Santo Domingo, República Dominicana – El Arzobispo Timothy Broglio, una figura eclesiástica de renombre en Estados Unidos como prelado de los Servicios Militares y expresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU., concluyó recientemente una significativa visita a Santo Domingo. Durante su estancia, que incluyó dos conferencias magistrales, Mons. Broglio ofreció un contundente mensaje centrado en la Cuaresma como un periodo de profunda conversión y compromiso con la santidad, haciendo un llamado vibrante a los fieles para impregnar el mundo con los valores del Evangelio. Su visita revivió, además, su profunda conexión con la República Dominicana y Puerto Rico, donde sirvió como Nuncio Apostólico entre 2001 y 2007.
El 18 de marzo, la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD) fue escenario de una de sus ponencias, enmarcada en el retiro espiritual “Volver el corazón a Dios”. En este evento, que contó con la participación del Arzobispo Coadjutor de Santo Domingo, Mons. Carlos Tomás Morel Diplán, Broglio enfatizó la esencia transformadora de la Cuaresma. Su discurso delineó la Cuaresma no solo como un tiempo litúrgico, sino como una oportunidad crucial para una renovación espiritual integral.
“Si organizamos nuestro interior, priorizamos nuestro compromiso de reflejar la vida divina e irradiamos la esencia del Evangelio al mundo, invitamos sutilmente a otros a descubrir al Señor y su llamado a la santidad. De esta manera, también podríamos abrir la puerta a la paz”, afirmó Mons. Broglio. Esta declaración subraya la interconexión entre la vida espiritual individual y su impacto en el entorno social, sugiriendo que la auténtica evangelización surge de una vida coherente y ejemplar.
El prelado destacó que la Cuaresma constituye un “llamado ineludible a la conversión y a la apertura a la Buena Nueva”. Subrayó que, si bien cada persona puede elegir cómo responder, la vocación a la santidad es universal para los bautizados. Es un período propicio, añadió, para intensificar la oración por aquellos que aún no han escuchado o acogido este llamado. Mons. Broglio recordó que los pilares tradicionales de la Cuaresma —el ayuno, la oración y la caridad— son medios efectivos para el crecimiento espiritual. No obstante, también los presentó como ocasiones idóneas para una “catequesis silenciosa”, donde el testimonio de vida en este tiempo especial puede comunicar verdades profundas sin necesidad de palabras.
Profundizando en el amor fraterno, el arzobispo Broglio explicó que este no es un producto del esfuerzo humano natural, sino que requiere una transformación radical del corazón egoísta. De esta metamorfosis, argumentó, “nace de forma espontánea la súplica: ‘Jesús, haz nuestro corazón semejante al tuyo'”. Esta frase encapsula la esencia de la conversión cristiana: una búsqueda de alineación con el amor divino.
Más adelante en su intervención, Mons. Broglio remarcó la importancia de las Sagradas Escrituras como guía fundamental para la vida cristiana. Instó a los fieles a emplear su “creatividad y carismas” para colaborar activamente en la obra de Dios, y a usar las Escrituras para “reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta”. Además, recordó el mensaje cuaresmal del Santo Padre, que alienta a apartarse de las palabras que agreden, sugiriendo que seguir esta recomendación permitiría que “muchas palabras de odio den paso a palabras de esperanza y paz”, facilitando la evangelización.
Un aspecto particularmente impactante y crucial de la conferencia de Mons. Broglio fue su advertencia sobre la existencia del infierno. El prelado señaló que “la Buena Noticia incluye la consecuencia de no escuchar ni interiorizar el mensaje del Evangelio. Hay castigo. El infierno existe”. Criticó una tendencia contemporánea, observada tanto en círculos católicos como protestantes, que sostiene que el infierno está “prácticamente o completamente vacío”, asumiendo que “todos o prácticamente todos los seres humanos vivirán para siempre en perfecta felicidad, independientemente de si alguna vez abrazaron a Cristo o eligieron obedecer sus enseñanzas”.
Esta visión, alertó el arzobispo, “es problemática porque niega la imagen clara del capítulo 25 del Evangelio de San Mateo, donde Jesús nos dice explícitamente que nuestras acciones y pensamientos tienen consecuencias eternas”. Broglio reafirmó que ser cristiano implica proclamar y vivir el Evangelio en su totalidad, reconociendo tanto la promesa de salvación como las ramificaciones de la no-conversión.
Empleando una poderosa analogía, Mons. Broglio invitó a los presentes a “soplar sobre las brasas brillantes para encender una llama más fuerte” de fe. Este acto, dijo, es un “inmenso gesto de caridad” al ayudar a otros en su camino hacia la vida eterna. “Debemos animarlos y encenderlos con celo en su peregrinación a la plenitud de la vida”, exhortó. También promovió un “ayuno de la lengua”, pidiendo la fuerza para disminuir las palabras que dividen y aumentan el espacio para la voz de los demás, fomentando así un diálogo más constructivo y compasivo.
Para concluir su ponencia en la UCSD, el prelado animó a un compromiso decidido “para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos e inteligentes para contribuir a edificar la civilización del amor”.
Por la tarde del mismo 18 de marzo, Mons. Broglio se trasladó al Colegio Santa Teresita, también en Santo Domingo, para ofrecer otra conferencia titulada “Bautizados para vivir la fe, en renovado testimonio de misión eclesial, para que todos tengan vida abundante en Jesucristo”. Este evento fue organizado por la Diócesis de Stella Maris, la diócesis más joven de la República Dominicana. En esta ocasión, el arzobispo Broglio reiteró su llamado a una vivencia cuaresmal intensa y expresó su gratitud al obispo local, Mons. Manuel Ruiz. Compartió su alegría por regresar a un país que, según sus palabras, “lleva muy cerca de su corazón”, en alusión a sus siete años de servicio como nuncio apostólico en la nación caribeña.
La visita de Mons. Timothy Broglio dejó en la República Dominicana un mensaje claro y desafiante: la Cuaresma es un periodo esencial para la introspección, la conversión genuina y el reavivamiento de la fe, que debe traducirse en acciones concretas de evangelización y caridad. Su insistencia en la totalidad del mensaje evangélico, incluyendo las verdades fundamentales sobre las consecuencias eternas, invita a una reflexión profunda sobre la autenticidad del compromiso cristiano en el mundo contemporáneo.




