27 febrero, 2026

El Venerable Arzobispo Fulton Sheen, una figura emblemática que marcó un antes y un después en la evangelización a través de los medios masivos, avanza firmemente hacia la santidad. El Vaticano ha confirmado recientemente que su proceso de beatificación, el segundo de los tres pasos principales hacia la canonización, proseguirá tras una pausa de seis años. Este anuncio revitaliza la esperanza de que uno de los evangelizadores más influyentes de Estados Unidos pueda ser elevado a los altares.

Nacido como Peter John Sheen en El Paso, Illinois, en 1895, adoptó más tarde el apellido de soltera de su madre, “Fulton”, que lo acompañaría a lo largo de su distinguida carrera. Sus primeros años estuvieron marcados por una sólida formación académica y espiritual. Tras estudiar en escuelas parroquiales en Peoria y en St. Viator’s College, fue ordenado sacerdote en la Diócesis de Peoria en 1919. Su sed de conocimiento lo llevó a profundizar sus estudios en The Catholic University of America en Washington, D.C., y posteriormente en la prestigiosa Universidad de Lovaina en Bélgica, donde obtuvo su título como profesor asociado de filosofía en 1925.

Durante más de dos décadas, de 1927 a 1950, Sheen se dedicó a la docencia de teología y filosofía en The Catholic University of America, la única universidad pontificia de Estados Unidos. Fue un prolífico escritor, con más de 60 libros en su haber, la mayoría de ellos publicados durante su etapa como profesor. Su intelecto agudo y su capacidad para desentrañar conceptos teológicos complejos en un lenguaje accesible le valieron el apodo de “un Santo Tomás de Aquino moderno” por parte de expertos como Peter Howard, fundador del Fulton Sheen Institute. Sheen tenía una clara misión: comprender la mentalidad del mundo moderno y ofrecer respuestas a sus desafíos desde la riqueza de la enseñanza de Santo Tomás de Aquino.

La verdadera notoriedad de Sheen, sin embargo, se forjó en los incipientes medios de comunicación del siglo XX. En 1930, lanzó “Catholic Hour” en la cadena NBC, un programa dominical de radio que llegó a cautivar a cuatro millones de oyentes. Su incursión en la televisión fue igualmente pionera: el Domingo de Pascua de 1940, participó en la primera transmisión televisiva de un servicio religioso católico en el mundo. Pero fue su programa televisivo “Life Is Worth Living”, en la década de 1950, el que lo catapultó al estrellato, atrayendo a una audiencia de hasta 30 millones de espectadores. Este éxito lo convirtió en una personalidad galardonada, recibiendo incluso un Premio Emmy Primetime en 1953.

Monseñor Jason Gray, director ejecutivo de la Archbishop Fulton John Sheen Foundation, lo ha calificado como “el evangelizador más poderoso y eficaz de Estados Unidos”. Su carisma y su enfoque indirecto, que conectaba experiencias cotidianas con verdades divinas, le permitieron trascender las barreras confesionales. Sheen no solo atraía a católicos, sino también a protestantes y judíos, contribuyendo significativamente a disipar el fuerte sesgo anticatólico imperante en la cultura estadounidense de su tiempo.

A la par de su meteórica carrera mediática, Sheen también ascendió en la jerarquía eclesiástica. En 1951 fue nombrado obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Nueva York. Más tarde, en 1966, asumió como obispo de Rochester, Nueva York, y en 1969 fue designado arzobispo de la sede titular de Newport, Gales. Participó activamente en el Concilio Vaticano II como miembro de la Comisión de Misiones y trabajó incansablemente para implementar sus reformas en su diócesis de Rochester. Su postura, sin embargo, a menudo se situaba en un punto medio: “no era lo suficientemente liberal para los liberales ni lo suficientemente conservador para los conservadores”, según Gray.

La visión de Sheen sobre los desafíos de su época era notablemente profética. Se opuso firmemente al comunismo, al mismo tiempo que advertía sobre los peligros del capitalismo si deshumanizaba al individuo, reduciendo su valor a la mera capacidad de producción. Su “tercera vía” buscaba elevar la discusión política y social hacia lo divino, ofreciendo un camino que trascendía las dicotomías de izquierda y derecha. “Comprendía los fundamentos filosóficos del mundo moderno que eran anti-Dios, anti-familia y anti-humanos”, señaló Peter Howard, destacando la asombrosa actualidad de sus enseñanzas y previsiones culturales.

Detrás de su fama y su elocuencia en los medios, existía un “secreto” que alimentaba su ministerio: una profunda vida de oración. Sheen mantenía una hora santa diaria ante Jesús Sacramentado, donaba todo su salario a las misiones y cultivaba una relación filial con la Virgen María, a quien su madre lo consagró de niño y él mismo reafirmó en su primera comunión. Su obra “The World’s First Love” es considerada una de las contribuciones más profundas al estudio mariológico. Este compromiso espiritual inquebrantable le permitió mantener la perspectiva en medio del éxito y predicar “lo que las personas necesitaban escuchar” en lugar de solo “lo que querían oír”.

La relevancia de Sheen perdura hoy. Su capacidad para comunicar el Evangelio en un lenguaje comprensible y su perspicacia para abordar los problemas culturales lo convierten en un modelo para los evangelizadores contemporáneos. Si es canonizado, el Arzobispo Fulton Sheen se unirá a un selecto grupo de santos nacidos en Estados Unidos, como Santa Elizabeth Ann Seton, Santa Katharine Drexel y Santa Kateri Tekakwitha. Su vida culminó el 9 de diciembre de 1979, a los 84 años, mientras rezaba frente a la Eucaristía en su capilla privada, un testimonio final de la devoción que definió su existencia y su legado.

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