1 octubre, 2026

Imagen referencial. Crédito: Shutterstock.

En el marco del Día Internacional de las Personas de Edad, conmemorado cada 1 de octubre, diversas figuras históricas y religiosas han dejado profundas enseñanzas sobre el valor de la población longeva en la sociedad actual. Entre ellos destacan dos referentes contemporáneos de la Iglesia Católica: San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta, quienes coincidieron en señalar que el trato hacia los mayores es un barómetro ético y espiritual de cualquier comunidad moderna.

La visión de San Juan Pablo II sobre la longevidad y la sabiduría

Durante su pontificado, el Papa polaco abordó en repetidas ocasiones el papel fundamental de los adultos mayores. En su mensaje para la Cuaresma de 2005, el entonces jerarca pontificio enfatizó que llegar a la edad madura es, en la visual bíblica, signo de la bendición y de la benevolencia del Altísimo, describiendo la longevidad como un especial don divino.

Papa Juan Pablo II. Crédito: daily_creativity / Shutterstock
Papa Juan Pablo II. Crédito: daily_creativity / Shutterstock

El avance de la ciencia y la medicina contemporánea ha propiciado un incremento notable en la esperanza de vida, lo cual demanda una estrategia social más focalizada. El Pontífice argumentó que es indispensable ayudar a estas personas a vivir sus grandes potencialidades con mayor plenitud, poniéndolas al servicio de toda la comunidad. Para lograrlo, instó a las estructuras eclesiales y civiles a priorizar el acompañamiento integral para evitar el aislamiento.

“Vuestra ayuda permitirá a muchos ancianos que no se sientan un peso para la comunidad o, incluso, para sus propias familias, y evitará que vivan en una situación de soledad, que los expone fácilmente a la tentación de encerrarse en sí mismos y al desánimo”, declaró en su momento. Asimismo, el Papa insistió en que los ancianos constituyen, en todo caso, un gran valor que debe ser debidamente apreciado y acogido.

Según el pensamiento de Juan Pablo II, el tiempo disponible en la vejez propicia una valiosa introspección frente a las grandes interrogantes de la existencia, permitiendo enfocar la atención en aquello que trasciende el paso del tiempo. De este modo, la experiencia acumulada se convierte en un faro para guiar a las nuevas generaciones.

El testimonio de Santa Teresa de Calcuta y la pobreza de la soledad

Por su parte, la fundadora de las Misioneras de la Caridad abordó esta problemática desde la perspectiva del servicio directo a los más desfavorecidos. En su célebre discurso del Premio Nobel de la Paz, ofrecido el 11 de diciembre de 1979, la religiosa reflexionó sobre cómo el ser humano ha sido creado para amar y ser amado, encontrando el rostro de lo sagrado en los sectores más vulnerables de la sociedad.

Estatua de la Madre Teresa de Calcuta sosteniendo a un niño. Crédito: Foto vívida PC / Shutterstock
Estatua de la Madre Teresa de Calcuta sosteniendo a un niño. Crédito: Foto vívida PC / Shutterstock

La religiosa compartió una desgarradora anécdota tras visitar un asilo en un país desarrollado. A pesar de que los residentes contaban con excelentes comodidades materiales, la estampa general era desoladora. Al respecto, recordó que todos miraban hacia la puerta con la ilusión de recibir la visita de sus seres queridos, constatando que no vi a nadie con una sonrisa en el rostro debido al profundo dolor del abandono familiar.

Para la santa de Calcuta, esta indiferencia representa una forma de indigencia sumamente dolorosa que se gesta de manera silenciosa en los núcleos domésticos. Por esta razón, extendió un llamado urgente a mirar hacia el interior de los propios hogares y atender las necesidades emocionales de aquellos parientes que experimentan tristeza, enfermedad o marginación afectiva, recordando la vigencia de la solidaridad y el afecto cotidiano.

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