Al cumplirse medio siglo de uno de los capítulos más oscuros de la historia argentina, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) ha emitido un contundente mensaje titulado “‘Nunca más’ a la violencia de la dictadura y ‘siempre más’ a una democracia justa”. En un llamado a la reflexión profunda, los obispos de la Iglesia Argentina subrayaron el valor insustituible de la democracia y la imperiosa necesidad de renovar la memoria para reconstruir los lazos de fraternidad en la nación.
El 24 de marzo de 1976, Argentina fue testigo de un golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, dando inicio a un régimen de facto autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”. Este periodo, liderado por una junta militar conformada por Jorge Rafael Videla, Eduardo Emilio Massera y Orlando Ramón Agosti, se extendió hasta diciembre de 1983. Durante esos años, el país vivió bajo un sistema de persecución sistemática, violencia institucional, censura y flagrantes violaciones a los derechos humanos, incluyendo la desaparición forzada de miles de personas, cuyas secuelas aún exigen verdad y justicia. Cada 24 de marzo, Argentina conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, un recordatorio perenne de los horrores vividos y un compromiso con el futuro.
**La Memoria como Pilar Irrenunciable para el Futuro**
En su comunicado, la jerarquía eclesiástica reconoce “la gravedad de lo acontecido en esos años violentos” y subraya que la memoria no es un mero ejercicio de recordar, sino que “exige una autocrítica” tanto de la sociedad como de la propia Iglesia. Este proceso, argumentan, es crucial para “redescubrir y reconstruir el sentido de la fraternidad entre los argentinos”. Los prelados advierten sobre la tentación de “dar vuelta la página” sin un examen honesto del pasado, enfatizando que “nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”.
Citando la encíclica *Fratelli Tutti* del Papa Francisco, los obispos instan a mantener viva “la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió”. Advierten con claridad que “mutilar la historia abre la puerta a la posibilidad de repetir los mismos errores”. Por lo tanto, insisten en que la memoria es una herramienta indispensable para “comprometernos con los desafíos del presente y orientarnos hacia un futuro mejor”. Afirman categóricamente que “la libertad para una Nación nunca se construye por la vía de la violencia y la violación de los derechos humanos de otros hermanos y hermanas”, y que la memoria del terrorismo de Estado debe ser la guía hacia una vida democrática más justa y plena.
**Amistad Social y una Democracia Inclusiva**
Retomando el magisterio del Papa Francisco, los líderes religiosos resaltan que la construcción de la amistad social va más allá del mero acercamiento entre grupos históricamente confrontados. Exige, además, “un renovado encuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables de la sociedad”. En este sentido, la democracia, como sistema, no puede ser “indiferente a las necesidades” básicas de su pueblo.
La finalidad última de la democracia, recalcan, es el bien común, el cual “es incluir a todos en el camino de la plenitud humana”. Proponen un desarrollo humano integral que no deje a nadie atrás, planteando una interrogante crucial: “mientras una parte importante de nuestro pueblo sufre la miseria, ¿cómo podemos ser felices?”. Alertan que “la democracia se envilece cuando deja a alguien afuera, cuando no protege a niñas, niños, adolescentes y jóvenes de la amenaza del consumo problemático y el tráfico de personas”. Una democracia verdaderamente justa, aseguran, no puede ser ajena a las necesidades básicas de la canasta familiar ni al deterioro creciente del trabajo digno.
**El Valor del Trabajo y el Rol del Estado**
Los obispos también enfatizan el valor fundamental del trabajo como medio para que cada ciudadano contribuya a la construcción de una patria de hermanos. Señalan que “cuando las instituciones democráticas favorecen la creación de trabajo digno para los adultos y aseguran una educación de calidad para niñas, niños, adolescentes y jóvenes, están llevando adelante, en definitiva, la mejor política de seguridad”. La Conferencia Episcopal concluye esta sección apelando a los pilares de la libertad, la fraternidad y la igualdad como cimientos esenciales para forjar una nación “verdaderamente libre y auténticamente democrática”.
**Diálogo Sincero frente a la Polarización**
Frente al avance de tendencias como el autoritarismo, los populismos de diversas facetas y la ideología de la supervivencia del más fuerte, la CEA hace un llamado urgente a fortalecer la protección de los más frágiles. Abogan por “una política que ponga la economía al servicio de la dignidad humana, que promueva la paz y que cuide nuestra casa común”. Para lograrlo, consideran “imprescindible recuperar el diálogo sincero, desinteresado y honesto al servicio de una verdadera amistad social”. Convocan a abordar los conflictos y desacuerdos sin sucumbir a “polarizaciones estériles”, elevando una sentida plegaria: “¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor!”. Advierten sobre el peligro de “acentuar la culpa ajena para proclamar la propia inocencia y justificar una agresión indeterminada”, y claman por la renuncia a todo tipo de violencia, recordando que “su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción”.
Los obispos subrayan que “no podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”. Citando al Papa León XIV, en su mensaje para esta Cuaresma, invitan a abstenerse de usar palabras que hieran y a cultivar, en cambio, la amabilidad, las palabras de esperanza y de paz.
El mensaje de la Conferencia Episcopal Argentina culmina con la reafirmación del “Nunca más” a la violencia de la dictadura y el “siempre más” a una democracia justa, invocando para ello “una presencia inteligente y eficiente del Estado que vele por la dignidad de las personas, la igualdad de todos los ciudadanos y garantice su participación plena en la vida de la comunidad”. Finalmente, con afecto, solicitan al Señor que bendiga la patria y a la Virgen de Luján que acompañe a los argentinos en la búsqueda incesante del bien común y la solidaridad con los más vulnerables.




