11 marzo, 2026

La Red Casas del Migrante Scalabrini en México y Centroamérica ha lanzado una contundente advertencia sobre la escalada de riesgos que enfrentan las personas en tránsito, a pesar de una aparente disminución en las cifras de migración irregular en la región. En el marco de la conmemoración de su 26º aniversario, celebrado el 8 de marzo de 2026, la organización humanitaria señaló que las condiciones que impulsan a miles a dejar sus hogares persisten, empujándolos hacia caminos cada vez más peligrosos y costosos.

El año 2025 fue particularmente desafiante para las Casas Scalabrini, una red de albergues que ofrece refugio y asistencia a migrantes y refugiados. Según la organización, la reconfiguración del panorama político estadounidense, marcada por el regreso de Donald Trump a la presidencia, generó un impacto significativo en los patrones de flujo migratorio y en las políticas implementadas en toda la región. Este cambio provocó un endurecimiento de la vigilancia fronteriza, lo que, si bien pudo haber reducido las estadísticas visibles de cruces irregulares, no eliminó las causas fundamentales de la migración forzada. “Los migrantes continúan su camino, aunque no siempre sean visibles”, subrayaron en su comunicado.

La experiencia directa de las Casas Scalabrini, basada en los testimonios de miles de personas que han pasado por sus instalaciones, revela una cruda realidad: las rutas migratorias están cada vez más controladas por redes del crimen organizado. Esta creciente influencia delictiva no solo incrementa la peligrosidad de los trayectos, exponiendo a los migrantes a extorsiones, secuestros y abusos, sino que también eleva drásticamente los costos asociados a la migración irregular, transformándola en una odisea aún más inaccesible y riesgosa para los más vulnerables.

**Desafíos Económicos en la Asistencia Humanitaria**

A la par de las crecientes amenazas para los migrantes, la red de albergues enfrenta sus propias dificultades operativas, especialmente en el ámbito económico. La disminución de los fondos provenientes de diversas agencias internacionales ha impactado directamente en la ejecución de sus proyectos de atención. Esta situación ha obligado a las Casas Scalabrini a explorar “formas creativas” para mantener la continuidad de los servicios esenciales y el acompañamiento que brindan. La sostenibilidad financiera se ha convertido en un reto crucial, mientras la demanda de asistencia humanitaria no deja de crecer.

La labor de la Congregación Scalabriniana, inspirada en la visión de su fundador, Juan Bautista Scalabrini, se centra en ser “migrantes con los migrantes”. Esta misión, que ha guiado su actuar durante más de un cuarto de siglo, reafirma su compromiso de acompañar a las personas en movilidad en cada etapa de su trayecto, ofreciéndoles un espacio de dignidad y esperanza.

**26 Años de Acogida y Protección en México**

Desde su establecimiento formal hace 26 años, la Red de Casas del Migrante Scalabrini ha forjado una sólida presencia en México y Centroamérica. En territorio mexicano, la congregación opera centros de atención en puntos clave como Iztapalapa, en la Ciudad de México; Ecatepec de Morelos, en el Estado de México; así como en ciudades fronterizas y estratégicas como Tijuana y Guadalajara. Además, colabora activamente con albergues diocesanos en distintos estados, ampliando su alcance y capacidad de respuesta ante la crisis migratoria.

En estos espacios, miles de personas han encontrado un refugio seguro y un trato digno. Los servicios ofrecidos son integrales y abarcan desde el hospedaje y la alimentación básica hasta asesoría legal crucial para sus procesos migratorios, apoyo psicológico para mitigar los traumas del viaje y acompañamiento espiritual. La red también se dedica a la promoción de los derechos humanos de los migrantes y refugiados, trabajando activamente para favorecer su integración armónica en las comunidades locales.

La trascendencia de las Casas Scalabrini va más allá de la asistencia directa. Se han consolidado como puntos de referencia esenciales para académicos y estudiantes interesados en el fenómeno migratorio, ofreciendo un campo de estudio invaluable sobre las dinámicas y desafíos humanitarios. Simultáneamente, se han convertido en espacios de formación para voluntarios, laicos comprometidos y aquellos que se preparan para servir como misioneros scalabrinianos, fomentando una cultura de solidaridad y compasión.

La organización destaca que, a lo largo de este tiempo, sus albergues han sido pilares donde voluntarios y colaboradores han podido poner en práctica la “solidaridad y compasión hacia migrantes, refugiados y desplazados”, transformando cada encuentro en una oportunidad de servicio. “Sobre todo, las Casas del Migrante Scalabrini nos han permitido encontrarnos con Cristo, que se manifiesta a través de las personas a quienes servimos”, concluyó la red, reafirmando el profundo sentido humanitario y espiritual de su misión ante una de las crisis humanitarias más apremiantes de nuestro tiempo.

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