23 octubre, 2026

La devoción a la Virgen de los Treinta y Tres en Uruguay ante la visita papal y los retos de la fe católica

El territorio uruguayo se prepara para conmemorar a su patrona nacional en una jornada que este año adquiere una dimensión inédita debido a la presencia del Papa León XIV. El pontífice presidirá una solemne eucaristía el 8 de noviembre en el santuario diocesano situado en el departamento de Florida, marcando el eje central de su agenda oficial en el país sudamericano.

Esta advocación mariana mantiene un vínculo profundo con la identidad y el fervor espiritual de la nación. Históricamente, el templo recibe la visita de numerosas corrientes de fieles que llegan en marcha devota, una tradición que cobra especial relevancia al analizar la evolución demográfica y religiosa del territorio.

Panorama de la religiosidad en el país

Información proporcionada por la agencia de investigación Cifra revela que únicamente el 33 % de los habitantes se define actualmente bajo la fe católica. De ese conjunto, el grupo que cumple activamente con los preceptos religiosos representa apenas un 9 % de la ciudadanía.

El contraste temporal resulta evidente si se compara con estadísticas de décadas anteriores. Hacia 1997, cerca del 60 % de la población se adscribía al catolicismo, lo que evidencia un descenso continuado en los últimos 30 años. En paralelo, los sectores que se declaran agnósticos o ateos alcanzan ya el 28 %.

Frente a este escenario de secularización, el máximo jerarca de la Iglesia católica ha abogado por revitalizar la labor pastoral. Ya en 2025, durante las conmemoraciones del bicentenario de la advocación, el Papa León instó a los creyentes locales a fortalecer la difusión del mensaje religioso, dirigiendo sus esfuerzos preferentemente hacia los sectores más desfavorecidos.

Orígenes históricos de la imagen sagrada

Las raíces de este movimiento misional se entrelazan con los primeros asentamientos coloniales. Antiguamente, una representación de la Asunción de María fue trasladada desde las reducciones de la compañía de Jesús hasta la finca rural conocida como La Calera, donde permaneció expuesta al aire libre.

Dicha figura escultórica servía como punto de referencia geográfica para los viajeros que transitaban hacia el poblado de Pintado, hoy denominado Villa Vieja. Con el tiempo, los residentes locales levantaron un recinto religioso en las inmediaciones.

Aunque el espacio fue consagrado inicialmente a la advocación de Nuestra Señora de Luján por disposición del propietario de los terrenos, don Antonio Díaz, las dificultades geográficas obligaron a los pobladores a migrar en abril de 1809 hacia la Villa San Fernando, dentro de la actual circunscripción floridense.

El vínculo con la gesta independentista

El nombre actual de la imagen quedó indisolublemente unido a los acontecimientos políticos de 1825. En plena campaña emancipadora frente a la dominación española, el prócer José Artigas arribó al territorio acompañado por el grupo conocido como los treinta y tres orientales para celebrar el Congreso de Florida.

Los caudillos patriotas acudieron al templo parroquial para participar en los actos litúrgicos y depositar sus propósitos políticos bajo la protección de la figura mariana que presidía el recinto. Pocas semanas más tarde, el 25 de agosto, se formalizó la declaración de independencia nacional, tras lo cual los constituyentes acudieron nuevamente a rendir tributo en el altar.

A partir de entonces, la escultura adoptó la denominación popular con la que se le reconoce hoy en día. Con motivo del sesquicentenario de la emancipación patria en 1975, tanto la imagen como el recinto sagrado recibieron la declaración oficial de monumentos históricos.

La obra escultórica, confeccionada en madera de cedro, mide aproximadamente 36 centímetros de altura y presenta una policromía en tonos azules, blancos y dorados. Posee además una corona áurea ornamentada con gemas preciosas, donada en su época por Manuel Oribe, quien posteriormente asumiría la primera magistratura de la nación. Finalmente, en 1961, el Papa Juan XXIII la consagró oficialmente como patrona de la república.

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