8 noviembre, 2026

Católicos uruguayos peregrinan a Florida para celebrar a su patrona nacional

Cada segundo domingo de noviembre, la comunidad católica de Uruguay conmemora a su patrona oficial, una advocación profundamente arraigada en la historia religiosa y cívica del país. Durante esta jornada festiva, cientos de fieles recorren diversos caminos en procesión hasta arribar al santuario principal ubicado en el departamento de Florida, un punto de encuentro espiritual donde los devotos participan en misas solemnes y renuevan su compromiso de fe.

Orígenes históricos de la imagen mariana

Los antecedentes de esta venerada representación se remontan al periodo colonial, cuando una escultura de la Asunción fue trasladada desde las misiones jesuíticas guaraníes hasta una hacienda conocida como La Calera. En aquel paraje, la pieza quedó expuesta al aire libre y su emplazamiento estratégico comenzó a funcionar como un punto cardinal de referencia para los viajeros que transitaban rumbo a la antigua localidad de Pintado, hoy denominada Villa Vieja.

Tiempo más tarde, los residentes locales levantaron un recinto sagrado y depositaron allí la figura mariana, aunque el templo quedó consagrado a Nuestra Señores de Luján por disposición del propietario de las tierras, un devoto indígena llamado Antonio Díaz. Ante las dificultades climáticas y geográficas del entorno, los pobladores decidieron emigrar en abril de 1809 hacia la Villa San Fernando, en Florida, donde el sacerdote Santiago Figueredo impulsó la construcción de una nueva iglesia para albergar definitivamente la pieza religiosa.

Vínculo con la gesta independentista

Durante la segunda década del siglo XIX, el continente sudamericano atravesaba un proceso convulso de transformación política y afirmación identitaria. En ese contexto de fervor libertario inspirado por el prócer José Artigas, un grupo de patriotas conocidos históricamente como los Treinta y Tres Orientales arribó a la Villa San Fernando el 14 de junio de 1825 para inaugurar la primera asamblea soberana del territorio.

Aquellos hombres, compuestos por civiles y militares con el respaldo popular, acudieron al templo católico para presenciar un oficio religioso y encomendar sus ideales políticos a la imagen de la Asunción. Pocas semanas después de aquellos acontecimientos, el 25 de agosto, se formalizó la declaración de independencia nacional. Los constituyentes acudieron nuevamente al templo para consagrar la naciente república bajo el amparo de la advocación mariana, bautizándola desde entonces de manera popular como la Virgen de los Treinta y Tres.

Características y reconocimiento oficial

La pieza escultórica mide aproximadamente 36 centímetros de alto y fue tallada minuciosamente en madera de cedro. Su diseño destaca por tonalidades azules, blancas y doradas, complementadas con una corona de oro ornamentada con piedras preciosas que fue donada por el expresidente Manuel Oribe. El valor patrimonial del conjunto quedó ratificado en 1975, cuando la nación declaró tanto a la imagen como al templo como monumentos históricos nacionales en el marco del sesquicentenario patrio.

En el ámbito eclesiástico, la jerarquía vaticana oficializó su estatus litúrgico en 1961, cuando el Papa San Juan XXIII la proclamó formalmente como patrona de todo el territorio uruguayo. Años más tarde, durante su visita pastoral al país sudamericano en 1988, el Papa San Juan Pablo II expresó una oración memorable dedicada a la comunidad local:

“Que toda la Iglesia del Uruguay, bajo tu valiosa ayuda y ejemplo, trabaje sin descanso por implantar el Evangelio de las bienaventuranzas, garantía de libertad, de progreso, de paz; promueva la solidaridad con las demás naciones hermanas, y todos los uruguayos vivan en armonía y concordia, conscientes de ser hijos de Dios y hermanos en Cristo, sellados por el mismo Espíritu, miembros de la misma Iglesia e hijos tuyos, Madre del Redentor”

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