Multitudinaria carrera atlética en la capital mexicana recauda fondos para ministros sagrados retirados y vulnerables
Con un fuerte espíritu de solidaridad y devoción, una multitud se congregó en las inmediaciones del emblemático santuario mariano para formar parte de la iniciativa pedestre impulsada por la jerarquía eclesiástica local. El evento deportivo tuvo como objetivo principal brindar asistencia económica a los presbíteros que enfrentan complicaciones de salud o se encuentran en su etapa de retiro en la capital del país.
La convocatoria superó las expectativas iniciales al congregar a aproximadamente 3.000 personas, quienes llenaron de energía las rutas trazadas alrededor de la Calzada de Guadalupe en una mañana dominical marcada por la convivencia comunitaria y el ejercicio físico.
Una eucaristía previa para bendición de los atletas
Las actividades comenzaron en las primeras horas de la madrugada, concretamente a las 6:00 horas, cuando el sol apenas comenzaba a iluminar el valle central. En el atrio del recinto religioso se celebró una solemne liturgia eucarística que sirvió como punto de partida espiritual para los asistentes.
La ceremonia religiosa estuvo encabezada por el sacerdote Alberto Orozco del Pino, quien funge como promotor de la justa atlética. Durante su mensaje ante los fieles, el presbítero enfatizó que el verdadero motor de la reunión no era la competencia en sí, sino el profundo agradecimiento a los sacerdotes que han entregado su existencia al servicio pastoral.
Asimismo, Orozco del Pino reflexionó sobre el rol de la comunidad eclesial en la sociedad moderna, exhortando a los presentes a influir positivamente en su entorno cotidiano. “La Iglesia está en el mundo y está invitada a entrar en el mundo para cambiarlo desde dentro”, expresó el organizador, recordando el deber de los creyentes de santificar sus actividades diarias.
El sacerdote añadió un mensaje motivacional al señalar: “Hoy estamos aquí para dar testimonio con nuestro sudor, con nuestro cansancio, con nuestras alegría de lo importante que es para nosotros la fe, lo que es importante para nosotros, la construcción del Reino de los Cielos”.
Recorridos diversos y participación familiar
Una vez concluida la ceremonia litúrgica, se dio paso a las salidas escalonadas de las distintas divisiones dispuestas para la ocasión. Los andarines y corredores pudieron elegir entre trayectos de 3, 5 y 10 kilómetros, adaptándose así a sus respectivas capacidades físicas y niveles de entrenamiento.
El ambiente estuvo caracterizado por la integración de familias completas, jóvenes, adultos mayores y numerosos integrantes de distintas comunidades parroquiales. Un elemento distintivo de la jornada fue la presencia de religiosos y religiosas que recorrieron el circuito portando sus hábitos tradicionales, una estampa que llamó poderosamente la atención de los espectadores.
El banderazo de salida oficial estuvo a cargo de monseñor Luis Manuel Pérez Raygoza, obispo auxiliar de la arquidiócesis, quien expresó su reconocimiento ante la masiva respuesta ciudadana. Cabe destacar que el boletaje y los registros disponibles se agotaron semanas antes de la fecha prevista, reflejando el entusiasmo de la feligresía.
Antes de que los atletas comenzaran su travesía, el prelado dirigió unas palabras de aliento vinculando el esfuerzo físico con el sendero espiritual: “La carrera de la vida, la carrera del servicio, la carrera del amor para llegar un día a la meta del cielo”.
Dimensión jubilar y clausura conmemorativa
Más allá del carácter benéfico y deportivo, la cita tuvo una profunda trascendencia litúrgica. Los participantes tuvieron la oportunidad de alcanzar la indulgencia plenaria, enmarcada en las celebraciones del Año Jubilar por el quincuagésimo aniversario de la dedicación del templo moderno de la virgen de Guadalupe, cumpliendo los preceptos establecidos por la normativa eclesiástica.
Al cruzar la línea de meta ubicada en el mismo complejo religioso, cada participante recibió una presea conmemorativa. La medalla acuñada para la ocasión muestra una representación de san Juan Diego arrodillado ante la advocación mariana, acompañada por la inscripción: “Oyó cantar sobre el cerrito, como el canto de muchos pájaros finos”, cerrando con broche de oro una jornada memorable para la Iglesia local.








