Obispos de México y Estados Unidos celebran eucaristía binacional en memoria de los migrantes fallecidos
En el marco de las conmemoraciones dedicadas a los Fieles Difuntos, jerarcas católicos de ambos lados de la frontera se congregaron para oficiar una misa solemne por el eterno descanso de aquellas personas que perdieron la vida intentando cruzar la línea divisoria en busca de mejores oportunidades de vida.


La ceremonia religiosa se llevó a cabo el sábado 31 de octubre en las instalaciones del histórico antiguo fuerte Bliss, localizado en la ciudad estadounidense de El Paso, Texas. Este punto estratégico reunió a autoridades eclesiásticas de dos naciones unidas por una misma preocupación pastoral y social ante la crisis humanitaria.
Presencia episcopal y panorama internacional
La delegación de Estados Unidos estuvo encabezada por monseñor Peter Baldacchino, obispo de Las Cruces, y monseñor Mark Seitz, obispo de El Paso. En representación de la comunidad católica mexicana asistió el padre José Armando Benavides Romero, quien ejerce como Administrador Diocesano de Ciudad Juárez.
De acuerdo con registros compartidos por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), un total de 131 personas perdieron la vida durante el transcurso del año en esta zona limítrofe. El organismo internacional advirtió que “si bien esta cifra representa una disminución frente a años anteriores, los datos siguen siendo incompletos debido a limitaciones en el acceso a información, particularmente en zonas fronterizas”.


Asimismo, la institución multilateral apuntó que el ahogamiento motivado por el intento de cruzar a nado los cuerpos de agua continúa posicionándose como la causa principal de decesos en todo el continente americano.
Un llamado urgente a la solidaridad y la empatía
Durante el desarrollo de la homilía, el obispo Baldacchino instó a los asistentes a recordar profundamente a quienes perecieron en el trayecto, motivados primordialmente por el anhelo de conseguir “condiciones más seguras o estables para sí mismos y para sus familias”.


El jerarca católico enfatizó la importancia de perpetuar el recuerdo tanto de los individuos que lograron ser identificados oficialmente como de “aquellos cuyos nombres sólo Dios conoce”, haciendo un exhorto directo a la comunidad congregada.
“Hagamos sitio en nuestros corazones para cada uno de ellos. El sufrimiento de los inocentes, особенно de los niños, es tal vez el mayor escándalo para la humanidad”, proclamó el prelado, pidiendo tajantemente rechazar la indiferencia ante las tragedias humanas.
Finalmente, el obispo recordó que los preceptos del Evangelio exigen “acoger, proteger y permanecer cerca, acompañar e integrar a los necesitados”, puntualizando que, si bien la labor humanitaria de los creyentes no siempre subsana todas las dificultades estructurales, “sí puede hacer que una persona que sufre sepa que alguien está a su lado”.








