

Mons. Joseph Spiteri dirigiendo unas palabras a la gente de Culiacán el 7 de octubre de 2026. Crédito: Templo de Nuestra Señora de Guadalupe “La Lomita” Cln
Durante una intensa gira pastoral de cuatro días por la Diócesis de Culiacán, en el estado mexicano de Sinaloa, el Nuncio Apostólico en el país, Mons. Joseph Spiteri, instó a los fieles a convertirse en verdaderos artífices de la reconciliación en una zona severamente castigada por los enfrentamientos entre facciones delictivas.
El recorrido, que abarcó del 7 al 10 de octubre, incluyó encuentros directos con personas privadas de la libertad, empresarios, profesionales de la información, afectados por la inseguridad y diversos sectores comunitarios. Como parte de su agenda, el representante papal, acompañado por el obispo local Mons. Jesús José Herrera Quiñones, sostuvo una reunión institucional con Graciela Domínguez, gobernadora interina de la entidad.


Esta misión pastoral se desarrolló en un contexto de abierta confrontación entre los grupos conocidos como Los Chapitos —vinculados a la descendencia de Joaquín “El Chapo” Guzmán— y La Mayiza, facción leal a los seguidores de Ismael “El Mayo” Zambada. La ruptura entre ambos bandos se intensificó tras las detenciones ocurridas en Texas, Estados Unidos, el pasado 25 de julio, donde fueron aprehendidos Zambada y Joaquín Guzmán López. Posteriormente, el propio Zambada denunció haber sido víctima de una celada en la que habrían colaborado autoridades locales y miembros del grupo rival.
Las repercusiones de estos acontecimientos detonaron una ola de violencia en la región. Las estadísticas oficiales de la Fiscalía estatal documentan que, en el periodo comprendido entre septiembre del año pasado e igual mes de la actual anualidad, se han contabilizado 3.181 homicidios dolosos y 1.375 robos con violencia, además de otros ilícitos de alto impacto social. Paralelamente, el gobernador titular, Rubén Rocha Moya, permanece bajo licencia indefinida mientras autoridades judiciales estadounidenses investigan a una decena de funcionarios y exfuncionarios mexicanos por supuestos vínculos con el narcotráfico.
Una jornada de oración comunitaria
Uno de los momentos más significativos de la estancia episcopal fue la celebración del Rosario por la Paz, llevado a cabo en el emblemático templo de Nuestra Señora de Guadalupe, popularmente llamado La Lomita, situado en la capital sinaloense.
En su mensaje central ante la grey católica, el enviado del Vaticano apeló a la metáfora del trabajo manual para ilustrar el compromiso cristiano ante la crisis: “No queremos la paz de cementerios. No Queremos la paz de un silencio impuesto con la fuerza. Queremos el don de la paz que ofrece a cada persona la posibilidad de realizarse como hijo o hija de Dios”, puntualizó, comparando la labor de los creyentes con la de quienes se “ensucian las manos para crear algo muy bonito”. Asimismo, rogó a la comunidad mantener viva la plegaria y buscar la intercesión mariana para transformar el entorno.


Llamado a no normalizar la tragedia
Durante la eucaristía de clausura, oficiada en un centro educativo de la localidad, el obispo diocesano reconoció el valor de la visita papal como un aliento tangible para la comunidad eclesial.
“En cada uno de estos encuentros nos ha recordado que nadie debe ser descartado. Que toda vida conserva su dignidad y que la Iglesia está llamada a acercarse especialmente a quienes sufren, a quienes necesitan ser escuchados y a quienes esperan una palabra de consuelo y una mano que los acompañe”, manifestó Mons. Jesús José Herrera Quiñones.
El jerarca católico admitió que el sufrimiento de los hogares afectados forma parte de la dura realidad diaria, pero enfatizó la necesidad imperativa de no acostumbrarse a la barbarie ni permitir que el miedo dicte las normas de convivencia social, calificando el paso del Nuncio como un bastión de esperanza para los creyentes.










