Durante su intervención en un conocido espacio radiofónico, el obispo de Orihuela-Alicante, monseñor José Ignacio Munilla, centró su atención en la importancia espiritual de consagrar el décimo mes del año a la oración mariana, exponiendo cinco razones fundamentales para mantener esta práctica devocional de forma cotidiana.
1. La reiterada petición de la Virgen a lo largo de la historia
El prelado argumentó que la insistencia de la Madre de Dios en distintas apariciones aprobadas y reconocidas por la Iglesia constituye un motivo primordial. A su juicio, el hecho de que se haya solicitado este rezo en repetidas ocasiones “tenía que ser ya suficiente” para motivar a los fieles a tomar las cuentas cada día.
Entre los hitos recordados por el obispo figura la entrega de esta devoción a Santo Domingo de Guzmán en 1208 frente a los cátaros, así como su presencia central en las 18 apariciones de Lourdes en 1858. Asimismo, destacó las palabras pronunciadas en Gietrzwald en 1877, cuando la advocación polaca expresó: “Deseo que recéis el Rosario todos los días” y “rezad el Rosario con fervor”.
El caso de Fátima en 1917 fue calificado por el prelado como el episodio central, recordando la instrucción del 13 de mayo: “Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”. Del mismo modo, mencionó las apariciones en Cuapa (Nicaragua) en 1980, donde se pidió meditar los misterios e impulsarlos en el núcleo familiar y parroquial, además de las referencias en Kibeho (Ruanda), San Nicolás (Argentina) y la experiencia pastoral de Medjugorje.
2. Una vía privilegiada para contemplar a Cristo junto a María
Como segundo argumento, el jerarca eclesiástico señaló que esta devoción permite adentrarse en los misterios de la vida de Jesús —agrupados en gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos— acompañados por la Virgen. Apoyándose en la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae promulgada por San Juan Pablo II en 2002, recordó que nos encontramos ante una práctica de naturaleza cristocéntrica.
El obispo explicó que esta dinámica consiste en “dejar que el Evangelio entre por la repetición humilde, contemplar el rostro de Cristo con María”, funcionando como un auténtico compendio de las escrituras adaptado al pueblo.
3. Accesibilidad universal y fomento de un vínculo cercano con la divinidad
En tercer lugar, el prelado puso de relieve la universalidad de esta herramienta espiritual, contrastándola con las limitaciones prácticas de otros sacramentos cotidianos. Citando a Sor Lucía de Fátima, recordó que mientras la Eucaristía diaria no siempre está al alcance geográfico de todos los creyentes, “el Rosario, en cambio, cabe en cualquier estado de vida, a cualquier hora, en cualquier lugar”.
Por este motivo, la religiosa portuguesa consideraba que, inmediatamente después de la Misa, esta plegaria se erige como “la oración más grata a Dios y más provechosa para el alma”.
4. Una poderosa defensa espiritual y herramienta de intercesión
El cuarto punto abordado incide en la eficacia de esta devoción como arma de combate frente a las dificultades terrenales. Monseñor Munilla recordó que pontífices como León XIII le dedicaron numerosos documentos oficiales, presentándola como un antídoto frente a las problemáticas sociales, una línea que posteriormente continuaría Juan Pablo II al vincularla estrechamente con la consecución de la paz.
5. Armonización interior y custodia del corazón
Finalmente, el obispo destacó que la constancia en este ejercicio devocional fortalece las virtudes teologales —fe, esperanza y caridad— y previene la asimilación de los valores seculares. Sostuvo que “la repetición ordena el interior”, permitiendo que la meditación constante devuelva la perspectiva sobre aquello que trasciende.
Para concluir sus reflexiones, el prelado recurrió a las palabras de San Juan Bosco para sintetizar el valor de esta práctica en la vida del creyente: “El Rosario es necesario para la salud del alma como el pan es necesario para el cuerpo”.








