2 marzo, 2026

En la mañana del domingo 1 de marzo, la tranquilidad en el distrito del Rímac, en Lima, capital de Perú, se vio alterada por un suceso que, aunque afortunadamente no dejó víctimas, puso en relieve la urgente necesidad de preservar y asegurar el vasto patrimonio arquitectónico del país. Una porción del techo de la emblemática Iglesia San Lázaro, considerada el templo más antiguo de la capital peruana, cedió repentinamente, impactando sobre su altar principal minutos antes de la misa del mediodía.

El incidente, registrado aproximadamente a las 11:50 a.m., generó una inmediata alarma. A pesar de que la iglesia no contaba con feligreses en su interior en ese instante crucial —un factor que el alcalde del Rímac, Néstor de la Rosa Villegas, calificó como un “verdadero milagro”—, la rápida movilización de tres unidades de emergencia por parte del Ministerio de Salud evidenció la magnitud de la preocupación inicial. Tras confirmar que no se registraron heridos ni fallecidos, el recinto fue clausurado de inmediato, suspendiendo sus actividades hasta nuevo aviso y quedando a la espera de una evaluación estructural exhaustiva que determine los pasos a seguir para su eventual restauración.

La Iglesia San Lázaro no es un templo cualquiera. Su edificación original se remonta al año 1563, consolidándose como el templo más antiguo de la capital peruana, con una trayectoria de más de 450 años que la conecta directamente con los albores de la colonia española en Sudamérica. Su historia está intrínsecamente ligada a la fundación de Lima y al desarrollo urbano de la zona. Originalmente, fue asociada a un hospital para enfermos de lepra, bajo la advocación de San Lázaro, una práctica común en la época de ubicar estos centros de salud estratégicamente fuera de los límites del centro urbano original de Lima, al otro lado del río Rímac. Esta ubicación no solo dio nombre al antiguo barrio, que hoy conocemos como el distrito del Rímac, sino que también marcó su rol en la expansión de la ciudad.

A lo largo de los siglos, la estructura ha sido objeto de múltiples reconstrucciones y ampliaciones, especialmente tras los devastadores terremotos que azotaron Lima en los siglos XVII y XVIII, eventos que han moldeado profundamente la arquitectura y la resiliencia de la ciudad. Su proximidad al Palacio de Gobierno, sede de la Presidencia de la República del Perú, a escasas tres cuadras, subraya su importancia histórica y su ubicación en el corazón del centro histórico de Lima, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Este contexto añade una capa de complejidad al incidente, ya que no se trata solo de un edificio, sino de un pilar de la memoria y la identidad limeña.

El alcalde Néstor de la Rosa Villegas, al lamentar el colapso, hizo hincapié en la fortuna de que nadie resultara afectado, un hecho que atribuyó a una intervención divina, considerando que el derrumbe ocurrió entre la conclusión de la misa de las 10:00 a.m. y los minutos previos al inicio de la eucaristía del mediodía. Sus declaraciones no se limitaron al suceso de San Lázaro. El burgomaestre alertó sobre una problemática más amplia que afecta al Rímac, un distrito rico en historia pero también propenso a los desafíos de la antigüedad. Informó que la municipalidad se encuentra en proceso de evaluar hasta ocho templos adicionales en el distrito, algunos de los cuales, según sus palabras, presentarían un estado de conservación incluso más precario que el de San Lázaro. De ser necesario, y a pesar de su fe católica, el alcalde manifestó su disposición a clausurar dichas iglesias, reconociendo el dilema entre su compromiso personal y la imperante necesidad de priorizar la seguridad ciudadana. “Primero es la vida”, sentenció, destacando la gravedad de la situación.

La preocupación del alcalde de la Rosa se extiende más allá de los recintos religiosos. El funcionario municipal reveló un censo alarmante que arroja la existencia de 4,700 viviendas en el Rímac clasificadas como inhabitables, muchas de ellas con más de un siglo de antigüedad. “Aquí es un tema muy delicado y siempre lo hemos hecho público”, afirmó, subrayando la vasta escala de la problemática de infraestructura envejecida en el distrito. Esta situación no solo plantea riesgos para la vida de miles de residentes, sino que también representa un desafío monumental en términos de planificación urbana, recursos y voluntad política para abordar una herencia arquitectónica que, sin el mantenimiento adecuado, se convierte en un riesgo latente.

El colapso del techo de la Iglesia San Lázaro es un recordatorio contundente de la fragilidad del patrimonio histórico frente al paso del tiempo, la falta de mantenimiento y la vulnerabilidad sísmica inherente a una ciudad como Lima. El incidente impulsa a una reflexión profunda sobre la gestión del patrimonio cultural y la seguridad estructural en edificaciones centenarias. La restauración de San Lázaro será un proceso complejo y costoso, que requerirá la colaboración de diversas instituciones y la ciudadanía. Sin embargo, más allá de este templo específico, el evento debe catalizar una revisión integral de las políticas de conservación y seguridad para todas las estructuras históricas en Rímac y en todo el Perú, asegurando que estos valiosos testimonios del pasado puedan seguir en pie y sean seguros para las generaciones futuras. La vida y la historia, según el alcalde, deben coexistir, pero la primera siempre debe ser la prioridad innegociable.

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