3 noviembre, 2026

La comunidad castellanomanchega de Urda atraviesa horas de profunda consternación tras el trágico suceso ferroviario que ha costado la vida a al menos 69 personas. Los vecinos de este municipio de 2.500 habitantes intentan asimilar todavía la devastadora estampa de los vagones convertidos en un amasijo de hierros tras el violento impacto.

La iglesia parroquial de San Juan Bautista acogerá este sábado la primera Misa funeral en memoria de las víctimas mortales del siniestro.

La solemne eucaristía estará presidida por el Arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro Chaves, quien estará acompañado por el Obispo auxiliar, Mons. Francisco César García Magán. Como preludio a la ceremonia religiosa, la histórica imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz será trasladada desde su basílica hasta el templo parroquial para presidir los funerales.

Esta valiosa talla de tamaño natural, esculpida en el siglo XVI por el imaginero Luis de Villoldo, representa al Redentor portando la cruz hacia el Calvario, simbolizando el dolor humano asumido en la Pasión y convirtiéndose en el refugio espiritual de una población golpeada por la catástrofe.

Labores de auxilio y testimonio sacerdotal en la zona cero

En la concelebración de la Misa participará también el párroco de Los Yébenes, Fernando Fernández de Bobadilla, uno de los primeros religiosos en personarse en el lugar del desastre tras recibir el aviso de un feligrés. Su labor sobre el terreno se prolongó durante horas, asistiendo a heridos graves y administrando la absolución general a los afectados.

“La cosa era verdaderamente dantesca”, explicó el sacerdote, quien añadió: “Me acerqué al sitio con la idea de que soy sacerdote, que lo que quería era ejercer mi ministerio sacerdotal que, en definitiva, muy sintéticamente es llevar a la gente al cielo. O sea, administrar la gracia de la salvación”.

La respuesta ciudadana fue inmediata desde el primer instante. Los espacios educativos municipales se transformaron en centros de acogida provisionales, mientras que diversos establecimientos locales habilitaron puntos de avituallamiento. Entre los voluntarios se encontraba Antonio García Condado, un farmacéutico de 78 años que colaboró activamente en las tareas de rescate y destacó el impactante silencio que reinaba entre los escombros.

Un mensaje de esperanza en medio de la tragedia

Durante los oficios previos celebrados en la basílica local, el párroco José Miguel Fernández pronunció una emotiva homilía en la que instó a los creyentes a mantener viva la fe y la fortaleza ante la adversidad. El sacerdote compartió el desgarrador testimonio de un superviviente que, pese a ser dado por muerto inicialmente, logró comunicarse con su familia para transmitir un mensaje de confianza antes de recibir asistencia médica.

“Esta mañana Antonio ha vuelto a recibir una llamada de este señor para decirle: ‘Estoy vivo, estoy vivo’”, relató el párroco visiblemente emocionado ante los fieles.

Asimismo, el sacerdote recordó el instante en que un ciudadano se le acercó en medio del caos para pedirle consuelo físico: “Padre, deme un abrazo, que estoy vivo”. Un gesto que reafirmó su vocación de servicio en los momentos más oscuros.

En el exterior del templo, el libro de firmas se ha llenado de mensajes de apoyo y solidaridad escritos por los vecinos, quienes suplican consuelo y protección divina para las familias afectadas por esta inmensa desgracia que ya forma parte de la memoria colectiva del país.

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