25 marzo, 2026

En la víspera de la conmemoración de San Valentín, la Arquidiócesis Primada de México ha emitido un importante pronunciamiento sobre la naturaleza del amor y las relaciones humanas, invitando a la reflexión profunda en un tiempo marcado por la comercialización y las expectativas superficiales. A través del editorial de su semanario “Desde la Fe”, publicado el pasado 8 de febrero, la institución eclesiástica hizo un llamado a cultivar un deseo de amar auténtico, desmarcando esta búsqueda de prácticas populares o supersticiones.

El mensaje arquidiocesano critica una percepción contemporánea del “amor” que lo reduce a una “emoción pasajera”, una “afinidad momentánea” o incluso una “conveniencia cómoda”. Estas caracterizaciones, advierte la Iglesia, distan considerablemente de su comprensión fundamental. Para la doctrina católica, el amor no es un impulso efímero, sino una “decisión profunda, exigente y, paradójicamente, liberadora”, que requiere compromiso y constancia.

En un contexto cultural donde la inmediatez y lo desechable a menudo dictan los vínculos humanos —reflejado en la mentalidad de “si no me hace feliz, lo dejo”—, la Arquidiócesis Primada de México subraya la urgencia de “fortalecer los lazos”. La construcción de una relación genuina, añade, demanda ingredientes esenciales como “tiempo, silencio, escucha y constancia”, elementos que a menudo se sacrifican en la vorágine de la vida moderna.

**Más Allá de las Prácticas Populares: El Desafío de Amar**

La postura de la Iglesia se hizo especialmente enfática al abordar ciertas costumbres populares asociadas a la búsqueda de pareja. Específicamente, se desaconsejó la práctica de “poner a San Antonio de cabeza para encontrar pareja o para ‘arreglar’ la vida afectiva”. Esta tradición, arraigada en la cultura popular, ha visto cómo la devoción a San Antonio de Padua, patrono de los matrimonios, ha degenerado en actos como voltear su imagen, hacer ofrendas o escribirle cartas con la intención de “presionarlo” para obtener resultados.

La Arquidiócesis fue clara al señalar que “ningún santo, por muy ‘milagroso’ que sea, hace el trabajo que corresponde al corazón humano: aprender a amar con libertad, respeto y profundidad”. Esta declaración resalta la responsabilidad individual en el desarrollo de la capacidad de amar y la importancia de un discernimiento personal y maduro en las relaciones afectivas.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) aborda la cuestión de la superstición en su numeral 2111, definiéndola como una “desviación del culto debido al Dios verdadero”. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se otorga una importancia “mágica” a ciertas prácticas que, si bien son legítimas o necesarias dentro de la fe —como las oraciones o los sacramentales—, no deben ser vistas como mecanismos para manipular la voluntad divina o forzar outcomes.

**El Amor Según la Sagrada Escritura y el Magisterio Pontificio**

Para comprender la perspectiva eclesial sobre el amor, la Arquidiócesis recordó la profunda afirmación de la Sagrada Escritura: “Dios es amor”. Esta declaración fundamental no sugiere que Dios posea amor, sino que su esencia misma es el amor. Desde esta premisa, se entiende que amar implica participar de la naturaleza divina, trascendiendo el mero sentimiento para convertirse en un modo de ser.

El amor auténtico, según esta visión, no se agota en el entusiasmo inicial ni se sostiene únicamente en la “química” o la compatibilidad superficial. Es un compromiso que se “construye, se cuida y se renueva, incluso cuando cuesta”. En la enseñanza del Evangelio, amar significa “aprender a salir de uno mismo, a renunciar al egoísmo y a poner al otro en el centro”, una tarea que exige una constante auto-superación.

Las enseñanzas de los últimos pontífices han enriquecido esta visión teológica. El Papa Benedicto XVI, en su encíclica “Deus Caritas Est”, enfatizó que el amor cristiano no es una idea abstracta ni un sentimiento meramente privado, sino una “realidad concreta que se expresa en obras, en responsabilidad y en compromiso”. Para Benedicto XVI, el amor verdadero madura al integrar el “deseo, la razón y la voluntad”, un equilibrio entre la pasión, el discernimiento y la decisión consciente.

Por su parte, el Papa Francisco, en su exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, aterriza esta visión en la cotidianidad de la vida. Afirma que el amor “se aprende en el camino, en lo ordinario, en la paciencia diaria, en el diálogo que no huye del conflicto, en la capacidad de perdonar y volver a empezar”. Es una construcción constante, un proceso dinámico que se nutre de la realidad vivida.

Finalmente, el mensaje de la Arquidiócesis concluye recordando que Jesucristo nunca prometió relaciones exentas de dificultades. Amar como Él amó implica “entrega, servicio y, en ocasiones, cruz”. Sin embargo, este camino, aunque desafiante, conduce a una “alegría que no se agota y, sin duda, una plenitud inmensa”, ofreciendo una recompensa espiritual y emocional que supera cualquier expectativa superficial. En la celebración del amor, la Iglesia Católica de México invita a sus fieles a redescubrir la profundidad y el compromiso que esta virtud verdaderamente encarna.

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