La Hermana Ana María Vilca, perteneciente a la Congregación Hermanas de los Santos Nombres de Jesús y María, ha asumido un rol crucial al frente de la Red Internacional de la Vida Consagrada contra la Trata de Personas, Talitha Kum, para la región de América Latina. Su nombramiento ocurre en un momento de particular preocupación, ante el recrudecimiento de este delito que explota la vulnerabilidad humana en diversas formas. En recientes declaraciones, la religiosa peruana advirtió sobre la alarmante expansión de la trata en el continente, impulsada por una compleja interconexión de factores estructurales.
**La Vulnerabilidad Amplificada en la Región**
Según la Hermana Vilca, el incremento de la trata de personas en América Latina no es un fenómeno aislado, sino el resultado de un caldo de cultivo generado por la precariedad económica, las migraciones masivas y la corrupción endémica. “La pobreza es uno de los principales detonantes que expone a incontables mujeres, niños y niñas a caer en las garras de las redes de trata”, subrayó. A esto se suman las vastas extensiones fronterizas, a menudo carentes de vigilancia efectiva, que facilitan el tránsito de víctimas y traficantes. La migración irregular y los desplazamientos forzados, consecuencia de conflictos, crisis económicas o desastres naturales que afectan a numerosos países de América Latina y el Caribe, exacerban aún más esta situación, dejando a las personas desprovistas de redes de apoyo y protección.
Estas apreciaciones encuentran eco en las estadísticas y análisis de organismos internacionales. El Informe Mundial sobre la Trata de Personas 2024 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) reveló un aumento global del 25% en el número de víctimas detectadas. El estudio destaca un preocupante incremento en la explotación infantil y en los casos de trabajo forzoso. Un informe actualizado para 2025 del mismo organismo enfatiza la magnitud del problema en las Américas, señalando que el 16% de las víctimas identificadas a nivel mundial provienen de esta región, lo que subraya la necesidad urgente de acción coordinada.
**Radiografía de la Operación Criminal**
Aunque la Hermana Ana María Vilca prefirió no señalar a un único país como el de mayor incidencia, identificó a México, Colombia, Perú y Brasil como naciones donde se observan con frecuencia factores de riesgo elevados asociados a la trata. No obstante, enfatizó que el problema no se circunscribe a estos territorios, y que la ausencia de datos exactos y unificados dificulta la plena comprensión de su alcance. “Aún es imperativo consolidar información precisa para dimensionar cabalmente el número real de víctimas”, explicó.
La trata de personas es un proceso multifacético que, según la religiosa, se inicia con la captación, una fase ejecutada por redes criminales intrincadas que, con frecuencia, están entrelazadas con otras formas de delincuencia organizada. Estas “redes se articulan” de manera sofisticada, aprovechando las debilidades y necesidades de las personas. En un giro perverso, la Hermana Vilca relató cómo, bajo amenazas o coerción, algunas víctimas se ven obligadas a convertirse en captadoras de nuevas personas, un mecanismo particularmente prevalente en la explotación sexual. “Aquellas mujeres que han sido explotadas, son instrumentalizadas para atraer a otras”, precisó, lo que profundiza el ciclo de victimización.
Las principales víctimas son, en su mayoría, mujeres jóvenes, así como niños, niñas y adolescentes, abarcando un rango de edad que va desde la niñez hasta aproximadamente los 30 años, aunque la religiosa aclaró que este rango no es excluyente y la vulnerabilidad puede presentarse en cualquier etapa de la vida.
**Talitha Kum: Prevención, Educación y Acompañamiento**
Frente a esta cruda realidad, Talitha Kum enfoca su misión en un abordaje integral que incluye la prevención, la educación y el acompañamiento a las víctimas. “Nuestra labor primordial es educar para prevenir”, afirmó la Hermana Vilca. El informe anual 2024 de Talitha Kum, publicado por la Unión Internacional de Superioras Generales, da cuenta del impacto de sus esfuerzos: la red logró alcanzar a más de 939,000 personas globalmente a través de acciones de sensibilización y prevención, y brindó atención directa y apoyo a más de 46,000 sobrevivientes de trata.
La red ofrece refugio y asistencia a los sobrevivientes en casas de acogida, y opera bajo un modelo de colaboración intensiva, involucrando a laicos voluntarios y diversas instituciones. “No trabajamos de forma aislada, sino en una vasta red de apoyo”, explicó. Actualmente, Talitha Kum extiende su presencia a 14 países de América Latina y a 77 naciones en todo el mundo, consolidándose como un actor global en la lucha contra este crimen.
Cada 8 de febrero, la Iglesia Católica promueve la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, una iniciativa clave para concienciar a la sociedad y movilizar acciones concretas frente a este delito que, como recalcó la Hermana Ana María Vilca, persiste en su crecimiento y afecta de manera desproporcionada a los más indefensos. “Sentimos que aún queda un largo camino por recorrer en la prevención y en la educación para que las personas no se expongan a situaciones de riesgo que las conduzcan a ser víctimas de este flagelo”, concluyó la líder de Talitha Kum. La lucha contra la trata de personas exige una respuesta colectiva y sostenida, basada en la solidaridad y el compromiso de proteger la dignidad de cada individuo.




