26 marzo, 2026

Washington D.C. – Mons. Paul S. Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), ha emitido un llamado urgente a los fieles de todo el país para participar en una Hora Santa por la Paz. La iniciativa de oración, anunciada el 28 de enero, surge como una respuesta directa al complejo panorama social actual, marcado por un “clima de miedo y polarización” que, según el arzobispo, se agrava cuando se desestima la dignidad fundamental de la persona humana.

En su comunicado, dirigido a aquellos que se sienten abrumados por la escalada de violencia, las injusticias sistémicas y la perturbación social, el líder eclesial enfatizó la trascendencia de la fe personal y la acción colectiva. “Su fe importa. Sus oraciones importan. Sus actos de amor y obras de justicia importan”, afirmó Mons. Coakley, buscando infundir esperanza y propósito en un momento de desasosiego generalizado. Aclaró que el ambiente de temor y división que actualmente permea la sociedad, y que se intensifica al ignorar la dignidad inherente de cada ser humano, se distancia significativamente de los ideales y principios establecidos por Cristo en el Evangelio.

La preocupación del arzobispo se enmarca en un periodo de notable tensión en Estados Unidos, donde las operaciones de aplicación de la ley migratoria han experimentado una intensificación. Esta situación ha conllevado un aumento en las detenciones de inmigrantes, generando focos de violencia en algunos procedimientos policiales y provocando un considerable número de protestas ciudadanas a lo largo del país. Particularmente, la ciudad de Minneapolis ha sido escenario de un conflicto agudo, donde operativos a gran escala han desembocado en incidentes violentos, tragedias con víctimas mortales y la posterior suspensión e investigación de agentes policiales implicados.

Mons. Coakley propuso la Hora Santa como “un paso crucial hacia la sanación”. Invitó a obispos y sacerdotes en cada diócesis y parroquia a ofrecer este tiempo de oración y adoración en los días siguientes al comunicado. El objetivo central de esta convocatoria es suplicar por la reconciliación nacional, la instauración de una justicia equitativa y el ofrecimiento de consuelo espiritual a todas aquellas personas que viven sumidas en el miedo, el dolor o la incertidumbre debido a las circunstancias actuales. La Iglesia, a través de esta acción, busca ser un faro de esperanza y un espacio de encuentro con la trascendencia en medio de la adversidad.

El prelado aprovechó la ocasión para expresar su gratitud por “las incontables maneras” en que tanto los católicos como individuos de diversas convicciones religiosas o humanistas continúan dedicándose al servicio del prójimo y trabajando incansablemente por la paz y la justicia. Destacó ejemplos palpables de esta labor, como la provisión de alimentos para los hambrientos, la acogida de los forasteros y migrantes, el cuidado compasivo de los enfermos y el acompañamiento solidario de quienes sufren soledad o marginación. Con convicción, subrayó que “ninguna obra de misericordia ni acto de justicia es en vano ante los ojos de Dios”, reforzando la idea de que cada gesto de bondad tiene un valor eterno y un impacto significativo.

En su reflexión, el arzobispo Coakley no eludió la compleja relación entre la ley y la moralidad. Si bien reconoció la importancia de respetar las leyes vigentes, enfatizó que “las obras de misericordia, la asamblea pacífica y el cuidado de las personas en nuestra comunidad son signos de esperanza y construyen la paz con mayor certeza que la ira o la desesperación”. Esta declaración subraya la visión de la Iglesia de que la construcción de una sociedad justa y pacífica va más allá del mero cumplimiento legal, e implica un compromiso activo con el amor, la compasión y la solidaridad. Citando el Evangelio, recordó que incluso “un vaso de agua fría” ofrecido en nombre de Cristo no quedará sin recompensa (cf. Mt 10,42), un mensaje que busca inspirar la generosidad y el altruismo en los fieles.

El líder de la USCCB también lamentó profundamente los recientes episodios de violencia que han conmovido a la nación. Hizo alusión específica a la muerte de dos personas durante operativos de agentes de inmigración en Minneapolis, así como al fallecimiento de un hombre que se encontraba bajo detención en Texas. Estos incidentes, aseveró, son “trágicos ejemplos de la violencia que representa el fracaso de nuestra sociedad en respetar la dignidad de toda vida humana”. La USCCB, a través de la voz de su presidente, expresó un sentir de luto colectivo, manifestando: “Experimentamos duelo ante esta pérdida de vidas y deploramos la indiferencia y la injusticia que representa”. Esta afirmación no solo es una expresión de dolor, sino también una condena a la falta de empatía y a las estructuras que perpetúan la inequidad.

Con un llamado a la acción y a la reflexión espiritual, Mons. Coakley animó a todos los católicos a participar activamente en la Hora Santa por la Paz. Invitó a buscar momentos de adoración y oración, ya sea en las parroquias y capillas locales, o de manera personal “ante la presencia del Señor”. El propósito de estas oraciones es rogar por la sanación profunda de la nación y de las comunidades locales, reconociendo que la transformación social comienza en el corazón de cada individuo.

Finalmente, el arzobispo articuló la visión y la aspiración de este encuentro de fe: “Que esta Hora Santa sea un momento de renovación para nuestros corazones y para nuestra nación. Confiando nuestros miedos y esperanzas al Sagrado Corazón de Jesús, pidamos al Señor que nos convierta en instrumentos de su paz y testigos de la dignidad inherente de cada persona”. Concluyó su mensaje con una nota de profunda fe y esperanza, invitando a orar con la certeza inquebrantable de que “Dios escucha el clamor de su pueblo y permanece cerca de todos los que lo buscan”, reafirmando la creencia en la constante presencia y misericordia divina en tiempos de necesidad.

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