3 noviembre, 2026

El histórico Cristo de Urda presidirá las exequias por los fallecidos en el siniestro ferroviario

La comunidad castellanomanchega se prepara para vivir una de sus jornadas más solemnes y emotivas. La venerada imagen del Cristo de la Vera Cruz de Urda abandonará de forma excepcional su santuario para presidir, este próximo sábado, el funeral oficial en memoria de las víctimas mortales del trágico accidente ferroviario que ha conmovido a todo el país.

La emblemática escultura, considerada el epicentro devocional y espiritual de esta comarca profundamente afectada por el suceso, es una obra de finales del siglo XVI tallada en Toledo por el maestro imaginero Luis de Villoldo. De dimensiones humanas, la pieza representa a Jesús cargando con el madero durante su camino hacia el Calvario, simbolizando de este modo el dolor y la entrega humana ante la adversidad.

Un traslado excepcional y arraigada tradición

A lo largo de los siglos, la devoción hacia esta representación sagrada no ha dejado de expandirse. Cada año, miles de peregrinos convergen en la localidad a finales del mes de septiembre para sumarse a los cultos y procesiones centrales que tienen lugar en torno al día 29, fecha oficial de su festividad.

Conforme a los datos facilitados por la Archidiócesis de Toledo, el traslado de la efigie —popularmente bautizada también como el Cristo de la Mancha— se llevará a cabo en procesión a partir de las 10:00 de la noche de este viernes, 30 de octubre. El cortejo partirá desde su basílica menor rumbo a la parroquia de San Juan Bautista, templo que acogerá la eucaristía funeral y donde la talla permanecerá custodiada hasta la noche del sábado, momento en el que emprenderá el camino de regreso a su hogar habitual.

Una historia marcada por la resistencia y el ocultamiento

La supervivencia de esta valiosa pieza artística a lo largo de la historia ha estado salpicada de episodios convulsos y muestras de profunda fe popular. Durante la invasión francesa y la posterior Guerra de Independencia, la talla ya tuvo que ser resguardada para evitar su destrucción. Sin embargo, el momento más crítico se produjo en el transcurso del siglo XX, durante la Guerra Civil española, cuando el templo fue asaltado, la imagen retirada y sus fragmentos arrojados al interior de una cantera.

De acuerdo con la información institucional difundida por el portal web oficial del santuario, la salvación de la obra se debió a la valentía de un cantero local y un mecánico conocido popularmente como ‘el Alemán’, quienes recuperaron los restos de forma clandestina. Los mantuvieron ocultos hasta el año 1939, fecha en la que los devolvieron formalmente a la Archicofradía.

Gracias a este acto de heroísmo anónimo, la escultura pudo ser trasladada a Valencia para someterse a un exhaustivo proceso de restauración, logrando reocupar su camarín original en agosto de 1939, apenas cuatro meses después de concluir el conflicto bélico.

Tesoro artístico y reliquias sagradas en la basílica menor

El recinto sacro que alberga habitualmente a la venerada imagen fue distinguido con el rango de basílica menor por el Papa Francisco en el año 2021. En su interior destaca un retablo de madera datado en el siglo XVII, el cual protege el camarín central de la talla titular, custodiado a ambos lados por las figuras de los arcángeles San Miguel y San Rafael.

Asimismo, el templo atesora en su patrimonio espiritual valiosas reliquias. Entre ellas sobresale un fragmento del lignum crucis —el madero auténtico de la cruz donde falleció Jesucristo— y una reliquia de San Carlo Acutis. Esta última fue donada personalmente por la madre del joven beato, Antonia Salzano, como muestra de gratitud hacia la labor de difusión impulsada por el antiguo párroco, Juan Alberto Ramírez, para expandir la devoción por su hijo.

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