Barquisimeto, Venezuela – La multitudinaria procesión de la Divina Pastora, una de las manifestaciones de fe mariana más concurridas del mundo, fue el escenario para un contundente llamado a la conciencia nacional por parte de Monseñor Polito Rodríguez, Arzobispo de Barquisimeto. En su homilía del pasado 14 de enero, el líder eclesiástico no solo impartió un mensaje espiritual, sino que también abordó críticamente la situación socio-política de Venezuela, instando a superar la arraigada cultura de la corrupción y demandando la inmediata liberación de todos los detenidos por motivos políticos.
Durante la eucaristía que antecede la histórica salida de la imagen de la Virgen desde Santa Rosa hasta Barquisimeto, Monseñor Rodríguez lamentó cómo la corrupción se ha incrustado en el tejido social venezolano. “Por décadas, la corrupción ha permeado cada aspecto de nuestra existencia: familias, instituciones, economía y política. Esta erosión ética y moral ha generado una descomposición que nos impacta a todos,” expresó el arzobispo, subrayando la urgencia de revertir esta tendencia para la reconstrucción del país.
El prelado también advirtió sobre la sutil naturaleza del mal, que a menudo se disfraza de bien para sembrar división y destrucción, socavando las relaciones humanas y la estabilidad social. Hizo un firme llamado a la ciudadanía a no caer en la resignación frente a cualquier forma de injusticia que atente contra la dignidad humana y los derechos fundamentales. Entre estos, enfatizó el derecho a la vida, la libertad de expresión, el derecho al sufragio y otras garantías civiles y políticas esenciales para una sociedad democrática.
En un pronunciamiento de especial resonancia política, Monseñor Rodríguez elevó una plegaria por todas las personas privadas de libertad y sus familias. Si bien reconoció y aplaudió las recientes excarcelaciones, fue enfático al señalar que “aún faltan muchos otros cuyo clamor –y el de sus seres queridos– no puede seguir siendo ignorado.” El arzobispo calificó la pronta liberación de estos detenidos como un “gesto indispensable de reconciliación y justicia,” posicionando a la Iglesia venezolana como una voz activa en la búsqueda de soluciones a la crisis humanitaria y política.
Este llamado se enmarcó en una semana marcada por el tema de las liberaciones en Venezuela. Días antes, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, había afirmado que cerca de 400 personas habían sido puestas en libertad en los últimos días, presentándolo como una “acción unilateral” del gobierno. Sin embargo, estas liberaciones se producen tras persistentes demandas de funcionarios estadounidenses, incluyendo la administración de Donald Trump, que exigieron la excarcelación de más de 800 individuos considerados detenidos por razones ideológicas. La discrepancia en las cifras es notable: organizaciones no gubernamentales como Foro Penal habían registrado, hasta el martes previo, solo 56 liberaciones confirmadas, una cifra muy inferior a la anunciada oficialmente, aunque se reportaron más excarcelaciones en la mañana del mismo 14 de enero.
El Arzobispo de Barquisimeto también dedicó palabras de cercanía y solidaridad a los millones de venezolanos que se han visto forzados a emigrar en busca de mejores oportunidades, a quienes sufren hambre y escasez, y a las víctimas de la violencia en todas sus manifestaciones. Recordó con particular dolor a aquellos que perdieron la vida en los eventos trágicos del 3 de enero, reforzando la inviolabilidad y sacralidad del derecho a la vida. Su mensaje fue un recordatorio de que la libertad inherente a los hijos de Dios debe ser defendida, rechazando cualquier forma de idolatría que pueda desviar el camino.
Monseñor Rodríguez articuló una visión de reconciliación auténtica para Venezuela, una que solo puede alcanzarse, según su criterio, a través de la contemplación de la Santísima Virgen. Una sociedad donde “todos tengan cabida, donde cada uno pueda aportar y expresarse sin temor” fue el ideal que presentó, instando a todos los venezolanos, sin importar su condición o cargo, a sumarse activamente a la reconstrucción del país. Hizo hincapié en la “corresponsabilidad” de cada ciudadano en la edificación del bien común y el desarrollo humano integral. De manera crítica, el arzobispo señaló la lamentable tendencia de que “otros actores hayan asumido en los últimos años lo que a nosotros como ciudadanos nos corresponde en primera persona” en la construcción y custodia de la soberanía nacional, llamando a una mayor participación cívica.
La devoción a la Divina Pastora, que este año nuevamente congregó a millones, tiene profundas raíces históricas en Barquisimeto. Su origen se remonta a 1740, cuando un vicario parroquial, el Padre Sebastián Bernal, encargó una escultura de la Inmaculada Concepción, recibiendo por error la imagen de la Divina Pastora. El intento de devolverla fue infructuoso, ya que la imagen se volvió inamovible, un hecho interpretado como un milagro y una señal divina de que la Virgen deseaba permanecer en el pueblo. La devoción se consolidó durante la epidemia de cólera de 1855, cuando el heroico Padre Macario Yépez ofreció su vida a cambio del cese de la enfermedad. Según la tradición, la epidemia disminuyó notablemente después de su sacrificio, y aunque él mismo falleció de fiebre tifoidea en 1856, su legado selló la tradición de la procesión anual desde Santa Rosa hasta la capital larense, convirtiéndola en un símbolo de fe, esperanza y, hoy más que nunca, de un llamado a la justicia y la reconciliación en Venezuela.





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