28 julio, 2026

La comunidad eclesiástica global lamenta el fallecimiento del presbítero Miguel Ángel Marco, figura insigne de la Prelatura del Opus Dei y exrector del Seminario Internacional Bidasoa, ocurrido el lunes 20 de julio de 2026 a los 78 años de edad. Su partida deja un profundo vacío en la formación sacerdotal, habiendo influido en la vida de cientos de seminaristas que hoy ejercen su ministerio en diversas partes del mundo.

Conocido afectuosamente por sus alumnos como “don Migueltxo”, el padre Marco dedicó gran parte de su vida pastoral a la juventud y a la formación de futuros sacerdotes. Su trayectoria profesional comenzó con importantes responsabilidades como capellán en el Colegio Mayor Montalbán y en el colegio femenino Montealto, ambos en Madrid. Posteriormente, continuó su labor pastoral en la Universidad de Navarra, lugares donde dejó una huella imborrable por su cercanía y orientación espiritual.

Entre 2003 y 2017, el padre Marco asumió el cargo de rector del Seminario Internacional Bidasoa, una institución de gran relevancia para la Iglesia. Este centro de estudios, erigido por la Santa Sede en 1988 por iniciativa del Beato Álvaro del Portillo y confiado al Opus Dei, se ha consolidado como un referente global en la preparación sacerdotal. Bajo su rectorado, Bidasoa continuó su misión de formar a más de un millar de seminaristas provenientes de cerca de un centenar de naciones, muchos de ellos beneficiarios de becas otorgadas por la Fundación CARF. La visión internacional y el profundo compromiso con la formación integral fueron sellos distintivos de su gestión.

Tras concluir su etapa en Bidasoa, el padre Marco continuó su incansable labor en la formación, desempeñándose como rector del Centro de Estudios Interregional Aralar y de la residencia sacerdotal Colegio Mayor Aralar. En cada uno de estos roles, su sabiduría, experiencia y espíritu de servicio fueron pilares fundamentales para el crecimiento espiritual e intelectual de las nuevas generaciones de sacerdotes.

Los últimos días del padre Marco estuvieron marcados por la serenidad y la compañía. El domingo 19 de julio, recibió el sacramento de la Unción de enfermos, un momento de profunda fe y preparación espiritual. Horas después, tuvo la oportunidad de compartir la alegría del deporte al disfrutar de la final del mundial de fútbol, donde la selección de España se coronó campeona frente a Argentina. Su fallecimiento se produjo en la madrugada del lunes, de forma apacible.

Las exequias se llevaron a cabo el martes 21, con una emotiva Misa de réquiem en el seminario, seguida de su entierro. Durante la homilía, el presbítero y profesor de la Universidad de Navarra, Francisco Varo, pronunció palabras cargadas de gratitud y reconocimiento. Varo destacó la figura del padre Marco como un “buen pastor” de quien Dios se sirvió para “iluminar nuestras mentes, encender nuestros corazones y hacernos experimentar su amor”. Subrayó cómo la providencia divina modeló su personalidad, inspirando primero su llamado al Opus Dei y luego su vocación sacerdotal, dotándolo de una “inteligencia clara para discernir, fortaleza para guiar y un corazón a la medida del Corazón de Jesús para amar”. La homilía también resaltó su “corazón sacerdotal solícito en la atención de las personas encomendadas a su cuidado pastoral”, un pastor cercano, de escucha atenta y conversación clarificadora que dirigía con naturalidad la mirada hacia Cristo.

La noticia de su fallecimiento generó una ola de condolencias y homenajes por parte de sacerdotes de todo el mundo, quienes expresaron su pesar y recordaron la profunda influencia del padre Marco en sus vidas. El presbítero Ignacio Amorós compartió en sus redes sociales un conmovedor testimonio: “De él aprendí la belleza del sacerdocio vivido como entrega, la paciencia en la corrección, la magnanimidad de corazón y la alegría de servir a Dios sin reservas”.

Los mensajes de reconocimiento llegaron desde diversos rincones del planeta. Desde Culiacán, México, el padre Rosendo García manifestó: “A mí, personalmente, me hizo amar a la Iglesia y me quedo con la grande responsabilidad de intentar corresponderle a Dios como don Migueltxo animó mi vida y vocación”. Desde Uganda, Joseph Kalungi destacó: “Me uno a ustedes en oración por don Miguel. Qué testimonio tan grande de vida sacerdotal y de corazón de pastor. Que el Señor, que fue su Pastor, lo acoja ya en el gozo de su Reino”.

El padre Sergio Luis Rojas, de la isla Margarita en Venezuela, lo calificó sin dudar como “el mejor rector que he tenido en mi formación sacerdotal”. Desde la Diócesis de Nova-Friburgo, Brasil, el padre Rafael Archetti expresó su profunda gratitud: “Doy las gracias de todo corazón a Dios por la oportunidad de haber compartido aquellos años con él, de haber disfrutado de la alegría de su servicio”. Finalmente, el padre Ronald Cerda, canciller de la Diócesis de Juigalpa en Nicaragua, compartió que el padre Marco fue “un gran sacerdote y un ser humano excepcional”, y que los tres años que compartieron estuvieron “llenos de un testimonio que marca toda la vida”.

El padre Miguel Ángel Marco, quien anhelaba celebrar sus 50 años de sacerdocio en 2027, deja un legado imborrable de dedicación, servicio y formación. Su vida ejemplar y su incansable labor en la configuración de nuevos sacerdotes continuarán inspirando a la Iglesia en los años venideros, consolidándolo como una figura esencial en la espiritualidad y vocación sacerdotal contemporánea.

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