**Cortazar, Guanajuato.** El pasado 9 de enero marcó un hito significativo en la historia religiosa de México, con la apertura oficial de la causa de beatificación de José Eusebio Arnulfo de Jesús Sierra Vera y José Marcelino Anastasio de los Dolores Sierra Vera. Originarios de Guanajuato, estos dos hermanos campesinos son recordados por su sacrificio durante el turbulento periodo de la Guerra Cristera, un conflicto que sacudió la nación en las primeras décadas del siglo XX. Su martirio, ligado a la protección del fraile agustino Elías del Socorro Nieves, resuena hoy como un llamado a una fe profunda y auténtica.
Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, Obispo de Celaya y presidente de la Dimensión Episcopal para los Laicos (DELAI) de la Conferencia del Episcopado Mexicano, ha sido una voz clave en este proceso. En una entrevista reciente, el prelado enfatizó la necesidad de vivir una fe “auténtica, valiosa y fiel”, inspirada en el testimonio de los hermanos Sierra. Su mensaje subraya la relevancia de estos mártires no solo como figuras históricas, sino como ejemplos vivos para los católicos contemporáneos.
**Un Capítulo Cruento de la Historia Mexicana: La Guerra Cristera**
Para comprender la magnitud del sacrificio de los hermanos Sierra, es fundamental contextualizar el periodo de la Guerra Cristera (1926-1929). Este conflicto armado se originó a raíz de la promulgación de leyes anticlericales por parte del gobierno federal mexicano, encabezado por el presidente Plutarco Elías Calles. Estas normativas buscaban limitar drásticamente la influencia y las actividades de la Iglesia Católica en el país, incluyendo la prohibición del culto público, el cierre de templos, la expulsión de sacerdotes extranjeros y la incautación de bienes eclesiásticos. La férrea restricción a la libertad religiosa generó una profunda resistencia entre amplios sectores de la población católica, que se levantaron en armas para defender su fe, dando origen al movimiento Cristero. Fue un periodo de intensa persecución, violencia y martirio para miles de mexicanos.
**El Sacrificio de los Hermanos Sierra: Fidelidad hasta el Último Aliento**
En medio de este clima de represión, José Eusebio y José Marcelino Sierra Vera demostraron una valentía inquebrantable. Su acto de caridad y fidelidad consistió en brindar refugio al Padre Elías del Socorro Nieves, un sacerdote agustino que ejercía su ministerio de forma clandestina en la región. La ayuda a clérigos perseguidos era considerada un delito grave por las autoridades de la época y conllevaba severas consecuencias.
El 9 de marzo de 1928, los hermanos Sierra fueron capturados por las fuerzas federales, precisamente por haber hospedado al fraile agustino. Al día siguiente, 10 de marzo de 1928, fueron sentenciados a morir fusilados junto a su amigo y protector, el Padre Nieves. En un último acto de desafío y devoción, se narra que José Eusebio, en el momento de su ejecución, exclamó con fuerza: “¡Viva Cristo Rey!”, un grito que se convirtió en el lema de los cristeros y símbolo de su inquebrantable fe. Su historia es un poderoso testimonio de cómo el amor a Dios y la defensa de la fe pueden llevar al sacrificio supremo.
**El Vínculo con el Padre Elías del Socorro Nieves y el Impulso de la Comunidad**
La causa de beatificación de los hermanos Sierra adquiere un significado adicional en el marco de los cien años de la muerte del Padre Nieves, quien ya fue beatificado por San Juan Pablo II el 12 de octubre de 1997. Según Mons. Aguilar Ledesma, la intención es reconocer a estos hermanos que fueron sus compañeros de martirio y compartieron con él un testimonio ejemplar de fidelidad y valor.
El prelado destacó que este proceso ha recibido un impulso notable de la propia comunidad local, que ha mantenido viva la memoria de los hermanos Sierra a través de la oración y la devoción. Esta vitalidad popular es un pilar fundamental para el avance de cualquier causa de santidad en la Iglesia Católica, demostrando la resonancia del testimonio de los candidatos en el pueblo de Dios. La parroquia de Nuestra Señora de los Dolores en Cortazar, Guanajuato, cuna de los hermanos, es un epicentro de esta devoción.
**Un Llamado a la Fe Activa en el Siglo XXI**
Mons. Aguilar Ledesma enfatizó que la memoria de los hermanos Sierra interpela de manera especial a los católicos de hoy. En un mundo a menudo caracterizado por la apatía o la tibieza espiritual, el obispo hizo un llamado a no permanecer “acomodados, nerviosos, mediocres en nuestra fe”. Por el contrario, instó a que el ejemplo de estos mártires inspire una fe “auténtica, valiosa, fiel, y que en ocasiones hasta [sea necesario] dar la vida” por ella.
El Obispo de Celaya recordó que todos los mártires de la Iglesia Católica, a lo largo de su bimilenaria historia, nos recuerdan que nuestra fe “nos ha costado sangre”. Esta persecución ha sido una constante en diferentes épocas y geografías, y son precisamente hombres y mujeres como los hermanos Sierra y el Padre Nieves quienes nos enseñan la fidelidad inquebrantable y el amor incondicional a Dios, sirviendo a la Iglesia incluso hasta el sacrificio extremo de la vida.
**El Riguroso Proceso Canónico hacia la Beatificación**
Respecto al proceso canónico, Mons. Aguilar Ledesma explicó que la causa se encuentra actualmente en su fase diocesana. Esta etapa implica una minuciosa recopilación de testimonios de quienes conocieron a los hermanos Sierra o han recibido favores por su intercesión, así como la exhaustiva recolección y análisis de toda la documentación histórica relevante sobre sus vidas y martirio. La Diócesis de Celaya, bajo la supervisión de un tribunal especial, es la encargada de esta investigación inicial.
Una vez concluida esta fase diocesana, los resultados serán enviados a la Congregación para las Causas de los Santos en el Vaticano. Allí, autoridades eclesiásticas determinarán si la causa tiene méritos suficientes para continuar su proceso, examinando la solidez de la evidencia de martirio. Finalmente, y tras un largo y riguroso análisis que puede durar años o incluso décadas, será el Santo Padre quien tenga la última palabra y decida si procede la beatificación de los hermanos Sierra, declarándolos como nuevos modelos e insignias de la fe.
El prelado concluyó su mensaje pidiendo a todos los fieles que “oren por esta causa”, con la esperanza de que, en un futuro no muy lejano, los hermanos Sierra sean elevados a los altares, sirviendo como “modelos, ejemplos e insignias de nuestra fe” para las generaciones venideras. Su historia, arraigada en la tierra de Guanajuato, se proyecta ahora hacia la universalidad de la Iglesia, ofreciendo un legado de valentía y devoción.




