasaje, la representante del SJR destaca que “todo debe leerse a la luz del Evangelio y de la Sagrada Escritura. Vemos cómo Jesús interpela profundamente la conciencia de cada uno cuando nos dice: ‘El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí’. Esto aparece en Mateo 18. La Iglesia no mira a los migrantes como una cuestión de cifras o estadísticas”.

Como respuesta práctica a este mandato, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral ha impulsado la recopilación de diversas buenas prácticas pastorales alrededor del planeta. Entre los modelos destacados figuran los talleres de formación humana y laboral de la Fundación Madre Josefa en Chile, el acompañamiento psicológico que imparte Cáritas Maracaibo en Venezuela, la labor humanitaria de la Pastoral de Movilidad Humana en El Salvador, la extensa red de asistencia fronteriza coordinada en El Paso (Estados Unidos) junto a las Hermanas Scalabrinianas, y los servicios de alojamiento y asesoría legal que ofrece el Hogar Misericordia en Costa Rica.

La reunificación familiar como prioridad absoluta

Para concluir, la consultora vaticana insiste en que las políticas públicas deben fundamentarse en el principio del interés superior del menor, una norma universal que obliga a anteponer la protección infantil en cualquier procedimiento legal. En este sentido, la experta señala que la reunificación familiar es esencial, probablemente una de las medidas más importantes para proteger a los niños y evitar los traumas derivados de la separación.

Nuevos