En un movimiento significativo que subraya la resiliencia y la capacidad de adaptación de la Iglesia Católica nicaragüense, el Cardenal Leopoldo Brenes, Arzobispo de Managua, ha anunciado una profunda reorganización de la principal jurisdicción eclesiástica del país. Esta reestructuración implica la asignación de 23 nuevas misiones pastorales para sus sacerdotes, un proceso que se lleva a cabo en medio de un clima de creciente tensión y hostilidad entre el Estado y la Iglesia, marcado por la detención y expulsión de varios clérigos.
Desde sus días como Obispo de Matagalpa, el Cardenal Brenes ha mantenido la costumbre de realizar ajustes anuales en las asignaciones de sus presbíteros, buscando optimizar la atención espiritual de las comunidades. Esta práctica, que se ha extendido a su liderazgo en la Arquidiócesis de Managua, cobra ahora una relevancia particular. La tradición de rotación de sacerdotes, diseñada para fortalecer el servicio y la experiencia pastoral, continúa vigente a pesar de la compleja situación que enfrenta la Iglesia bajo el gobierno de Daniel Ortega y su esposa, la Vicepresidenta Rosario Murillo.
Un comunicado oficial de la Arquidiócesis, difundido el 1 de febrero, precisó que estos cambios se realizan “teniendo presente el bien espiritual y la debida atención pastoral de las comunidades parroquiales de la Iglesia de Managua”. Este lenguaje, aunque estándar en las comunicaciones eclesiásticas, adquiere un matiz adicional al considerar las vacantes generadas por la ausencia forzada de varios sacerdotes y obispos en los últimos meses. La Arquidiócesis también extendió una invitación a todos los fieles a unirse en oración por las nuevas responsabilidades pastorales encomendadas a los sacerdotes en los municipios de Managua, Masaya y Carazo, que conforman esta provincia eclesiástica.
La necesidad de esta reestructuración se hace patente al observar el panorama actual de la Iglesia en Nicaragua. El anuncio de las nuevas misiones pastorales se produce poco después de informarse que la colecta del Miércoles de Ceniza de este año se destinará a la atención de sacerdotes ancianos y enfermos, una iniciativa que refleja el compromiso de la Iglesia con el bienestar de su clero, muchos de los cuales enfrentan condiciones de vulnerabilidad agravadas por la inestabilidad política.
**Nuevos Sacerdotes Asumen Roles Clave en un Contexto Desafiante**
Parte fundamental de esta renovación es la integración de clérigos recién ordenados en roles vitales. Los sacerdotes Kevin Francisco Mayorga, Arnold Vásquez, Evaristo Bracamonte y Milton Vivas, quienes recientemente recibieron el sacramento del orden, han sido designados como vicarios parroquiales. Sus nombramientos son cruciales para cubrir necesidades pastorales y fortalecer el tejido eclesial.
El P. Kevin Francisco Mayorga, por ejemplo, asumirá el puesto de vicario parroquial en el Santuario Cristológico Nuestro Señor de Esquipulas. Este puesto fue previamente ocupado por el P. Héctor Del Carmen Treminio Vega, quien fue detenido en diciembre de 2023 y posteriormente expulsado a Roma en enero de 2024 por el régimen de Ortega y Murillo, junto con otros obispos y sacerdotes, incluido Mons. Rolando Álvarez. De manera similar, el P. Arnold Vásquez ha sido nombrado vicario parroquial de la parroquia Nuestra Señora de las Américas, sucediendo al P. Fernando Téllez Báez, quien también fue detenido el 31 de diciembre de 2023 y expulsado del país poco después.
Estos nombramientos no solo representan un paso adelante en la carrera eclesiástica de los jóvenes sacerdotes, sino que también evidencian la necesidad de la Arquidiócesis de cubrir las plazas dejadas vacantes por aquellos que han sido forzados a salir del país o encarcelados. El P. Evaristo Bracamonte ha sido asignado como vicario parroquial en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, mientras que el P. Milton Vivas desempeñará la misma función en la parroquia Nuestra Señora de la Merced.
**Otros Cambios Estratégicos y de Liderazgo**
La reorganización del Cardenal Brenes también abarca cambios significativos en el liderazgo de los seminarios y en otras parroquias clave. El P. Hanz Bendixen, quien hasta ahora fungía como párroco de la parroquia San Ignacio de Loyola, ha sido nombrado director espiritual del Seminario Mayor La Purísima, una institución fundamental para la formación del futuro clero nicaragüense. Su anterior cargo será asumido por el P. Oswal Ramírez.
A su vez, el P. Octavio Matus ha sido designado como nuevo párroco de Santa Catalina de Alejandría, parroquia donde servía anteriormente el P. Ramírez. Otro movimiento relevante para la formación sacerdotal es el nombramiento del P. Boanerges Ruiz, ex párroco de la parroquia Señor de los Milagros, como director espiritual del Seminario Mayor La Purísima, lo que le permitirá acompañar al P. Bendixen en esta misión vital.
El P. Pedro Vado, quien era director espiritual del mencionado seminario, ha sido asignado como párroco de la parroquia San Cristóbal. Estos cambios buscan infundir nueva energía y experiencia en los centros de formación y en las comunidades parroquiales.
Un caso particularmente simbólico es el del P. Guillermo Majewski, párroco de la Inmaculada Concepción en La Concha, quien ha sido nombrado párroco de la parroquia Nuestra Señora de Candelaria. Esta última parroquia fue servida por unos siete años por el P. Mikel Salvador Monterrey Arias, quien también fue detenido y deportado a Roma por el régimen de Ortega y Murillo, en el mismo grupo que el P. Treminio Vega. Actualmente, el P. Monterrey Arias ejerce su ministerio en la Diócesis española de Coria-Cáceres, mostrando el alcance de la diáspora forzada de clérigos nicaragüenses.
Para reemplazar al P. Majewski en la parroquia Inmaculada Concepción, ha sido nombrado el P. Eliseo Vargas. Finalmente, el P. Jimmy Pavón ha sido designado rector del Santuario Mariano Nuestra Señora de Lourdes, y el P. Alfredo Hernández ha asumido la rectoría del Seminario Menor Nuestra Señora de la Asunción.
Esta vasta reorganización de la Arquidiócesis de Managua no es meramente un acto administrativo rutinario. Es una declaración de la determinación de la Iglesia Católica de Nicaragua de continuar su misión evangelizadora y pastoral, adaptándose a las circunstancias impuestas por una represión gubernamental que ha buscado silenciar y desarticular a una de las instituciones más influyentes del país. Los nombramientos y traslados reflejan la estrategia del Cardenal Brenes para asegurar la vitalidad de la Iglesia y el acompañamiento espiritual de sus fieles en tiempos de profunda incertidumbre y desafío.





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