28 marzo, 2026

En un mensaje contundente resonado desde la histórica Catedral Primada de América, el Arzobispo Coadjutor de Santo Domingo, Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, hizo un enérgico llamado a la defensa inquebrantable de la vida humana. La significativa intervención tuvo lugar el 25 de marzo, fecha que anualmente conmemora la Solemnidad de la Anunciación del Señor y, de forma particular en República Dominicana, el Día del Niño por Nacer.

Ante una nutrida congregación de fieles que se dieron cita en el corazón de la capital dominicana, Monseñor Morel Diplán subrayó la doctrina fundamental de la Iglesia Católica: “la vida es un don precioso de Dios y, como tal, no podemos claudicar en su defensa”. El prelado enfatizó que la existencia humana no es propiedad de ningún individuo, sino que su autoría recae exclusivamente en la divinidad. Esta perspectiva teológica fundamenta la postura de la Iglesia respecto al valor intrínseco de cada persona, desde el momento de su concepción hasta su fin natural.

El Arzobispo dirigió una exhortación especial a las mujeres embarazadas, instándolas a “otorgar la oportunidad de nacer a la criatura que Dios les ha confiado”. Hizo un llamado a la conciencia sobre el compromiso inherente de salvaguardar este “maravilloso don” que reside en el vientre materno, remarcando la responsabilidad moral y espiritual que conlleva la maternidad y paternidad, y el deber de la sociedad de apoyar y proteger a la madre y al niño.

La homilía del 25 de marzo, día en que la Iglesia universal celebra la Anunciación del Señor, sirvió como marco perfecto para reflexionar sobre el encuentro trascendental entre Dios y la Virgen María. Monseñor Morel Diplán invitó a la audiencia a emular la “mirada de Dios”, caracterizada por el respeto, la ternura y la atención hacia el prójimo, en contraposición a las actitudes de indiferencia o juicio que a menudo prevalecen en la sociedad contemporánea. Recordó que Dios ve con amor incondicional, una visión que invita a la misericordia y la comprensión mutua.

De igual forma, el líder eclesiástico abordó la trascendencia del lenguaje, contrastando la forma en que Dios se comunica —proponiendo, no imponiendo, con amor, respeto y ternura— con el uso humano de las palabras, que frecuentemente se emplean para herir, destruir o humillar. “Dios utiliza la palabra para construir, para crear, para dar vida”, puntualizó el Arzobispo, resaltando la capacidad constructiva del diálogo fundamentado en principios cristianos y la importancia de la comunicación que edifica en lugar de desintegrar.

El mensaje del Arzobispo trascendió lo personal para abordar las problemáticas globales que amenazan la dignidad de la vida. Hizo referencia a la persistencia de “historias de ambición, poder y violencia”, que no solo deterioran la vida humana, sino que también afectan la integridad de la creación. Monseñor Morel Diplán lamentó la “pérdida de sensibilidad ante el valor supremo de la vida”, una situación que, a su juicio, se manifiesta en conflictos bélicos y tragedias donde “parece importar más el poder o los intereses económicos que la vida humana”. Con firmeza, el líder eclesiástico sentenció: “Hoy vemos guerras, muertes, conflictos, y muchas veces parece que importa más el poder o los intereses económicos que la vida humana. Se habla de recursos, pero no de las personas que mueren. Por eso debemos decir con fuerza: ¡basta ya de muerte!”. Este pronunciamiento subraya la urgencia de reorientar las prioridades sociales hacia la protección y promoción de la existencia humana.

El Arzobispo resaltó la figura de la Virgen María como modelo de escucha y acogida al mensaje divino. Su “sí” incondicional al plan de Dios, cuando se le anunció que sería la Madre del Salvador, contrasta con la “incapacidad de escuchar a Dios” que, según Monseñor Morel, aqueja a la sociedad contemporánea, abrumada por el ruido, las distracciones y la indiferencia. “Necesitamos abrir nuestros oídos nuevamente, como María, para acoger el mensaje de vida, esperanza y salvación”, instó el prelado, enfatizando la necesidad de una profunda reflexión espiritual y de volver a conectar con los valores esenciales.

La jornada del 25 de marzo también sirvió de escenario para las acciones del movimiento “40 Días por la Vida”. Este grupo, conocido por su activismo provida, llevó a cabo una vigilia de oración en los alrededores de la Catedral Primada de América, como parte de su campaña de Cuaresma. Dicha iniciativa, que busca concienciar sobre el derecho a la vida desde la concepción, culminará el próximo 29 de marzo, coincidiendo con el Domingo de Ramos, en la parroquia Divina Providencia, marcando una etapa importante en su calendario de movilización.

La República Dominicana fue pionera en la región al establecer, en el año 2001, el “Día del Niño por Nacer”. Esta fecha busca concienciar a la población sobre la dignidad y el derecho a la vida desde la concepción, promoviendo una cultura de respeto hacia los no nacidos. Como testimonio tangible de este compromiso, a las afueras de la Catedral se erige un monumento, inaugurado tras la promulgación de la ley, que representa unas manos sosteniendo un feto, acompañado de una cita de la encíclica “Evangelium Vitae” (El Evangelio de la Vida) del Papa San Juan Pablo II, un documento fundamental en la defensa de la vida humana y la bioética.

El mensaje de Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, en el cruce de estas significativas conmemoraciones, reafirma el compromiso irrenunciable de la Iglesia Católica dominicana con la defensa de la vida en todas sus etapas. Subraya la necesidad imperante de una sociedad que valore, respete y proteja este don divino, y que promueva una cultura de la vida frente a las crecientes amenazas de la indiferencia y la violencia. La arquidiócesis de Santo Domingo, a través de sus líderes, continúa siendo una voz activa en la protección de los más vulnerables.

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