

La Abuela Catequista y sus nietos. Crédito: Cortesía de Mina Colina.
Al alcanzar la edad de 60 años, una simple interrogante formulada por su hermana gemela sobre los proyectos futuros llevó a Mina Guadalupe Colina a replantearse su rol vital. Lejos de pensar en el descanso tradicional, su respuesta fue contundente: aspiraba a convertirse en una mentora espiritual para las nuevas generaciones de su familia.
De este modo nació una dinámica enfocada en guiar a otras personas de la tercera edad en la tarea de inculcar creencias religiosas a los menores mediante un proyecto virtual denominado “Abuela Catequista”. Esta madre y abuela de ocho nietos encamina sus esfuerzos hacia la denominada catequesis temprana, un periodo que abarca desde la gestación hasta los siete años de edad.


La metodología propone citas semanales entre abuelos y menores en un horario y espacio fijos con la finalidad de acercarlos a la divinidad. Para facilitar esta labor, la creadora proporciona materiales de apoyo que incluyen lecturas, guiones temáticos, listas musicales y dinámicas recreativas adaptadas para la infancia.
No obstante, la fundadora recalca que el proceso fomenta una transformación mutua. Al respecto, Mina Colina señaló en entrevista con ACI Prensa: “Catequizando nuestros nietos, nos catequizamos nosotros”.
Trayectoria y raíces del proyecto espiritual
Oriunda de la Ciudad de México y criada en suelo venezolano, Mina cursó estudios en Administración y Gerencia, además de especializarse en Locución en la Universidad Central de Venezuela. Su trayectoria profesional incluyó una etapa en la radiodifusión, medio que aprovechó para promover principios éticos y valores humanos.
Su vinculación con la espiritualidad se consolidó a través de diversas experiencias de servicio, desde su juventud en agrupaciones de exploradores hasta su posterior cercanía con el Opus Dei. Dicha formación constante dejó una huella profunda en su perspectiva de vida.
Sobre la constancia en el adoctrinamiento, recuerda que “ese medio de formación semanal, tarde o temprano termina horadando la piedra”, y añade con convicción: “Damos catequesis y cosechamos santos”.


La iniciativa germinó a partir de vivencias familiares muy cercanas, particularmente con su nieta mayor antes de su nacimiento. Tras un episodio significativo frente a una representación mariana, la pequeña demostró desde sus primeros meses una marcada inclinación hacia los símbolos religiosos, prefiriendo una figura del Niño Jesús frente a un juguete común.
Para la promotora, esta anécdota encapsula el sentido de su labor. Recordando las directrices evangélicas de permitir que los pequeños se acerquen a lo sagrado, sostiene que su labor se alinea con el mandato de guiar a las nuevas generaciones hacia la fe.
Herramientas pedagógicas para acercar la doctrina a la infancia
El sistema estructurado por la promotora toma como eje central las lecturas litúrgicas dominicales. Cada semana elabora un documento que engloba los textos del Evangelio, los salmos y las lecturas correspondientes, complementándolo con recursos multimedia y manualidades.
El objetivo principal consiste en diversificar las vías de aproximación para los menores mediante canciones, lecturas adaptadas y pasatiempos didácticos vinculados a las enseñanzas cristianas. Estas sesiones suelen prolongarse por espacio de 40 a 45 minutos semanales.


Para la impulsora del proyecto, este lapso funciona como un respiro frente al flujo constante de información externa al que están expuestos los niños hoy en día. Al respecto, describe la actividad como un momento para “extraerlos del mundo para llevarlos al cielo durante 40 minutos”, comparando la instrucción temprana con el aprendizaje fluido de un idioma nativo.
Un nuevo horizonte vital para los adultos mayores
Más allá de la instrucción doctrinal infantil, la propuesta pretende revitalizar el rol de los abuelos en la sociedad actual, demostrando que la etapa de la jubilación puede convertirse en un punto de inflexión positivo para el desarrollo personal y familiar.
Con la premisa de centrar los esfuerzos en la labor constante más que en los resultados inmediatos, la fundadora enfatiza la importancia de la perseverancia:
“Mejor no trabajar por los frutos, trabajar en la siembra, en la siembra, en la siembra. El esfuerzo es de nosotros. Los frutos son de Dios”, puntualiza.


Finalmente, el mensaje central dirigido a las personas mayores radica en aprovechar la última etapa de sus vidas para influir positivamente en su entorno inmediato. La meta última no se limita al memorizar rezos, sino en dotar a las futuras generaciones de un cimiento sólido y un referente espiritual que los acompañe a lo largo de su existencia.








